La digestión de una derrota

Gustavo NoriegaPara LA NACION
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29 de julio de 2011  

En 1822, en Michigan, Estados Unidos, un empleado de una compañía de abrigos de piel, Alexis St Martin, sufrió accidentalmente un disparo de mosquete en el estómago. De la herida salieron pedazos del órgano, así como comida en proceso de ser digerida. Le salvó la vida un médico, el Dr. William Beaumont, con quien estableció, a partir de ese momento, una curiosa relación. A St Martin le quedó una fístula que nunca terminó de cerrar a través de la cual Beaumont pudo observar a lo largo de muchos años -de modo directo y extrayendo muestras- el proceso digestivo. Mucho de lo que se sabe sobre el funcionamiento del estómago y la descomposición del alimento en sus elementos nutricios se debe a estos legendarios estudios.

La derrota del kirchnerismo en la ciudad de Buenos Aires, a manos de Mauricio Macri y por un margen mucho mayor de lo que se esperaba, permitió un espectáculo similar al de las vísceras de Alexis St Martin: la posibilidad de ir viendo en vivo y en directo cómo se digería la derrota. Lo que se pudo apreciar fue, como en el caso de aquel heroico estómago, desagradable y apasionante. En los días posteriores al resultado comicial, las fuerzas del gobierno nacional, que apoyaban la candidatura del senador Daniel Filmus, no sólo no pudieron unificar un discurso, sino que se dirigieron en sentidos opuestos. Un grupo, representado por el propio candidato, entendía que la tarea más urgente era seducir con buenos modales a quienes no habían votado por él. Representando lo reprimido que sale a la conciencia sin pedir permiso, otros adherentes y funcionarios se dedicaron a descalificar violentamente a los votantes que prefirieron al actual jefe de gobierno.

Aníbal Fernández, el publicista oficial Fernando Braga Menéndez y, desde un lugar más inorgánico, Fito Páez, surgieron como El otro yo del Dr. Merengue , aquel personaje de historieta que ponía en palabras lo que el atildado Dr. Merengue no se atrevía a decir. El tema no terminó ahí porque representantes del primer grupo decidieron criticar al segundo y viceversa. Si seguimos las reacciones a los resultados, vemos que su sucesión responde fielmente al manual del duelo: primero, la negación; luego, la ira. Como la siguiente etapa corresponde a la negociación -mala palabra para el oficialismo-, allí se abandonó la ortodoxia y lo que siguió fue el caos.

En el primer día, el de la negación, el discurso público rescataba lo poco que podía decirse de bueno para las fuerzas oficialistas: que el Frente para la Victoria entraba al ballottage, que era su mejor elección en Capital en su -reconozcamos- corta historia y que con resultados similares, en 2007, el kirchnerismo finalmente ganó las elecciones nacionales. Haciéndose eco de las palabras de Filmus en la noche de la derrota, al día siguiente, una nota publicada en Tiempo Argentino era titulada: "Cristina, la ganadora". El análisis de Página/12 de ese mismo día, a su vez, encontraba entre los ganadores de la jornada no solo a la Presidenta, sino, insólitamente, a Juan Cabandié, de muy magra cosecha.

Sin embargo, a pesar del discurso optimista, nadie festejaba. El festival de buenas noticias autoimpuesto duró un día. El martes, irrumpió Fito Páez y con él desapareció la negación y surgió la ira. Para colmo, en dos etapas, lunes y viernes, apareció otro invitado sorpresa: el examen de ADN de los Noble Herrera. El resultado, contrario a los intereses gubernamentales, fue profusamente comentado en los programas oficialistas, tanto como silenciado en las esferas de poder. Luego se sucedieron otros temas: la sorpresiva elección de Miguel del Sel en Santa Fe, el tercer puesto de Agustín Rossi, la delirante apuesta por reformar el fútbol. Lentamente, Daniel Filmus, que nunca pudo imponer su agenda en la primera vuelta, fue desapareciendo de la discusión para la segunda.

Así, en los días posteriores a los comicios, circuló en el discurso público kirchnerista desde la celebración de una victoria inventada hasta quien llamó nazi al gobierno de Macri, pasando por afiches que muestran un corazón enorme -como si publicitaran el Día de los Enamorados o la Semana de la Dulzura- invitando a votar por Filmus. También se dijo desde el programa 6,7,8 que Fito Páez era atacado injustamente mientras se celebraba el llamado a la concordia de Filmus. Desde Carta Abierta, se hablaba del programa de la TV pública con la expresión "imbecilidad estructural". En los blogs, se culpaba a La Cámpora, salvo los relacionados con La Cámpora, que cuestionaban a Filmus. Las elecciones de Santa Fe repitieron el ciclo de negación (Aníbal Fernández) e ira (Horacio González).

Visto a través de las ventanas de Carta Abierta, 6,7,8 y los blogs K, el proceso digestivo kirchnerista tiene, entonces, todas las características de un caos. Lejos de los relatos paranoicos que hablan de un cuerpo rentado de militantes que reciben instrucciones desde lo alto del poder para unificar sus discursos, el kirchnerismo muestra, ante sus primeras derrotas en la era mitológica, una casi anárquica pluralidad de voces opuestas entre sí, descalificadoras hacia afuera y hacia adentro.

Para quien estuviera acostumbrado a ver 6,7,8 como expresión del kirchnerismo, los videos de la discusión de los miembros de Carta Abierta en la Biblioteca Nacional impresionan no sólo por sus críticas al interior sino por desplazar del centro del sistema solar al Grupo Clarín. Efectivamente, los veteranos militantes, comandados por Horacio González y Ricardo Forster, se animaban a discutir la planificación política de una manera en la cual los errores propios no eran adjudicados a Héctor Magnetto, sino a su propio candidato por su anémica campaña y a los programas como 6,7,8 , que no permiten hablar "a quienes nos van a votar". Es cierto que en ese espacio de intelectuales ha recibido más críticas Filmus que Guillermo Moreno, y que ha sido la derrota la impulsora de la revisión, pero, aun así, representa una forma de pensar menos cristalizada que la de sus colegas de la televisión pública.

Por su parte, 6,7,8 , haya o no elecciones, no tiene mucho más lugar en su emisión diaria que para el culto a la personalidad y la relación enfermiza con Clarín. Como muestra, para lo primero basta consignar que un par de días después de las elecciones porteñas una de las "buenas noticias" que mostró el programa fue que Máximo Kirchner iba a ser padre. El título de la nota era éste: "La abuela más linda del mundo". Con respecto a lo segundo, la "ceguera nacional y popular" del programa lo lleva a descartar cualquier razonamiento sobre la realidad del país que no pase por el desenmascaramiento de la "prensa hegemónica". Obsesionados por el relato, lo que suceda en la vida real afecta muy poco los análisis de informes y panelistas. Da lo mismo que la muestra de ADN dé un resultado o el opuesto, o que la distancia en las elecciones sea de uno o veinte puntos. En todos los casos, una socarrona indignación con los medios explica todo lo que hay que explicar.

El único momento en que Filmus recuperó cierto protagonismo en 6,7,8 fue gracias a quienes instrumentaron una campaña de llamadas telefónicas que lo desacreditaban y asociaban ruin y falsamente a su padre con Sergio Shocklender. Con el método asociativo libre que les es característico, el zócalo del informe del programa sintetizaba: "Las tres M: Murdoch-Magnetto-Macri".

Cuando el paciente del Dr. Beaumont, en los legendarios estudios del siglo XIX, tenía un acceso de furia, el médico observaba en su jugo gástrico una bilis amarilla que mostraba "el efecto de la pasión violenta en el aparato digestivo". La conexión entre mente y digestión en el kirchnerismo, en cambio, es imposible de verificar, ya que el corte entre el discurso público y la toma de decisiones es radical. Nada de lo que se discuta entre las paredes de la Biblioteca Nacional, los blogs K o los programas de televisión incondicionales parece tener el menor efecto de abajo hacia arriba.

El kirchnerismo es un mar de gente que discute políticas en abstracto y obedece y justifica decisiones en concreto. Esas decisiones son tomadas en la más extrema soledad del poder y presentadas a la militancia a libro cerrado. La puesta en escena de la elección del candidato a jefe de gobierno, con los tres candidatos sentados frente a la Electora esperando su decisión, o el anuncio del elegido para candidato a vicepresidente a lo Gran Hermano, son mensajes a la sociedad, pero también a los partidarios: ustedes hablen que yo decido.

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