Kirchnerismo o antimenemismo

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2 de mayo de 2003  

Hasta antes del 27 de abril la mayoría de los electores creía que Carlos Menem iba a ser el próximo presidente de los argentinos. Después de los comicios del domingo último, pareció llegar a su fin la teoría de la invencibilidad del ex mandatario; al menos, a juzgar por los resultados de una encuesta de OPSM (600 casos tomados en el orden nacional, entre el lunes y el martes), que indican que para el 70% de las personas consultadas Néstor Kirchner se impondrá en el ballottage del 18 de mayo.

En la breve campaña previa a la segunda vuelta, Menem deberá modificar las percepciones de una enorme porción del electorado, estimada entre el 52 y el 60 por ciento, que asegura en las encuestas que jamás, bajo ninguna circunstancia, votaría por él. Una opción es conseguir que lo empiecen a ver de manera muy diferente a como lo ven hoy. La otra alternativa es lograr que un alto porcentaje de ese segmento del electorado no concurra a las urnas o sufrague en blanco.

¿Puede cambiarse en menos de tres semanas una imagen adquirida a lo largo de mucho tiempo?

Menem intentó dar señales de renovación y mostrar que su entorno ha cambiado. Apareció en escena Carlos Melconian como su economista de cabecera; se retiró a cuarteles de invierno su asesor Eduardo Bauzá, en tanto Alberto Kohan dejó de lado su postulación a la gobernación bonaerense. ¿Será eso suficiente como para evaporar de la memoria colectiva las muy difundidas imágenes del fin de semana que mostraban a Víctor Alderete, Matilde Menéndez, Armando Gostanian y Liz Fassi Lavalle tan cerca del candidato?

* * *

Por el lado de Kirchner, hay otros desafíos, por cierto no menores. El primero es demostrar -sobre todo al electorado del interior que no lo votó- que su eventual gobierno no será manejado desde la provincia de Buenos Aires por Eduardo Duhalde, aun cuando la posible confirmación de varios de los actuales integrantes del gabinete dé pautas claras de la influencia que el duhaldismo ejercerá en una presidencia de Kirchner.

El segundo desafío del gobernador santacruceño es desterrar los temores de algunos agentes económicos, que quedaron evidenciados con la fuerte baja de la Bolsa el día después de los comicios.

Frente al primer desafío, Kirchner ha insistido en que ha construido "una arquitectura exitosa" de poder y que no será "el presidente de un aparato o de un partido". Ante el segundo, algunos de sus allegados le recomiendan mostrar algo de lo que hizo en Santa Cruz en materia económica. "Cuando en 1991 llegó a la gobernación provincial, el déficit era de 1200 millones de dólares y hoy hay superávit; Kirchner no dudó en reducir los sueldos públicos un 25% para lograr el equilibrio de las cuentas y, una vez conseguido, reintegró la diferencia con intereses. Tampoco dudó en alentar inversiones británicas en turismo y en minería, pese a su fama de nacionalista", comenta su jefe de campaña, Alberto Fernández.

De cualquier modo, el gran desafío para Kirchner si llega a la Casa Rosada será afrontar las debilidades propias de un gobierno que, por la lógica del ballottage, será el producto de un voto más antimenemista que kirchnerista.

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