La Argentina, según Naipaul

Por Rodolfo Rabanal
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20 de diciembre de 2001  

No bien pisó el aeropuerto de Arlanda, en Estocolmo, el flamante Premio Nobel de Literatura, V. S. Naipaul, exhibió ante los periodistas su poca predisposición a ser amable y su filosa capacidad para emitir opiniones categóricas y generalmente polémicas. Naipaul estuvo en Suecia hace diez días para recibir el galardón de la Academia y pronunciar el discurso que de rigor se impone a todo laureado. No tuvo mejor ocurrencia que contar su infancia en la isla de Trinidad y en el pequeño pueblo natal de Chaguanas, una suerte de Macondo multiétnico cuya lengua oficial es el inglés.

El famoso autor de "La casa del señor Biswas" citó a Marcel Proust, diciendo que lo que uno escribe para sí es lo que le da al público y que la biografía de un escritor jamás revela la verdad, ya que el hombre "social" y quien escribe no necesariamente son idénticos. Lo cual es cierto. Naipaul, que se declaró un hijo de la intuición "ajeno a sistemas, literarios o políticos" no donará su premio a las escuelas de Trinidad: "Que de eso se encargue el gobierno, sentado actualmente sobre una fortuna de petróleo y gas natural". Tampoco respondió a preguntas que le formuló la prensa por encontrarlas carentes de interés. En su disertación, no tan cautivante como otras de anteriores laureados, Naipaul dedicó quince líneas a nuestro país, que visitó a comienzos de los años 70 para escribir más tarde una serie de artículos: "El regreso de Eva Perón".

"Hace unos 30 años -dijo en Estocolmo- visité la Argentina. Era la época de la guerrilla. La gente esperaba que el viejo dictador Juan Domingo Perón volviera del exilio. El país estaba lleno de odio. Los peronistas aguardaban el retorno del líder para cobrarse viejas cuentas. Uno de ellos me dijo: Hay una tortura buena y otra mala. La buena tortura es la que se le aplica a los enemigos del pueblo; la mala es la que los enemigos del pueblo le aplican a uno . Los antiperonistas decían lo mismo. No pude asistir a ningún debate verdadero, sólo había pasión y jerga política, una jerga mayormente importada de Europa. La jerga transforma la realidad en abstracción y, donde ella se impone, la gente se queda sin causas y entonces sólo existen enemigos. Todavía hoy las pasiones prevalecen en la Argentina, aniquilando toda razón y estropeando la vida de las personas, sin que ninguna solución aparezca a la vista".

Entre los fundamentos esgrimidos por la Academia para distinguir a Naipaul con el más alto premio literario, figura el siguiente concepto: "Su autoridad como narrador encuentra su mayor fuerza en la memoria de lo que otros olvidan: la historia de los derrotados". Naipaul escribió sobre Africa, India, Trinidad y América del Sur combinando diversos géneros que van de la ficción al documento y de éste a la autobiografía.

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