La amenaza de Corea del Norte

Alberto Rubio
Alberto Rubio PARA LA NACION
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4 de febrero de 2014  

En el mundo actual ya no existen países lejanos. Los sucesos "nos pasan" a todos. Para Occidente, el tercer milenio de la era cristiana está signado por la internacionalización y la interdependencia, por el pluralismo hegemónico. Por un territorio común con problemas comunes, que las dirigencias nacionales buscan abordar con diálogos intensos. Pero no es el camino que todas recorren. Algunos liderazgos permanecen obsesivamente aferrados a criterios y prácticas del pasado. El relato parece progresista, cuando en realidad es "regresista".

Es el caso de Kim Jong-un y el brutal régimen que conduce en Corea del Norte, donde trabajar por "la felicidad del pueblo", tiene rasgos sustancialmente distintos de los de la China moderna. Forma parte de su juego de poder en la región y para con las principales potencias occidentales.

La ferocidad puesta de manifiesto en el avasallamiento de los derechos humanos en Corea del Norte, curiosamente poco difundido por la prensa local y sudamericana, forma parte de una estrategia de "terror-amenaza" elaborada con astucia. A mediados de noviembre último fueron ejecutados unos ochenta ciudadanos coreanos por ver programas de televisión no locales. Es delito de alta gravedad consumir expresiones culturales extranjeras. Los sitios web que sortean la férrea censura del régimen (North Korea Intellectual Solidarity) dan cuenta de que las ejecuciones ocurrieron en un estadio de Wonsan, ciudad portuaria capital de la provincia de Kangwon, ante unos 10.000 vecinos convocados a presenciar cómo un pelotón de fusilamiento acababa con la vida de los acusados. Los crímenes castigados son cada vez más difíciles de controlar, por causa de los avances tecnológicos, que ingresan en forma de reproductores mp3, DVD y discos duros de computadora. Ya hacia agosto habían sido ejecutados una docena de artistas de medios audiovisuales, acusados de producir material de contenido condicionado. Entre ellos figuraba una ex novia de Kim Jong-un.

El 12 de diciembre, la agencia oficial de noticias KCNA informó la ejecución de Jang Song Thaek, tío del líder norcoreano y vicejefe de la Confederación Nacional de Defensa, considerado la segunda persona más influyente del país. Los motivos: "Intento de derrocar al Estado uniéndose a fuerzas indeseables". Considerado una de las personas que ayudó a Kim Jong-un a consolidarse en el poder tras la muerte de su padre, hace dos años, Jang Song Thaek era, para algunos analistas, un moderado con buena capacidad de diálogo e interlocución con China y admirador de las políticas vigentes en ese país.

Estas purgas, que pueden asumirse como indicios de creciente confianza en sí mismo por parte de Kim Jong-un, son parte de esa estrategia de terror-amenaza utilizada también en el ámbito internacional mediante el supuesto desarrollo nuclear y misilístico de Corea del Norte. El envalentonamiento en la negación de los derechos humanos y la eliminación de un moderado como Jang Song Thaek pueden formar parte de una escalada estratégica que culmine en un nuevo golpe a Corea del Sur, con armamento convencional, como ya se hizo en varias oportunidades, y desafiar a la sociedad internacional con una posible nueva prueba nuclear. Pero el envalentonamiento tiene sus límites. Esto es inexorable. Quizá lo lleve a tomar decisiones mal calculadas y la paciencia de las potencias regionales se agote.

La estabilidad en la Península de Corea es esencial para asegurar el sostenido ascenso económico de los países de la región. Todos, excepto el territorio que hoy domina Kim Jong-un, evidencian desde hace años un destacado proceso de crecimiento, internacionalización de inversiones e interdependencia económica que hace del área noreste de Asia una zona hegemónica emergente de alta relevancia.

Si se toma como referencia el proceso de distensión iniciado entre los Estados Unidos e Irán, o el modo en que resultó acotado el caso Siria, parecería claro que el tiempo de la paz y de las diferencias negociadas es el nuevo paradigma del escenario mundial que viene. Porque otras son las metas en el horizonte. Siendo así, el tiempo de los derechos humanos y de la unidad de la península de Corea puede no estar lejano.

El autor es doctor en Economía, especialista en asuntos internacionales y decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Belgrano

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