La bola de cristal y otros discursos del método

Nora Bär
Nora Bär LA NACION
(0)
31 de julio de 2015  

Adiferencia de lo que ocurre en la encantadora Más extraño que la ficción, en la que la vida de un inmutable auditor de la oficina norteamericana de impuestos internos (Will Ferrell) está atada a la trama que pergeña una escritora con bloqueo creativo (Emma Thompson), por suerte, en el mundo de verdad, el futuro es un racimo de posibilidades abiertas que no permiten tener certeza sobre lo que nos espera.

A Niels Bohr, que discutía con Einstein sobre el principio de incertidumbre, se le atribuye la broma de que "hacer predicciones es muy difícil. Especialmente si son acerca del futuro". Y Stephen Hawking coincide: "No cabe duda de que predecir el futuro es muy difícil (?) Casi todas las predicciones erraron el blanco". Los encuestadores pueden dar fe de esta insidiosa característica de la realidad. Pese a todo, acuciados por la ansiedad de saber qué nos deparan los días que vendrán, desarrollamos un arsenal de métodos de anticipación, la mayoría, francamente bizarros.

Hace 4000 años, las tribus célticas ya usaban cristales (que luego derivaron en la célebre "bola") para adivinar el porvenir. En un breve texto sobre el futuro del universo, Hawking menciona a los oráculos y sibilas. "Sus delirios -dice- eran interpretados por los sacerdotes que los rodeaban. El verdadero arte estaba en la interpretación. El oráculo de Delfos, en Grecia, era famoso por curarse en salud valiéndose de su ambigüedad. Cuando los espartanos le preguntaron qué sucedería si los persas atacaban Grecia, respondió: «O bien Esparta sera destruida o su rey será muerto»."

Un clásico de este género son los anuncios sobre el fin del mundo, aunque hasta ahora todas las fechas fijadas pasaron sin pena ni gloria. Los mayas lo habían pronosticado para 2012 y aquí estamos. Normalmente, los profetas encuentran una explicación para justificarse. Hawking comenta el caso de William Miller, fundador de los Adventistas del Séptimo Día, que predijo que la "Segunda Venida" se produciría entre el 21 de marzo de 1843 y el mismo día del año siguiente. Cuando vio que no sucedía nada, corrigió la fecha al 22 de octubre de 1844. Y después propuso una nueva interpretación según la cual 1844 era sólo el comienzo de la Segunda Venida. Ah, bueno?

En su introducción a Predecir el futuro (Alianza Editorial, 1994), Leo Howe explica que la anticipación es tan complicada porque está basada "en todo un conjunto de hipótesis sobre las relaciones existentes entre pasado, presente y futuro, sobre lo que conocemos del mundo y cómo llegamos a alcanzarlo, sobre la idea que tenemos de nuestro entorno, cómo actuamos sobre él y cómo actúa él sobre nosotros".

Basta con tomar una vida al azar para probarlo. Quién hubiera podido prever en 1976, cuando Roberto Bolaño publicó su primer libro en solitario, "un cuadernillo celeste de veinte páginas hecho en papel Ingres-Fabriano y del que se imprimieron 225 ejemplares", según cuenta Jorge Herralde (Para Roberto Bolaño, Adriana Hidalgo, 2005), que 30 años más tarde, al momento de su muerte, habría firmado 37 contratos en diez países.

A pesar de los yerros (como cuando, en 1943, Thomas Watson consideró que en el mundo habría mercado para quizás cinco computadoras), los pronosticadores proliferan. En un reciente informe, Ray Kurzweil, quizá el más prominente de los futurólogos actuales, pasó revista a 147 de sus predicciones y llegó a la conclusión de que en el 86% estaba acertando, aunque otros no están tan seguros. Kurzweil anuncia, por ejemplo, que en 2029 dispondremos de implantes que mejorarán ¡la interpretación, la memoria y el razonamiento!, y que en 2042 los nanorrobots curarán las enfermedades y permitirán nada menos que alcanzar la inmortalidad.

Teniendo en cuenta los innumerables hechos que pueden torcer el rumbo de la historia, cuesta aceptar afirmaciones tan audaces. El físico Leonard Mlodinow cuenta en El andar del borracho (Drakontos, 2010) que hace algunos años un hombre ganó la lotería española con un boleto que terminaba en 48. "Orgulloso de su «logro» reveló la teoría que le había procurado la riqueza -dice Mlodinow- . «Soñé con el número 7 durante siete noches seguidas», explicó, «y 7 veces 7 es 48»". Un método infalible? si uno no le otorga mucha importancia a las tablas de multiplicar.

Por: Nora Bär
ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.