La decadencia política en Grecia y la Argentina

Akis Kalaitzidis
Akis Kalaitzidis PARA LA NACION
Akis Kalaitzidis, académico griego y profesor de Ciencia Política en University of Central Missouri, EE.UU., analiza cuáles son los puntos de contacto y diferencias entre la política argentina y la griega en los caminos que transitaron hacia el default y la recuperación
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, tuvo hoy una reunión preliminar con los líderes de la eurozona
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, tuvo hoy una reunión preliminar con los líderes de la eurozona Fuente: Reuters
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7 de julio de 2015  • 15:37

Después de los resultados del referéndum griego, un estridente 62% de los ciudadanos votó en contra de los planes europeos vinculados con la 'recuperación económica'. De este modo se une a la Argentina en la lista de naciones que lograron avances socio-económicos y políticos significativos y que poco después terminaron desperdiciándolos. Esa es la única similitud. Más allá, los países siguen su propio patrón de decadencia -para utilizar el término del profesor Francis Fukuyama-.

Tanto Argentina como Grecia , un pequeño estado europeo, experimentaron un cambio significativo en su suerte económica en un tiempo considerablemente corto. Aproximadamente en el mismo tiempo que le llevó a la Argentina caer en desgracia, los griegos salieron de la devastación de la Segunda Guerra Mundial y de la posterior guerra civil, reconstruyeron su Estado e ingresaron a una de las entidades económicas más exclusivas del mundo para luego dar un vuelco en diez años y decidir que ya tenían suficiente de todo eso. En términos históricos, una generación implicó desarrollo y decadencia.

Otra diferencia importante entre ambos países es el respaldo que tiene Grecia como miembro de la Unión Europea (UE). Mientras que ambos países se convirtieron en víctimas de las políticas de la Guerra Fría, a Grecia le fue mejor gracias a la UE, la misma organización a la que ahora el gobierno griego acusa de extorsión y latrocinio. No obstante, ambos países terminaron en crisis económicas básicamente irresolubles que ellos mismos crearon. El disparador es siempre el mismo: la deuda nacional.

Las sociedades derrochadoras presentan características similares. Tienen instituciones débiles, intereses económicos poderosamente concentrados, poderes judiciales dependientes y líderes populistas. En el caso de Grecia, tan pronto como se pudo, los partidos políticos colonizaron al Estado en la exuberancia de la entrada de Grecia a la UE, en 1981.

El clientelismo, el comportamiento rentista y la promoción de muchos onerosos programas de ayuda social empujaron al país hacia la cima, en términos del desarrollo económico, pero también sirvieron de detonador para la crisis.

El Estado se convirtió en víctima de los intereses políticos, los cuales llevaron al predominio de las políticas partidarias en el manejo de la economía en oposición a las buenas políticas públicas, que hubieran beneficiado a toda la sociedad y preparado el camino para un mayor desarrollo.

Cuando la opción entre un proyecto electoralmente beneficioso y la inversión en desarrollo futuro enfrenta a los políticos, la respuesta siempre es clara. El político que sacrifica el éxito en las urnas en pos del bien común todavía no ha nacido.

De por sí, esta clase de sistema solamente puede detenerse por sí mismo al caer en bancarrota porque no tiene respiro, por decirlo de alguna manera. Los grupos de interés que usan al partido como vehículo capturan al Gobierno y manejan el país creando graves desigualdades.

Estas desigualdades se convierten en el detonador populista por el cual ingresan al centro de la escena los políticos no tan conocidos. Los principales quedan completamente excluidos por el pueblo y así el 2015 se convirtió en Grecia en el año de los partidos integrados por personas poco populares hasta entonces. Claramente los resultados no son buenos.

Los griegos han pasado una generación dependiendo completamente de fondos de la Unión Europea
Por desgracia para Grecia hay una diferencia importante más respecto de la Argentina: es un país pequeño y ya no cuenta con infraestructura industrial. Mientras que la Argentina es una economía orientada hacia la exportación, los griegos han pasado una generación dependiendo completamente de fondos de la UE. Y eso está a punto de desaparecer.

Los argentinos pudieron salvaguardar cierto crecimiento económico y crear una recuperación luego del año 2002, pero volvieron a caer en la trampa del derroche. Ese no es el futuro que aguarda a Grecia. Su salida de la zona del euro se podría relacionar con una caída en el abismo económico.

Se espera que los líderes del país y de la UE entren en razones pero, políticamente hablando, es más beneficioso para todos los involucrados apelar a su electorado, los europeos, castigando a los aparentemente "obstinados griegos", mientras que estos resisten una vez más al imperialismo europeo y defienden su honor asumiendo su responsabilidad.

* Akis Kalaitzidis es de origen griego, profesor de Ciencia Política en University of Central Missouri y especialista en sistema político y relaciones exteriores de la Unión Europea y Estados Unidos - kalaitzidis@ucmo.edu

Traducción: Ángela Atadía de Borghetti

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