Independiente

Hugo Caligaris
Hugo Caligaris LA NACION
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22 de octubre de 2000  

"No quiero aparecer en ningún acto ni foto oficial. No quiero saber nada de la coyuntura. Quiero construir un movimiento social independiente tanto del Frepaso como de los partidos."

(Del ex vicepresidente Carlos "Chacho" Alvarez.)

Es increíble lo rápido que circulan en estos días versiones que surgen de la nada. Luego de rápidas indagaciones, estamos en condiciones de desmentir que Alvarez esté a punto de añadir a su récord una nueva renuncia, esta vez futbolística. Será el líder, tal vez el candidato, de los independientes, pero su corazón seguirá perteneciendo a Racing, ya que hay afectos y lealtades primarios con los que uno es consecuente desde la cuna hasta la tumba y que no admiten deserciones. Es decir: hay cosas con las que no se juega. Pocas, pero sólidas.

El deseo de Chacho de fundar un club independiente está fuera de las áreas deportivas, sean éstas grandes o chicas. Por eso no quiere vincularlo ni siquiera con su propio frente de ataque, y menos todavía con partidos cuyo resultado está cantado antes de que comiencen. Tiene la mente puesta en otro campeonato, y para eso quiere formar su propio equipo, un equipo independiente y aguerrido, en lucha permanente contra los corruptos que sólo buscan tirar la pelota lo más lejos posible con tal de salvar la ropa. Un equipo que caiga siempre bien parado, que jamás pueda ser sorprendido en posición fuera de juego. ¿Quiénes serán los titanes que lo integren? Posiblemente once Alvarez idénticos, ahora que la clonación hace posible multiplicar indefinidamente las grandes maravillas de la naturaleza.

Un equipo semejante podría declararse independiente del resto de la humanidad y aplicar a rajatabla la consigna: todos para uno y uno para todos, ya que uno y todos serían, en el fondo, el mismo. Al ser todos los miembros del movimiento iguales -con la misma cara, las mismas narices y los mismos dientes- quedaría asegurada la coherencia interna. Y si aun así se produjeran fracturas, nadie se daría cuenta. La crónica periodística sería incapaz de registrarlas sin caer en la confusión y en el delirio. En cuanto a las fotos, podrían tomar entonces todas las que quisieran, puesto que la mejor compañía, la más gratificante y la menos incómoda suele ser la compañía de uno mismo.

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