La amnesia oculta tras la memoria

Pablo Gianera
Pablo Gianera LA NACION
(0)
14 de abril de 2019  

A esta altura, debería ser evidente para todos que, por lo menos en el arte, no conviene dar nada ni a nadie por muerto. Lo que parecía perdido para siempre, y aun lo que no sabíamos siquiera nacido, salen de pronto a la luz. Ése, la supervivencia de lo antiguo, fue justamente uno de los descubrimientos mayores de Aby Warburg, el historiador del arte a quien se le rinde ahora homenaje en el Museo Nacional de Bellas Artes con la muestra Ninfas, serpientes, constelaciones.

El nombre no podría estar mejor elegido. La serpiente remite a las fotos y los escritos de Warburg en su viaje a Nuevo México y a su libro El ritual de la serpiente. En cuanto a la ninfa, alcanza con señalar que, como dijo Georges Didi-Huberman, en la cajera de supermercado sobrevive Dánae. El suyo fue un método que existió directamente en acto, sin pasar por el estado de posibilidad. En principio, Warburg limitó la noción de supervivencia ( Nachleben) a la Antigüedad. Por eso en su examen de Almuerzo en la hierba, la pintura de Édouard Manet, menciona las lápidas romanas y observa que fueron ellas el vehículo que "permitió preservar, físicamente, el mundo de las divinidades paganas en la edad moderna". Sin embargo, es claro que el método puede generalizarse más allá del linde de lo antiguo.

Un ejemplo, entre muchos posibles. En The Age of Insight. The Quest to Understand the Unconscious in Art, Mind, and Brain, Eric R. Kandel, Premio Nobel de Fisiología y Medicina, hace el siguiente comentario sobre Gustav Klimt: "La evolución del estilo de Klimt entre los años 1898 y 1909 refleja su preocupación por ir debajo de las apariencias. Como primer paso para adentrarse en la profundidad de la conciencia, Klimt comprendió que debía superar las limitaciones inherentes a la pintura sobre lienzo. Freud podía usar metáforas para explicar cómo las fuerzas inconscientes dan forma a la conducta humana, y Schnitzler podía recurrir al monólogo interior para revelar las fuerzas que actúan en sus personajes, pero para retratar la hondura de la psiquis humana en una superficie plana, de dos dimensiones, Klimt necesitaba nuevas estrategias artísticas. Para imaginarlas, buscó inspiración en un estilo pictórico mucho más antiguo, el arte bizantino. [.] Klimt abandonó la realidad tridimensional por una versión moderna de la representación en dos dimensiones que caracteriza al arte bizantino. Combinó en sus pinturas zonas de figuración tridimensional con grandes áreas de ornamentación plana y dorada, lo que creaba un efecto sorprendente y pictóricamente agitado que acrecienta el aura sensual y radiante de la obra."

El pasado es siempre radioactivo y tiene también un movimiento contrario. Así como en la cajera del supermercado está Dánae, en la ninfa está supuesta ya la Magdalena. Fue en esa misma línea que André Gide pudo decir que "la obra clásica no es bella más que en razón de su romanticismo sojuzgado". El fondo implicado en la ocurrencia de Gide podría pasarse en limpio del siguiente modo: lo clásico se constituye dialécticamente; se constituye negando algo que todavía no existe y en pugna con aquello que no existe y que, aun así, lo niega.

Esto nos sitúa entonces un poco lejos de la nostalgia de Winckelmann en su Historia del arte en la antigüedad: "No he podido evitar seguir la suerte de las obras de arte de la antigüedad hasta tan lejos como haya podido extenderse mi vista. Así, una amante desconsolada permanece inmóvil a orillas del mar y sigue con los ojos el navío que se lleva a su amado sin esperanza de volver a verlo: en su ilusión cree percibir aún sobre la vela que se aleja la imagen de este objeto querido". Pero tal como lo estamos viendo, la historia del arte no sería en absoluto un trabajo de duelo sino de reordenamiento de una constelación.

Si es verdad que lo moderno consiste siempre en recordar algo antiguo olvidado, ¿será posible que la ilusión de novedad continua de nuestra época posmoderna esté fundada en el imperativo de una amnesia que pasa por memoria?

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?