La decisión de luchar contra el narcotráfico

La tragedia durante una fiesta de música electrónica en Costa Salguero es otra prueba del avance de la droga y de la necesidad de combatirla
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25 de abril de 2016  

A medida que el poder del narcotráfico crecía como nunca en la Argentina durante la era kirchnerista, disminuían hasta desaparecer los datos y estadísticas oficiales sobre el tráfico de drogas y precursores químicos, dificultando a las nuevas autoridades nacionales la tarea de medir con precisión su exponencial incremento para poder enfrentar este flagelo. En el mismo lapso también desaparecieron las campañas masivas para que niños y adolescentes tomaran conciencia del peligro que entraña la droga.

Un trágico ejemplo del avance de la droga lo vimos en el drama que se desarrolló en la fiesta de música electrónica en Costa Salguero, con cinco jóvenes muertos y cuatro que tuvieron que ser internados debido a sobredosis de drogas sintéticas. Resulta llamativa no sólo la facilidad con que, según los relatos, se vendían las pastillas en el local, sino también la escasa presencia de inspectores del gobierno de la ciudad, pues sólo habrían concurrido tres para un evento que reunió a más de diez mil jóvenes y, según otras estimaciones, a alrededor de 20.000.

Una aproximación a la magnitud del avance de la droga se encuentra en cifras que el actual gobierno nacional incluyó en un informe preliminar efectuado ante la ONU, donde se establece que el costo anual del tráfico y consumo de drogas en la Argentina supera los mil millones de dólares, y señala que el incremento del tráfico coincidió con el aumento de la tasa de homicidios, que creció un 45 por ciento desde 2008.

Tras los 12 años del kirchnerismo y su absoluta falta de reacción ante lo que estaba ocurriendo, la Argentina se convirtió en el tercer proveedor mundial de cocaína y el aeropuerto internacional de Ezeiza es el segundo en el Cono Sur, después del de San Pablo, en los envíos de esa droga con destino a Europa.

Paralelamente, y dado lo desguarnecidas que se encuentran nuestras fronteras, en especial las del Norte, los vuelos de avionetas de narcotraficantes se han vuelto cada vez más frecuentes y audaces. Wilson Maldonado Balderrama, un empresario boliviano dedicado al narcotráfico, enviaba hasta 300 kilos de cocaína en cada vuelo, en paquetes identificados por la W de su nombre de pila. Una vez arrojados o descargados en pistas clandestinas, la sustancia seguía su camino por el resto del país en camiones. El mes pasado cayó detenida una banda de narcotraficantes vinculada con Maldonado e integrada también por un político salteño. Es otro fenómeno que se repite: la estrecha relación entre droga, política y efectivos policiales.

La vulnerabilidad de las fronteras puso nuevamente sobre el tapete la posibilidad de una legislación, que impulsa el nuevo gobierno, para abatir aviones que no se identifiquen y procuren huir desoyendo las señales de advertencia. Eso entraña, al mismo tiempo, la participación de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico, algo que hoy esas fuerzas tienen vedado por ley.

Mientras tanto, la radarización de la frontera norte registra retrasos en Formosa, gobernada por Gildo Insfrán, porque las autoridades provinciales no acondicionaron el predio donde operará un nuevo radar fabricado por Invap. Insfrán fue uno de los gobernadores más fieles a Cristina Kirchner.

En medio de este panorama, hay signos alentadores. Por lo pronto, las nuevas autoridades, lejos de silenciar o minimizar el problema, lo incluyen como tema prioritario a resolver en sus discursos por la gravedad que reviste. En otras palabras, no se niega una realidad por grave y dolorosa que sea. En segundo lugar, las mismas autoridades reiteran su decisión de encarar la lucha como es debido, con decisión y firmeza. "Nosotros no negociamos con narcos y nunca lo vamos a hacer", afirmó el nuevo jefe de la Policía Federal, comisario Néstor Roncaglia, y agregó que se crearán 31 divisiones antidroga de esa fuerza en el interior. También la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se refirió en duros términos a lo que representa el narcotráfico en el Norte, donde, como informó LA NACION, se ha llegado al extremo de canjear droga por semillas.

En 2008, la Argentina se convirtió en el tercer importador mundial de efedrina, sustancia empleada en la elaboración de las llamadas drogas de diseño. El fenómeno de la efedrina se revirtió tras el triple crimen de General Rodríguez y el descubrimiento de que uno de los involucrados en el tráfico de esa sustancia había financiado la campaña presidencial de Cristina Kirchner. Según la diputada Elisa Carrió, el jefe del negocio de la efedrina era Aníbal Fernández, ex jefe de Gabinete y candidato perdidoso a la gobernación bonaerense.

Los primeros pasos se están dando para una lucha que será sin cuartel contra el narcotráfico. Será larga y dura, pero es preciso librarla si queremos ser una sociedad libre.

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