Historia antigua

Pablo Gianera
Pablo Gianera LA NACION
Edición fotográfica: Dante Cosenza
Edición fotográfica: Dante Cosenza Fuente: AFP - Crédito: Ozan Kose
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11 de septiembre de 2019  

ESTAMBUL.- La historia (es Historia con mayúsculas) tiene un efecto abrasivo incluso en aquello que parece lo contrario de ella: la naturaleza. Aunque persista intacta, la naturaleza no se contempla nunca más del mismo modo a medida que la historia sigue su curso. Oscar Wilde lo dijo de una manera justamente inolvidable: la naturaleza imita al arte (y no hay arte sin historia). Bizancio, Constantinopla, Estambul, son diversos modos de nombrar (casi) el mismo territorio, uno de los corazones de la Historia de Oriente y de Occidente. No conoceremos nunca el paisaje de Bizancio; tampoco el hombre que mira otros techos y el mismo cielo, que tampoco puede ver ya igual. Pero esos agujeros son antiguos. Cambian los materiales, y la rotura siempre se impone. Que la destrucción fuera necesaria o no, pertenece a la Historia. Y no es un secreto que todo es necesario según sus leyes.

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