Juntos podemos poner fin a la malaria en América

Carissa F. Etienne
Carissa F. Etienne PARA LA NACION
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5 de enero de 2019  

Durante décadas, la región de las Américas ha liderado al mundo en la eliminación de las enfermedades infecciosas que alguna vez fueron flagelos para la sociedad. Esta región fue la primera en eliminar la transmisión de la viruela en 1971, un logro que fue seguido por la eliminación de la poliomielitis en 1994 y la rubéola en 2015.

Estos éxitos ocurrieron porque muchos países se comprometieron a utilizar un enfoque de Atención Primaria de Salud para responder de manera efectiva a las necesidades de salud de las comunidades.

El enfoque de Atención Primaria de Salud prioriza la inversión en el primer nivel de atención, donde se brindan servicios de salud integrales y de calidad, como vacunas, atención materna y neonatal, y planificación familiar. Un primer nivel de atención fuerte también sirve como la columna vertebral para una vigilancia y notificación efectiva de las enfermedades. Estos son elementos esenciales para crear salvaguardas contra otras enfermedades transmitidas por mosquitos como el dengue, el chikungunya, el zika y la fiebre amarilla, que amenazan nuestra salud y prosperidad colectiva. Además, pueden desempeñar un papel clave para eliminar la que una vez fue una de las enfermedades más mortales de la región: el paludismo.

Hace un siglo, el paludismo era la principal causa de muerte en casi todas las naciones del mundo. Entonces los científicos descubrieron que la enfermedad era causada por un parásito transmitido por los mosquitos. Esto condujo pronto al desarrollo de herramientas efectivas de tratamiento y prevención. Para el año 2000, casi la mitad de los Estados Miembros de las Naciones Unidas habían eliminado la enfermedad dentro de sus fronteras.

Hoy estamos más cerca que nunca de eliminar la malaria en las Américas. A principios del año pasado, la Organización Mundial de la Salud certificó a Paraguay como libre del paludismo. Y esperamos que la Argentina y El Salvador sean los siguientes en sumarse a este éxito. Otras naciones que también han hecho grandes progresos como por ejemplo Belice, Costa Rica y Surinam, que registraron menos de 100 casos de transmisión local en 2017. Ecuador y México están dentro de una lista de 21 países, que tienen el potencial de eliminar la malaria en los próximos años.

Pero a medida que nos acercamos a la eliminación hay un nuevo peligro: los gobiernos que confían en que el fin está cerca, podrían desacelerar sus esfuerzos.

La historia muestra que cuando los países apartan la mirada del paludismo, la eliminación de esta enfermedad da un paso hacia atrás. Así lo hemos visto recientemente en la región en los países en crisis. Las fallas en la prestación de atención primaria de salud y los flujos extensos de migrantes han llevado a un repunte dramático en la incidencia de la malaria que amenaza los esfuerzos de control en varias naciones. Y cuanto más tiempo se demore la eliminación, más probable es que surja resistencia a nuestros medicamentos e insecticidas más eficaces. Ha ocurrido antes con la cloroquina, y podría ocurrir con los tratamientos actuales con artemisinina.

Siguiendo el lanzamiento del último Informe Mundial de Malaria por parte de la Organización Mundial de la Salud, que muestra que los progresos a nivel global se han enlentecido, instamos a todos los países a comprometerse a librar a este continente de una vez por todas del paludismo.

Muchos países en América Central y en América del Sur ya están dando buenos modelos de cómo librar esta lucha. Están intensificando sus esfuerzos para controlar y eliminar el paludismo con el apoyo de los socios sin fines de lucro y de otras instituciones de desarrollo global. En 2015, Haití y República Dominicana lanzaron la Alianza Malaria Cero, un programa binacional de eliminación con apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos , el Centro Carter y otros socios.

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) también ha apoyado a la OPS en la implementación de un programa de cooperación técnica para el Plan de Acción para la Eliminación de la Malaria, 2016-2020.

Y en 2018, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y diversos socios crearon un nuevo mecanismo de financiación y asistencia técnica -Iniciativa Regional de Eliminación de la Malaria- que busca ayudar a Belice, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá con aumentar su eficiencia en la vigilancia, la prevención y el tratamiento en el camino a la eliminación para 2022.

Estos esfuerzos también podrían acelerarse con innovaciones en el diagnóstico, el tratamiento y el control vectorial, como por ejemplo la introducción de lo que podría ser un nuevo tratamiento revolucionario para la malaria por P. vivax, que representa el 80% de todos los casos en la región. Mientras que el tratamiento actual para el vivax requiere píldoras administradas durante 7 a 14 días en un horario muy específico, un nuevo tratamiento en testeo ha demostrado el potencial para curar completamente el vivax con una dosis mucho más simple.

Hoy en día tenemos la oportunidad de hacer algo que alguna vez se consideró imposible: podemos acabar con la malaria para siempre. Una de cada 10 personas en las Américas todavía están en riesgo de contraer paludismo, pero si trabajamos juntos, podemos crear un futuro en el que nunca más, nadie sufra o muera por esta enfermedad, que es completamente tratable y prevenible.

Etienne es directora de la Organización Panamericana de la Salud y Elias es presidente de Desarrollo Mundial, Fundación Bill y Melinda Gates

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