La batalla por el relato del debate

Jorge Rosales
Jorge Rosales LA NACION
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13 de octubre de 2019  

La Argentina asistirá a una paradoja en el debate presidencial. Tal como se dieron las cosas después del resultado de las PASO y sobre todo a partir de la intensa campaña del "Sí se puede", la sensación es que el presidente Mauricio Macri llega como el retador a la confrontación de esta noche, mientras que Alberto Fernández, el desafiante natural de la contienda, pareciera ocupar una posición más conservadora por lo que pone en juego después de su triunfo arrasador en las primarias de agosto.

Son percepciones, muchas veces contradictorias de los hechos objetivos, pero es lo que, al final del día, queda impreso en los recuerdos. Lo mismo que ocurre con el debate. Lo que está en juego son las percepciones de una audiencia masiva, que de repetirse el fenómeno del debate antes del ballottage de 2015, entre Macri y Daniel Scioli, puede superar el 50% de rating. Aquel año alcanzó picos de 53,4% y el promedio fue de 51,1%.

Un mal gesto, una señal de fastidio, una sonrisa fresca o una cara relajada. Para los especialistas en comunicación política esto es más importante que las palabras y el contenido del mensaje en un debate. ¿Por qué? Porque los debates no se ganan con argumentos conceptuales. Pero se pueden perder por la percepción negativa que provoquen las emociones, los movimientos o los gestos de un candidato en una audiencia masiva. Y, sobre todo, la explotación posterior que se haga de ese instante.

El debate presidencial está tan estructurado y regulado que quienes lo miren por televisión se perderán los gestos de los candidatos mientras uno de los contrincantes esté hablando. La cámara estará fija en la cara de quien esté utilizando su tiempo reglamentario y no se mostrará a los demás. Esto nos privará de observar una de las cosas más ricas de una confrontación de este tipo, que es la comunicación gestual. ¿Cómo se moverán Macri, Fernández, Roberto Lavagna, José Luis Espert, Juan José Gómez Centurión o Nicolás del Caño, mientras esperan su turno para intervenir y escuchan los argumentos o ataques de quien tenga el uso de la palabra?

Macri y Fernández serán los protagonistas centrales, como lo fueron el jueves Horacio Rodríguez Larreta y Matías Lammens en el debate porteño. En las oficinas de la campaña de Fernández, en la calle México, aseguran que el candidato se preparó solo y que no fue "coacheado" por sus asesores, que se limitaron a fijar los tiempos de exposición para cumplir con el reglamento. El debate "no ocupó su tiempo ni su preocupación. La campaña no le preocupa demasiado, sino lo que viene en diciembre; la situación atípica que se originó tras las PASO así lo dispuso", aseguran a su lado. Están confiados en el Frente de Todos. Dicen que por no admitir intercambios, el debate no representa riesgos, y no creen que lo que se vea esta noche vaya a modificar decisiones de voto. Es muy marginal y difícil de medir, sostienen en el equipo en el que participan Juan Courel, Julieta Waisgold, Abelardo Vitale, el vocero Juan Pablo Biondi y el jefe de campaña, Santiago Cafiero.

En la Casa Rosada consideran que esta es una buena oportunidad para Macri para explicar cómo está el país, en la línea de los ejes trazados en la gira del "Sí se puede". De todos modos, reconocen que deberán hacer frente al punto débil del candidato, que es la economía, uno de los temas del primer debate. En el equipo del Presidente creen que no habrá sorpresas. Es un buen momento -sostienen- para que la gente pueda conocer a los candidatos, "en especial a Fernández". En el Gobierno aseguran que no trabajaron en el contenido porque el debate tratará temas de su agenda diaria. De todos modos, el equipo comandado por Marcos Peña sistematizó el mensaje para encuadrarlo en los tiempos. Entre otros, trabajaron el vocero Iván Pavlovsky; la directora de discurso, Julieta Herrero; Jorge Grecco; Hernán Iglesias Illa, y Jaime Durán Barba.

Una vez que se apague la cámara, se dará paso a una de las partes sustanciales de los debates, que es la interpretación de lo vivido en el set. El posdebate es tanto o más importante que el debate en sí mismo, dice el politólogo Andrés Malamud. La interpretación de quién ganó o perdió y cómo se puede orientar la opinión pública y reforzar la campaña a partir de lo que dejó el debate pasará a ocupar un lugar preponderante en las dos semanas que restan para las elecciones.

El recorte de unos segundos con un gesto o con los dichos de uno de ellos que pueda viralizarse en las redes sociales y que refuerce un concepto que se pretende imponer en la campaña es uno de los tesoros más buscados. El "momento meme", o meme-worthy moment, es lo que salen a cazar los expertos en comunicación política para inundar las redes, que es el lugar donde se juega el posdebate en los tiempos que corren. En Estados Unidos -el país con más tradición en este tipo de contiendas-, en las universidades donde se hacen los debates se montan grandes ambientes en los gimnasios, linderos a los auditorios en los que se arma el set, llamados spin rooms. Allí los dirigentes de uno y otro partido dan la batalla posdebate para determinar quién ganó o quién perdió. Esto ahora ha sido superado en influencia por spin rooms virtuales en las redes sociales. Y esto es precisamente lo que se va a desencadenar esta noche.

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