La cita del fútbol

Japón y Corea, sedes del máximo acontecimiento deportivo
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23 de diciembre de 2001  

LONDRES (The Economist) — Más de 400.000 simpatizantes viajarán a Japón y Corea para la Copa Mundial de Fútbol de 2002, el mayor acontecimiento deportivo del mundo.

Cada uno de esos dos países, que tienen un historial de rivalidades y tensas relaciones, se propuso por medio de enérgicas y resueltas campañas convertirse en el único organizador del campeonato.

En cambio, la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), que rige el fútbol mundial, prefirió que ambos compartieran la organización del torneo.

Los partidos se jugarán en 20 ciudades. Seúl, en Corea del Sur, será la sede del partido inaugural el 31 de mayo en tanto que en la ciudad japonesa de Yokohama se jugará el partido final el 30 de junio, que será visto por más de 1000 millones de teleespectadores.

No hay mejor señal del cambio de la imagen nipona que su nueva generación de héroes deportivos.

Anteriormente, durante la época del gran crecimiento económico, los simpatizantes llenaban las canchas para ver a astros del béisbol como Shigeo Nagashima y al rey de los anotadores de home-runs Sadaharu Oh, ambos integrantes leales del equipo Yomiuri Giants durante toda su carrera y ciudadanos ejemplares dentro y fuera de la cancha.

A estos fieles jugadores jamás se les hubiese ocurrido jugar en el extranjero ni teñirse el pelo de rubio.

Sin embargo, hoy Japón tiene un héroe deportivo que ha hecho ambas cosas. El futbolista Hidetoshi Nakata –un volante de creación– se arriesgó a abandonar la vida desahogada y cómoda de una superestrella local con el propósito de intentar suerte en los mayores niveles de ese deporte. Y su éxito en la típica atmósfera de gladiadores de la primera división del fútbol de Italia, jugando para el equipo de Parma, desencadenó un éxodo de otros jugadores talentosos.

Además, el béisbol japonés puede aclamar a su propio héroe en el extranjero. Se trata de Ichiro –como se conoce a Ichiro Suzuki tanto en Japón como en los Estados Unidos– que tuvo una primera temporada extraordinaria en las grandes ligas norteamericanas, estableciendo récords de bateo para el equipo Seattle Mariners y logrando ser elegido para el Partido de las Estrellas.

Tanto Ichiro como Nakata son individuos incisivos e intransigentes, más fieles a su propio talento que a los ideales del trabajo en equipo y el autosacrificio que animaban a sus ilustres antecesores. Los dos se han convertido en ídolos del nuevo Japón.

Los organizadores de la Copa del Mundo a ambos lados del mar de Japón deberán ocuparse a fondo en pulir las operaciones logísticas y diplomáticas.

Veamos este ejemplo. El título oficial y la marca registrada de la Copa del Mundo, impresa en inglés, es "2002 FIFA World Cup Korea/Japan" (Copa Mundial de la FIFA 2002 Corea/Japón). Eso fue causa suficiente para que surgiera una controversia respecto de cuál de los nombres de esos países debería aparecer primero en los documentos oficiales japoneses de la Copa del Mundo y en los sitios de Internet. La controversia quedó resuelta tan sólo cuando se decidió que no figurara ninguno de los nombres de esos países.

Corea propuso que Corea del Norte fuese sede de uno de los partidos en un gesto de unificación. Pero debido a que Corea del Norte no es miembro de la FIFA, es improbable que la propuesta sea aceptada.

Los simpatizantes pueden esperar un espectacular despliegue de alta tecnología de parte de sus anfitriones asiáticos. Tanto Japón como Corea del Sur invirtieron más de 1000 millones de dólares en magníficos estadios modernos y el certamen estará en la cresta de la ola del entusiasmo popular.

Hay que advertir que los simpatizantes que lleguen a Corea y Japón hallarán algunas diferencias culturales inesperadas. Corea del Sur tiene previsto prohibir fumar dentro de los estadios y también propuso que, inmediatamente después de cada partido, los espectadores dediquen cinco minutos a limpiar y juntar los residuos que suelen dejar en las tribunas. Costará un poco persuadir a los simpatizantes europeos. Pero es improbable que el torneo sea un escenario de violencia. Los simpatizantes inadaptados y perturbadores tienden a circunscribir sus actos violentos dentro de Europa.

Los mayores enfrentamientos –deportivos, se entiende– se producirán en los campos de juego. Los equipos europeos nunca ganaron una Copa del Mundo fuera de su propio continente. Y opacada transitoriamente la estrella de Brasil, el torneo tiene un amplio abanico de posibilidades. Pero que nadie espere que un equipo asiático se consagre campeón.

El autor es editor de temas financieros del SportBusiness Group.

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