Incertidumbre en los dos frentes

Daniel Bilotta
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8 de agosto de 2019  • 12:58

Alberto Fernández tuvo rapto de sinceridad poco frecuente para un candidato en campaña. Admitió que si el oficialismo gana, debería replantearse cómo está funcionando el país. Es alto el nivel de desempleo, la pobreza alcanza a los asalariados y hubo una devaluación monumental. Sin embargo, Juntos por el Cambio llega a las PASO en condiciones objetivas de obtener un resultado favorable. La perplejidad de Fernández es lógica. Con ese tipo de antecedentes, otros gobiernos sucumbieron y dejaron abierta esa expectativa solo a la oposición.

Para saber si en efecto se está produciendo un cambio en esa tendencia, no habrá otro remedio que esperar el recuento de votos del domingo por la noche. Hasta entonces, solo es posible especular. En las dos alianzas esa incertidumbre es traducida como la probabilidad de una elección muy pareja. Tanto, que Fernández optó por un argumento facilista para cubrirse a una eventual derrota. Si ocurriese, es porque la sociedad expresaría una vocación suicida.

Fernández parece la invertir un aforismo ligado íntimamente a la mitología peronista: el pueblo nunca se equivoca. Lo que obliga a formularse esa pregunta. ¿Lo hará si una mayoría respalda al oficialismo? De acuerdo a Guillermo Oliveto es lícito pensar que no. En su columna del 5 de agosto en LA NACION, el especialista en consumo percibe otro clima social. Hace tres meses el 72% creía que "la economía de la calle" caía. Ahora solo lo piensa el 46%.

El punto más alto para esa estimación desde marzo del 2018. Existen, además, síntomas de optimismo. Casi el 50% cree que la economía tendrá una recuperación el 2020. La mejor ponderación de esa marca desde noviembre del 2017. Es decir, después de la contundente victoria de Cambiemos en las legislativas de ese año y antes de la crisis cambiaria iniciada en abril del año pasado. Es cierto que el Gobierno debió rectificar bastante el plan original para salir de esa situación.

Pero lo hizo sin modificar el aspecto más negativo del programa económico: el límite al nivel de actividad impuesto por la alta tasa de interés que fija el Banco Central para bajar la inflación. El flanco vulnerable del Gobierno. El Frente de Todos intentó sin éxito anclar ese tema al debate. Sin embargo, conserva un nivel de fidelidad de votos similar a Juntos por el Cambio. La diferencia entre ambos es las zonas geográficas donde recogen simpatías. Al oficialismo le va mejor en los centros del país ligados a la producción primaria con saldos exportables. A la oposición, en las periferias que dependen más de la intervención del Estado.

El conurbano

Ese panorama se repite en la provincia de Buenos Aires y particularmente en la Tercera Sección, zonas sur y este del conurbano. Concentra un tercio del total de los electores y un bolsón significativo de exclusión, desigualdad y pobreza que creció en las últimas tres décadas. Allí, los síntomas de reactivación descriptos por Oliveto se manifiestan de modo muy tenue. Es donde el Frente de Todos precisa obtener una ventaja en las primarias que no tendría cómo repetir en ninguna otra región.

En eso consiste la estrategia para derrotar María Eugenia Vidal, la dirigente más valorada por la opinión pública. Una esfera donde Mauricio Macri paga todavía el costo político de las dificultades en la economía. Vidal lidia con ese efecto negativo: el electorado no aparenta estar tan convencido de la reelección del presidente. Sin embargo, Macri depende de los votos bonaerenses que atraiga Vidal para lograrlo.

Su competidor, Axel Kicillof, tendría alguna ventaja comparativa. Empatiza naturalmente con los que optan por Cristina Kirchner, el talismán del Frente de Todos. Aunque no la tiene con los intendentes del conurbano. Existe una razón de fondo. La gran mayoría finaliza sus mandatos en 2023. Si Kicillof fuese elegido, aspiraría a repetir el suyo en esa fecha. Los jefes comunales carecerían de poder para incidir en ese proceso. Desde ese punto de vista, les convendría que siga Vidal. Sería su última reelección.

Los intendentes Julio Zamora (Tigre), Juan Zabaleta (Hurlingham), Gabriel Katopodis (San Martín), Martín Insurralde (Lomas de Zamora) y Mariano Cascallares (Almirante Brown) fueron algunos de los que estuvieron en el cierre de campaña del Frente de Todos en Rosario. Escucharon atentos la arenga de Fernández al borde del escenario: los instó a trabajar por un triunfo. A uno de ellos se atribuye haber gestionado con el oficialismo la entrega de un millón de boletas. En apariencias, para inducir un corte contra Kicillof.

Tal vez la madrugada del lunes esté más claro cómo es el funcionamiento del país y de las dirigencias en períodos electorales.

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