Haití procura volver a la normalidad

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29 de abril de 2004  

En Haití, ahora de la mano de Gérard Latortue, el recuerdo de la administracion de Jean-Bertrand Aristide parece haber empezado a quedar atrás, pese a que la aparente intimidad del nuevo gobierno con algunas figuras bastante cuestionadas del último período militar esté generando en la comunidad internacional algún grado de indisimulada preocupación.

Pero lo cierto es que la "familia Lavalas", que Aristide había creado, va perdiendo presencia cada día más en el país caribeño. Después de haber dilapidado lo poco que quedaba de su país, un fracasado Aristide vive ahora en el exilio y está siendo investigado.

Las próximas elecciones haitianas se avizoran sólo para dentro de doce meses. Entretanto, las Naciones Unidas están por enviar ya una nueva misión de paz, que no sólo se ocupará de mantener la seguridad -hoy sustancialmente en manos de las fuerzas norteamericanas, que han desembarcado en Haití por tercera vez en menos de un siglo-, sino que deberá realizar un nuevo e importante intento de "reconstruir" Haití. La Argentina debería, en la medida de sus posibilidades, participar de éste, con la generosidad que ha sido siempre tradicional.

Haití, el segundo país de nuestro hemisferio en declararse independiente, precedido solamente por los Estados Unidos, y que por eso mismo lleva ya nada menos que dos siglos de ininterrumpida vida independiente sobre sus hombros, no ha podido, sin embargo, encontrarse aún con su destino. De ahí que la enorme mayoría de su gente viva sumergida en la miseria. Latortue, paso a paso, ha comenzado a desarmar la estructura perversa organizada por Aristide. En este sentido, el premier haitiano acaba de anunciar que su país desistirá del juicio por daños y perjuicios contra Francia -promovido por su predecesor-, en el que se reclamaba una compensación que era, en rigor, la devolución del importe pagado por Haití a Francia en 1804 (entonces, unos noventa millones de francos-oro) por las pérdidas sufridas por los inversores franceses en Haití al tiempo de proclamarse la independencia, como corolario de lo que fue la primera revuelta exitosa de esclavos de raza negra. Para Latortue se trataba de un reclamo de color político, de características que lindaban con lo ridículo. De allí la mencionada decisión, que testimonia el claro deseo de volver a la normalidad.

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