Horas de incertidumbre

La región vivirá su período más difícil desde la ola de reformas liberales inaugurada en la última década
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23 de diciembre de 2001  

LONDRES

Será un año de presagios en América latina, el período más difícil desde la ola de reformas liberales inauguradas en la región a mediados de la década de 1980-1990. Dos aspectos predominarán: uno es el espectro de una recesión de alcances regionales y la continua amenaza de una debacle financiera en la Argentina; el otro, las elecciones presidenciales de Brasil, en octubre, que podrían exhibir un cambio hacia la izquierda en el país más grande de la región. No habrá una retirada integral de la democracia o de la economía de mercado. Pero habrá un encarecimiento serio en favor del nacionalismo económico y de una mayor confianza en la política industrial.

Eso sería una reacción en defensa propia: la crónica vulnerabilidad de América latina ante los sucesos externos castigará a la región una vez más. Una economía mundial menos dinámica junto con la persistente fragilidad en las finanzas de los mercados emergentes afectó seriamente a la región en este año, interrumpiendo el impresionante crecimiento de México en sus transacciones y paralizando una prometedora recuperación en muchos partes de América del Sur cuando apenas comenzaban a levantarse.

Con una visión optimista, América latina podría ver un crecimiento económico entre el 1 y el 2 por ciento en el 2002, es decir levemente por encima del 1por ciento del año precedente. Eso podría implicar una acelerada recuperación para el 2003. Pero la situación también podría ser mucho peor si es que depende del exterior. Una recesión mundial implicaría más bajos precios para las exportaciones de productos latinoamericanos, incluso del petróleo que mantuvo en una razonable prosperidad a países como Venezuela y Ecuador en el 2001. México resultaría especialmente afectado ya que los Estados Unidos adquieren casi las nueve décimas partes de las exportaciones aztecas de crudo.

Un default argentino repercutiría negativamente en la ya debilitada moneda de Brasil, con el consiguiente riesgo de retorno a la inflación.

Esa es sólo una de las muchas incertidumbres que rodean la campaña electoral en Brasil. Durante ocho años de reformas liberales bajo Fernando Henrique Cardoso, Brasil derrotó la inflación y materializó progresos en la enseñanza y en la distribución de las tierras. Pero el crecimiento económico sostenido se muestra esquivo, la pobreza subsiste en amplias zonas y las privatizaciones imperfectas dieron lugar recientemente a un racionamiento de la electricidad. Una declinación en las inversiones del exterior se traduciría en reducción del crédito para los consumidores. De ahí que Cardoso no esté nada convencido de que lo suceda en el cargo su candidato.

Serán unas elecciones abiertas, en las que puede triunfar cualquiera de los tres candidatos. Luiz Inacio "Lula" da Silva, del izquierdista Partido de los Trabajadores, que por cuarta vez intenta llegar a la presidencia, realizará su campaña más agresiva desde 1999, y podría ganar. Lula, un ex obrero de la industria automotriz y dirigente sindical, es más moderado que en el pasado y de todas maneras tendrá que hallar aliados en el centro para lograr mayoría parlamentaria. No tratará de instaurar un socialismo genuino, pero sus alusiones a la renegociación de la deuda inquietan a los inversores.

Otro tanto ocurre con Ciro Gomes, un populista inveterado. El tercero en discordia es el candidato de Cardoso. Pero ¿quién ha de ser? No Roseanna Sarney, gobernadora de uno de los Estados del noreste e hija de un ex presidente, que podría aspirar a la vicepresidencia. La nominación parece recaer entre dos hombres. José Serra, el ministro de Salud, es un socialdemócrata, pero no se ha revelado de mucho empuje en la campaña. Después está Tasso Jercissati; tres veces gobernador del estado de Ceará, en el noreste, está relacionado con los selectos círculos comerciales de San Pablo.Y podría determinar que Gomes, también de Ceará, saliera de la contienda puesto que ambos son amigos personales.

Las elecciones pueden circunscribirse a una dilucidación entre Lula y el candidato del oficialismo. El gobierno podría verse favorecido si un benigno meteoro, El Niño, originase abundante precipitación pluvial en el centro de Brasil, llenando las represas, lo que permitiría dejar sin efecto el racionamiento de electricidad.

Año de elecciones

Otros cuatro países irán a las urnas para elegir al presidente en 2002. Ello va a significar que esta región del mundo, pese a todos sus serios problemas, está defendiendo su democracia, su libertad de expresión y relativa apertura de la economía. Sería decepcionante que todos esos progresos, todavía inexistentes en muchas partes del mundo en desarrollo, no se traduzcan en el año próximo en un mayor bienestar económico. El pueblo de América latina no va a ser más rico. Las elecciones en Colombia serán observadas muy de cerca. Habiendo adoptado el dólar, Ecuador se constituyó en la sorpresa económica de la región en este año, con un crecimiento del 4 por ciento al salir de la hiperinflación. Al presidente Gustavo Noboa, un profesor de derecho independiente, podría sucederlo un político de la vieja guardia, ya sea Rodrigo Borja, un socialdemócrata de Quito, la capital montañesa, o León Febres Cordero, un conservador populista de la ciudad portuaria de Guayaquil. Ambos han sido presidentes. Un tercer contendiente es Alvaro Noboa, un magnate bananero con posibilidades electorales.

En Bolivia, otros dos ex presidentes buscarán su retorno al poder. Jaime Paz Zamora tiene el apoyo del joven presidente interino Jorge Quiroga. Gonzalo Sánchez de Losada es uno de los reformistas más innovadores de América latina. Puede captar votantes con el recuerdo del crecimiento económico registrado bajo su mandato. Pero como ninguno de los dos va a ganar por la mayoría requerida, la elección la decidirá el Congreso, donde Paz cuenta con más aliados.

En Costa Rica, un país pequeño pero próspero, es probable que los votantes elijan a Abel Pacheco, una popular personalidad de la televisión. Pertenece al gobernante Partido Social-Cristiano, aunque ganó la nominación haciendo campaña contra la jerarquía del partido. Proyecta abandonar los tímidos esfuerzos actuales hacia la privatización y la reforma estructural. Tendrá que librar una ardua contienda contra Rolando Araya, de la oposición Social-Demócrata.

Jamaica celebrará elecciones en la primera mitad del año. La campaña podría verse empañada por la violencia. El Jamaica Labour Party, de oposición, conducido por Eddie Seaga, un veterano ex primer ministro, debería presumiblemente triunfar. Pero, en una carrera muy reñida, el People`s National Party, en el gobierno, podría pisarle los talones, gracias al resurgimiento de la economía y a la sagacidad electoralista de P.J. Patterson, el primer ministro.

En todas partes, los gobiernos tratarán de capear la tormenta económica. En México, la popularidad del presidente Vicente Fox vacilará, especialmente si no consigue la sanción de leyes esenciales a través de un Congreso dominado por la oposición. En Venezuela, el presidente Hugo Chávez, va a ser menos popular con la economía en declinación, pero no le aguardan desafíos de consideración.

Los latinoamericanos insistirán en sus aspiraciones de libre comercio –y en sus quejas contra el proteccionismo agrícola– en una conferencia cumbre entre los líderes de la región y los de la Unión Europea, que tendrá lugar en la capital de España, en mayo. Fox debutará en el papel de líder más influyente de América latina, que hasta hace poco tiempo ostentaba el presidente Cardoso, de Brasil.

El autor es el redactor de asuntos americanos en "The Economist".

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