La ciencia y el ciudadano

Por Antonio M. Battro
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23 de diciembre de 2001  

Un antiguo principio democrático señala que "cuando se trata de cosas que conciernen a todos es preciso que todos las discutan".

La ciencia, con la tecnología que la acompaña, es algo que toca a todos los ciudadanos y no sólo a los expertos. Si no queremos, además, que la ciencia caiga bajo el dominio absoluto de las fuerzas comerciales o industriales, es conveniente que eduquemos al soberano. Y para ello no hay otro camino que enseñar la ciencia como parte integrante de la cultura del siglo XXI y no como algo separado de ella.

La idea de que hay dos culturas paralelas, una basada en los valores humanos y otra en el conocimiento científico, es claramente insuficiente. Ambas están profundamente imbricadas y el destino de la humanidad depende de la consistencia de este acoplamiento.

A todos concierne el progreso de la ciencia, por eso todos debemos estar atentos a que no derive hacia usos indebidos. Hoy más que nunca el tema de los valores científicos ha cobrado inusitada importancia; veamos simplemente el debate sobre la clonación humana: científico, filosófico, político y religioso a la vez.

* * *

Por otra parte, existe una terrible confusión entre lo que es ciencia y lo que es tecnología. Basta hacer una simple encuesta y preguntar cuáles han sido los mayores logros de la ciencia y de la tecnología en el siglo XX.

Los resultados obtenidos recientemente en Gran Bretaña se pueden componer en dos listas: en una se cita la teoría de la relatividad , la teoría cuántica , el código genético , la biotecnología , la informática ; en la otra se mencionan el automóvil, el avión, la radio, la televisión, la computadora.

La primera es una lista de ideas, de teorías, de prácticas, propia de los profesores de ciencias. La segunda una lista de objetos de consumo y corresponde, predominantemente, a los resultados obtenidos con los estudiantes.

Esta divisoria conceptual es palpable y está relacionada con la educación recibida. En efecto, muchas veces ocurre que los avances de la ciencia se enseñan y difunden como si fueran una sucesión inexorable de datos concretos, de hechos probados en forma contundente.

En realidad, se trata de una enmarañada red de proyectos en curso, sometidos constantemente a revisión, siempre provisorios y tambaleantes, aunque suficientes para seguir construyendo el conocimiento.

Pero no es fácil evaluar estos resultados. Ha dicho alguien: "Cuando se hace medible lo importante, sólo lo medible se hace importante". Se trata del eterno dilema de lo cualitativo y lo cuantitativo en la educación, algo que provoca una tensión permanente, que a veces produce una inversión de los mismos valores que se quieren defender.

La necesidad de medir un rendimiento, de comparar logros, de rendir cuentas, constituye uno de los pilares de la educación.

Otro pilar se encuentra en la orilla opuesta, donde se define lo que es realmente importante y valioso. En un lado juegan los expertos, en el otro están todos los ciudadanos. Es preciso construir un puente entre ambas orillas.

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