La conquista del desierto rojo

Mariano Holot
Mariano Holot LA NACION
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20 de febrero de 2018  

Fuente: Reuters

Un desierto desolado y rojizo. Dos astronautas de espaldas que emprenden rumbo a explorar lo desconocido. Esa sola descripción engloba un cúmulo de fantasías sobre la obsesión humana de visitar Marte. Durante gran parte del siglo XX fue el tópico mayor de los relatos sobre los viajes al espacio exterior. Llegar a Marte parecía una consecuencia inequívoca de la evolución humana. Con los años fuimos trocando las fantasías literarias por las simulaciones científicas y los viajes no tripulados, pero el planeta rojo está aún lejos de registrar una huella humana. Por ahora nos contentamos con jugar en un desierto como el del Negev, un pedazo de nuestro propio mundo de hipnótico parecido con aquel. Pero quizás esa obsesión con un mundo árido y estéril sea la que nos haya llevado a lograr que el nuestro, tan lleno de vida y tan fértil, esté en riesgo de transformarse también en un planeta seco. Entonces sí habremos llegado al ansiado desierto rojo sin movernos de casa.

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