La censura se viste de progre

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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27 de septiembre de 2020  • 00:00

Quién lo hubiese imaginado, ¿no? La oprobiosa figura del "asesor literario" de los canales de televisión en tiempos de la última dictadura militar, un burócrata oscuro que tachaba a su antojo párrafos que pudiesen resultar inconvenientes políticamente de cualquier libreto, ha renacido de manera encubierta, pero con muchos bríos, en las redes sociales, en plena democracia.

Señoras y señores, tengo el infausto deber de informarles que madame Anastasia, esa vieja arpía y pacata munida de enormes tijeras, alegoría de la censura que dibujó André Gill, en la Francia de 1871, y a la que se evocaba aquí en los tiempos de prohibiciones y retos autoritarios, ha retornado disfrazada perversamente de progre y de intelectual esclarecido para disimular que viene con las mismas ínfulas de antes: castrar a quien diga o escriba algo que fastidie al poder central.

El objetivo es simple e inquietante: amedrentar a los que protestan, hostigarlos, desprestigiarlos y poner en duda todo lo que dicen. Acallar las voces disidentes y ganarles por temor o por fatiga. Sus perseverantes trabajos de demolición pretenden instalar un bullying viral, áspero y difamador.

Lo que hacía el programa panfletario 6,7,8 en horario central y por la TV Pública desde que en 2008 le dio luz verde el entonces jefe de Gabinete, Sergio Massa, actual presidente de la Cámara de Diputados, a la larga significó un enorme costo político y señalamientos continuos de entidades periodísticas nacionales e internacionales. Hoy, ya sin esa carga, la impronta seisieteochesca se desparrama en las redes sociales sin pausa las 24 horas de cada jornada durante los siete días de la semana, como un movimiento autónomo que no obedece a ningún funcionario en particular.

El "músculo" de esa ofensiva adquiere su madurez en esta etapa luego de años de gimnasia durante las dos administraciones kirchneristas anteriores, cuando aquello todavía era "terra incognita" a explorar y las peleas virtuales eran más inorgánicas y espontáneas. Se terminaron de tonificar en los cuatro años de "resistencia" al gobierno de Cambiemos que llevaron adelante en las redes sociales. Ahora, con la experiencia de tantos años transcurridos, ese movimiento ocupa un lugar más central y menos periférico, aunque siga siendo en sus contenidos tan tosco y burdo como siempre.

El "troleo" (la acción que define al trol como un agresor virtual cuya única pasión es dejar mal, ridiculizar o escrachar a los de la vereda de enfrente) ya no es tan solo la inofensiva acción individual de anónimos. Desde hace tiempo, consignas y estrategias son más colectivas, a partir de hashtags que los agrupa con cierta coordinación horaria, en el afán de entrar en las muy consultadas e influyentes listas de trending topic (TT). Refuerzan ese accionar unos cuantos nombres destacados del campo artístico, cultural y periodístico. Con gran entusiasmo se han propuesto llevar adelante un remedo de la tarea de aquellos coroneles y capitanes de navío que tachaban nombres, temas musicales, películas, libros y cuanta expresión pudiese rozar y cuestionar las metas del tenebroso Proceso de Reorganización Nacional. No los suprimen como aquellos lo hacían, pero sí ensucian y marcan a sus enemigos. Ahora, estos personajes VIP patrullan la Web espontáneamente, o vaya a saber porqué, para monitorear a los más críticos y escribirles a continuación sus postdatas chicaneras o difamatorias, al tiempo que se deshacen en inefables alabanzas hacia el oficialismo.

Nada nuevo bajo el sol: lo que fue tragedia, vuelve como comedia, pero de muy baja estofa. Se notó con el escándalo del diputado salteño, cómo salieron muy burdamente a pedir la renuncia de Esteban Bullrich, tratando de igualar el "tetagate" con la foto fija que usó el legislador de Juntos por el Cambio en una reciente sesión. Otros notables desafinaron más todavía al intentar minimizar el exabrupto sexual de Juan Ameri, tal como lo hicieron Aníbal Fernández y María Rachid, que desvió a que era peor la inasistencia de Elisa Carrió al Congreso, un blooper colosal, puesto que la líder de la Coalición Cívica ya no es más diputada.

Tampoco lucieron bien que coincidieran en una misma jornada los saludos almibarados por el cumpleaños de Axel Kicillof y el perfil bajo para barajar la noticia de los 3500 "muertos atrasados" por Covid en la provincia de Buenos Aires. El gobernador prefirió que diera la mala nueva el ministro Daniel Gollán, mientras él en sus redes agradecía los saludos, daba cuenta de sus avances en la "agenda de género" e inauguraba casas construidas por la gestión anterior.

En su afán de escrachar a medios críticos, alcahuetes de poca monta los acusan de no publicar determinadas informaciones y quedan ridiculizados cuando se les muestra las pruebas en contrario. Anastasia afila sus tijeras entusiasmada por esta nueva generación que inesperadamente la redime y devuelve a la vida. Se los huele de lejos: sin códigos, hasta son capaces de apuntar sus deditos empoderados hacia el trabajo de sus propios compañeros.

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