La dirección del crecimiento

Por Fernando Diez Para LA NACION
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22 de enero de 2002  

¿Cómo resolverán las naciones más adelantadas los problemas ambientales que tienen? Responder a esta pregunta no parece necesario para las que, como la nuestra, son incluidas entre las naciones "en desarrollo", o todavía menos para las que son llamadas "no desarrolladas". Sin embargo, no responder a esa pregunta tiene la fatal consecuencia de orientar nuestros esfuerzos a un punto que, en el momento en que lo alcancemos, estará en el pasado de las naciones más avanzadas. Contestar esa pregunta nos permitiría fijar la dirección de nuestra transformación tomando como destino, no la actual posición de los países desarrollados, sino aquella en que aspiran a encontrarse dentro de una o dos décadas.

De otra forma estaríamos aceptando como indicadores de nuestro progreso la lluvia ácida, la contaminación de los suelos, la sobredependencia del automóvil, las consecuentes emisiones exacerbadas de dióxido de carbono, el derroche de energía, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación de los ríos y el exceso de residuos. Baste como muestra que uno de los indicadores de desarrollo aceptados es el aumento de los residuos domiciliarios, y su marcado incremento es interpretado como razón de festejo para cualquier gobernante y señal de un mercado en crecimiento para las empresas productoras de bienes de consumo.

El problema de la modernización encierra estas paradojas, tanto más duras para los países que estan intentando revertir un desempleo crónico y tratando de incorporar más y más gente al grupo de los consumidores. Porque en la medida en que logran modernizar sus industrias, esa tecnificación tiene siempre como resultado la disminución de la mano de obra necesaria para una misma producción. Este efecto llega a tal extremo, que hoy es posible entrar en enormes naves industriales del tamaño de una cancha de fútbol y no ver más que dos o tres personas trabajando. Cuanto más se tecnifica la industria, menos operarios necesita, y esto también es cierto respecto de la automatización e informatización de los procesos administrativos.

El verdadero objetivo

Muchos opinan que atender a los problemas ambientales implica una demora y una traba para el crecimiento. Son los que no comprenden que el objetivo de ese crecimiento es mejorar la calidad de vida y no simplemente incrementar la actividad económica. Tampoco comprenden que no sobra mano de obra, sino que la mayor parte del trabajo, que es el tratamiento y reaprovechamiento de los efluentes, no está siendo realizada. Puesto que hoy el problema no se reduce a la esfera de la producción y el consumo, debe agregarse la adecuada disipación de los efectos de esa actividad, sean el calor y los gases de la energía consumida, los residuos líquidos o los sobrantes sólidos.

Mientras nosotros nos esforzamos por multiplicar los envases descartables y poblamos los alrededores de nuestras ciudades de bolsas de nailon y basurales, países como Alemania se esfuerzan por reducirlos. El ahorro que produce la vajilla descartable no significa sólo la pérdida de una calidad de vida: también es proporcional a la cantidad de puestos de trabajo que suprime. Si sólo en los países ricos la gente puede darse el "lujo" de comer en verdaderos platos de loza, deberíamos hacer pagar el verdadero costo de su desperdicio a lo descartable y con ello no sólo preservaremos ese "lujo" para nuestros camioneros y simples empleados: también preservaremos puestos de trabajo evitando caminar en una dirección que, tarde o temprano, deberemos desandar.

Comprender que atender los problemas ambientales no demora el desarrollo sino que nos acerca más rápido a la calidad de vida a la que aspiramos significa proteger las buenas prácticas y, si no castigar, al menos hacer pagar su verdadero costo a las malas. Esto significará no sólo medir la productividad de la máquina, sino también su limpieza. La eficiencia debe medirse sobre todos los resultados del proceso productivo, los deseados y los indeseados, el producto y el residuo.

Tal decisión ampliaría el sector de los servicios, sector del que se espera que pueda aumentar la capacidad de generar empleo en la misma medida en que la automatización de la producción lo reduce.

La mesa bien servida, la cocina artesanal, los productos orgánicos, aire sano, ríos de agua limpia, buenos maestros, deporte y salud para todos, son "lujos" que deberemos saber conseguir y preservar si deseamos desarrollarnos con empleo para todos.

El autor es arquitecto, especialista en desarrollo urbano y medio ambiente, profesor en las universidades de Buenos Aires y Palermo.

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