Huérfanos digitales

Claudio Romero
Claudio Romero PARA LA NACION
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27 de noviembre de 2018  • 22:59

El "grooming" escala a niveles insostenibles en todos los países del mundo y convierte a niños y adolescentes en huérfanos virtuales que en su inocencia e ingenuidad, y generalmente a espaldas de sus padres, caen en las redes de perversos delincuentes, secuestradores y promotores de la pornografía infantil internacional.

La brecha generacional y la aparición de aplicaciones tecnológicas usadas en celulares y computadoras han generado una grieta familiar donde muchas veces la ignorancia de los padres sobre su uso deja a los niños y jóvenes a merced de la criminalidad, escudada en falsas complicidades y amenazas de publicación de hechos privados por parte de adultos.

Los casos en el mundo, en que niñas y niños se ven de repente amenazados por desconocidos, son incontables y revelan diversas formas de cautivar la atención de los menores, clausurando la comunicación con los padres para amedrentarlos y manipular la exhibición de partes de sus cuerpos o diversos actos de tipo sexual.

El "grooming" es, por definición, un acoso sexual y virtual a menores por parte de adultos encubiertos bajo fachadas falsas, como ser un perfil fraudulento en distintas redes sociales para establecer una conexión y controlarlos emocionalmente, vencer sus inhibiciones y capturar imágenes que luego son vendidas en el mercado de la pornografía infantil.

Es indudable que los menores quedan, ante esas situaciones de enorme daño moral, en un estado de vulnerabilidad que resiente sus propios derechos individuales pues la amenaza de las publicaciones los deja sin defensas.

Los casos en la Argentina han puesto al descubierto el sometimiento de las víctimas a través de este método, su posterior secuestro y hasta la muerte precedida de violación sexual y psicológica. En el mundo se tienen noticias de suicidios de menores que no pudieron resistir las amenazas. Por esa razón, se puede asegurar que el "grooming" no contribuye precisamente a un avance tecnológico positivo sino todo lo contrario.

La ausencia de comunicación fluida entre hijos y padres actúa como una pantalla que beneficia al acosador sexual, que puede ser hombre o mujer. Justamente, la llave que pondrá fin a ese abuso cibernético, creciente por donde se lo mire, es el restablecimiento de la comunicación intrafamiliar.

La responsabilidad materna y paterna se vuelve imprescindible en este punto en el que los progenitores o tutores deberán aprender, más allá de sus imposibilidades personales, a manejar todas las alternativas tecnológicas, si en verdad desean cuidar de sus hijos.

Las políticas públicas deben actualizarse en el mismo sentido y agilizar los sistemas de control del abuso digital y establecer mayores penas y sanciones severas a los abusadores. La cuestión es urgente y reclama la asistencia directa del Estado.

En principio, será de buen grado incorporar la temática del "grooming" a la Ley de Educación Sexual y a la currícula educativa porteña. Si bien existen programas y anuncios que tienden a mejorar la educación sexual, las alertas sobre el "grooming" aún son débiles.

Para eso es preciso contar con un marco normativo, independientemente de la gestión que gobierne el país, para promover políticas de largo plazo. Es prioritario visualizar la problemática que amenaza a las generaciones más jóvenes.

En la ciudad de Buenos Aires se impulsa desde la Legislatura la inclusión del inciso g) al artículo 5° de la ley 2110 de Educación Sexual Integral, con el ánimo de "informar y concientizar sobre las nuevas prácticas de acoso sexual virtual a niños, niñas y adolescentes, más conocido como "grooming", en consideración con la Ley 5775 (CABA) de prevención de ciberacoso sexual".

En 2013, la Cámara de Senadores incorporó a la ley 26.904 la figura del "grooming" en el capítulo dedicado a los "Delitos contra la integridad sexual", que propone una condena de entre 6 meses y 4 años para el acosador cibernético.

Encuestas de diverso origen señalan que 7 de cada 10 argentinos desconocen el "grooming", y que 8 de cada 10 de quienes sufren ese delito son mujeres, consolidando así una problemática doble en el sentido del "grooming" y del género femenino.

El proceso del "grooming" se inicia con la relación virtual, luego con el acercamiento del adulto embozado que aprovecha para obtener información del entorno de la víctima. Con esos datos, solicita imágenes de contenido sexual y obliga a la víctima a enviar más material bajo la amenaza de difundir lo que ya tiene por las redes sociales. En ocasiones, el abusador trata de generar un encuentro para comenzar con otro delito: la prostitución o la pornografía. Del encuentro pueden surgir otros dos delitos mayores: el secuestro con cautiverio, y el asesinato.

El "grooming" está en la sociedad argentina, especialmente la porteña, y produjo ya 25.000 denuncias. Aspirar a una ciudad "cibersegura" exige una legislación contundente, una difusión que advierta de la gravedad de este delito, un control público persistente y la urgente reactivación de la comunicación intrafamiliar.

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