La diplomacia de las presiones

Más allá del encuentro de Obama y Cristina Kirchner, en el que se reencauzó la relación bilateral, el Congreso norteamericano sigue siendo el escenario de reclamos para que la Argentina honre lo que se le reclama en el exterior: que pague por fin todas sus obligaciones financieras
Silvia Pisani
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20 de noviembre de 2011  

WASHINGTON

En una sala del Capitolio, con vista desde lo alto de la colina de Washington, el diputado Donald Manzullo eleva los ojos al cielo de otoño, tratando de hacer memoria.

La Nacion le acaba de preguntar si su proyecto para sancionar a la Argentina como herramienta de presión para que el país pague sus compromisos internacionales representa la primera vez que, en sus 19 años de carrera parlamentaria, se ocupa de este país al que nunca ha visitado.

Mientras piensa se oye, como un eco, el taconeo de empleados y legisladores que se mueven por los pasillos con piso de mármol. Cientos de cuestiones se tratan a diario bajo la enorme cúpula del edificio. "No estoy seguro, pero… sí… es probable que esta cuestión sea la primera que encaro referida a la Argentina", dice, por fin, este republicano nacido en Illinois hace 67 años.

El no parece asombrarse de su raro debut con nuestro país. Y eso resulta curioso, si se tiene en cuenta que Manzullo se ocupa, preferentemente, de Medio Oriente y el sudeste asiático, cuyo subcomité regional específico lidera. Sin embargo, eso no le quita "preocupación" por la posibilidad de que el "mal ejemplo" de la Argentina sea imitado por otros países, algo que, según dice a La Nacion, hay que impedir a toda costa.

"Cuando uno contrae deudas debe pagarlas. Cuando uno contrae obligaciones, debe cumplirlas. Y punto", afirma. Asegura que eso fue lo que sostuvo puertas adentro del subcomité de Política Monetaria Internacional y de Comercio, que también integra, antes de reclamar al gobierno de Obama que tome cartas en el asunto y se deje de financiar, con el dinero de los norteamericanos, a países que no honran sus compromisos. Entre ellos, el nuestro.

La presión no parece haber caído en saco roto. El propio Obama aprovechó su reciente encuentro con Cristina Kichner para "subrayarle" la importancia de que la Argentina asuma sus compromisos internacionales y genere un clima de inversión "transparente y justo", según reveló La Nacion esta semana, al acceder a información originada en el Departamento de Estado.

No se trata de que la versión norteamericana de lo que ocurrió en ese cara a cara diste del almibarado relato que hicieron funcionarios argentinos. El punto, en todo caso, estriba en que, en una mezcla de diplomacia y presión, el dato ratifica una vez más hasta qué punto los "incumplimientos" financieros de la Argentina siguen siendo tema en la relación entre los dos países.

Pero, ¿de qué estamos hablando? En esta capital, a la Argentina se le atribuyen incumplimientos en varios frentes, pero no todas las voces ponen énfasis en el mismo asunto.

Los legisladores, por caso, se suelen hacer eco, sobre todo, de dos cuestiones: el reclamo de pago de los tenedores de deuda en default y el de las empresas norteamericanas Azurix y Blueridge que, desde hace años, intentan cobrar fallos en su favor producidos por el tribunal arbitral del Banco Mundial (Ciadi).

Para ellos, la cuestión es lógica: ven el asunto como un perjuicio a ciudadanos norteamericanos cuyos intereses tienen que defender. Son ellos quienes los eligen y aquí el lazo entre votante y legislador es directo y no diluido por los pliegues de las listas sabana o de las "colectoras" de votos.

Las cifras no son definitivas. Pero fuentes argentinas estiman una deuda de unos 8000 millones en bonos no pagados y de otros 300 para los dos fallos que se reclaman.

El Departamento del Tesoro, en tanto, no habla tanto de los bonistas y sí de las cuestiones pendientes ante el Ciadi y de los reclamos para llegar a un acuerdo con el Club de París (otros 7000 millones de dólares). También subraya la necesidad de acatar el reglamento de socio del Fondo Monetario Internacional (FMI) y permitir la comprobación de las estadísticas oficiales.

"Nosotros no hacemos diferencia. Un país serio debe cumplir con todo aquello a lo que se compromete", dijo a La Nacion el republicano Robert Dold, otro de los diputados firmantes del proyecto, junto al titular del subcomité para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes, Connie Mack.

Se cumplen ahora ya treinta meses de gobierno demócrata en los que el Congreso norteamericano ha sido escenario de presiones para que la Argentina honre lo que aquí se le reclama. A diferencia de lo que sucede en nuestro país –donde el Poder Legislativo retrocede cada vez más ante el Ejecutivo– aquí la voz parlamentaria puede tener fuerte peso a la hora de elaborar políticas.

"Una particularidad del sistema norteamericano es que el Congreso puede tener opinión muy propia en materia de política exterior y eso significa que no siempre comparta la que lleva adelante el Poder Ejecutivo", dijo Ralph Brandstorm, de la Universidad de Texas.

"No se trata de que un sistema sea mejor que otro, pero lo cierto es que eso ha permitido cursos importantes en la historia, como la suspensión del financiamiento para la guerra en Vietnam o para la represión contra los insurgentes en Nicaragua", acotó.

Esa posibilidad –potencialmente capaz de enmendar y equilibrar a los gobiernos centrales– abre también la puerta a la acción de grupos de presión que tratan de influir en la acción de los legisladores. El gobierno de Cristina Kirchner está convencido de que eso es lo que ocurre con los reclamos en el Capitolio: "Eso es culpa de los lobbys que pagan miles de dólares", fue el latiguillo del ex embajador en Washington y hoy canciller, Héctor Timerman.

Durante su gestión en esta ciudad, fuentes argentinas atribuían especial efecto a la presencia de la American Task Force Argentina (ATFA), una entidad que agrupa a tenedores de bonos de deuda en default. Aseguraban que detrás estaban los llamados "fondos buitres" y su posibilidad de apoyo financiero a la campaña política de legisladores.

"No es tanto que la Argentina tenga enemigos en el Congreso sino que, más bien, le faltan amigos", sintetizó ante La Nacion un asesor parlamentario. Aludió así al hecho de que, en todos estos meses, no apareció parlamentario interesado en comprender los argumentos del "modelo" en la materia. Y si los tuvo en el terreno político, la amistad no resistió la excursión al escenario del comportamiento financiero.

Por caso, fue curiosamente un legislador demócrata al que Timerman había definido como "amigo de la Argentina" el que presentó en la Cámara de Representantes el primer proyecto para sancionar al país. Se trata del demócrata neoyorquino Eric Massa, quien hasta solía frecuentar las degustaciones de vino en la sede diplomática, antes de verse obligado a abandonar la política por un escándalo de acoso sexual.

Con el apoyo de otros seis demócratas, Massa presentó, en mayo de 2009, una iniciativa para impedir que los Estados deudores (la Argentina, entre ellos) se financien en los Estados Unidos.

Desde aquel primer embate, hace ya dos años y medio, la cuestión de la deuda argentina ha estado presente en el Capitolio de un modo u otro. Con la agravante de que hoy tiene promotores en ambas cámaras. "El reclamo se va generalizando y empieza a ser efectivo", admiten fuentes argentinas, convencidas de esa presión fue la que llevó al gobierno de Obama a aplicar una política de sanción crediticia a la Argentina.

Eso viene ocurriendo desde septiembre, en que el Departamento del Tesoro empezó a votar en contra de los préstamos que se gestionan ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM). En dos meses –y pese a al encuentro bilateral de Obama y Cristina– los Estados Unidos se opusieron a cuatro créditos por un total de 300 millones de dólares, aunque fueron aprobados con el aval de otros países miembros.

Las sanciones podrían extenderse al terreno comercial. De acuerdo con información oficial a la que accedió La Nacion, la administración demócrata "ahora estudia" la posibilidad de expulsar al país de los beneficios del sistema de preferencias arancelarias, que beneficia con 30 millones de dólares anuales a productores argentinos. Así lo informó la designada secretaria adjunta para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, en respuesta a reclamos del republicano Richard Lugar, el "número dos" del estratégico Comité de Asuntos Exteriores del Senado.

Más allá de las características de la puja, en fuentes argentinas se admite que el tema seguirá instalado hasta que haya una solución. Y que el riesgo es que la presión avance y extienda su efecto. "Las explicaciones ya empiezan a convertirse en excusas inaceptables", dijo Manzullo.

–¿Le molesta que se piense que Usted es algo así como un enemigo de la Argentina? –le preguntó La Nación durante la conversación referida al comienzo de este relato.

–No tienen por qué verlo así porque no es cierto. Yo hago esto porque es lo correcto. No soy enemigo de nadie sino defensor de los intereses y del dinero de los contribuyentes norteamericanos –contestó. Y se despidió: tenía que presidir un encuentro sobre "La alianza entre los Estados Unidos y Corea del Sur".

CRONOLOGIA

UN VINCULO MARCADO POR LAS TENSIONES

21/7/2011

Pedido

El republicano Connie Mack pide que la Argentina sea removida del listado de países que reciben fondos del Departamento de Estado.

27/9/2011

Sanción

Con Cristina Kirchner en la ONU, EE.UU. sanciona a la Argentina con el voto en contra de sus créditos en organismos multilaterales.

4/11/2011

Llamado de atención

Obama se reúne con Cristina Kirchner y le "subraya" la importancia de pagar a los acreedores.

8/11/2011

Voto negativo

Estados Unidos vuelve a votar en contra de dos créditos para la Argentina.

9/11/2011

Ofensiva

El "número dos" del Comité de Asuntos Exteriores del Senado, Richard Lugar, se suma a la ofensiva contra la Argentina.

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