La ecología es más negocio

Juana Libedinsky
(0)
11 de mayo de 2003  

A pocas cosas le tengo tanto miedo como a la dueña de mi edificio. Como fui la última inquilina en llegar, cada vez que alguien se equivoca tirando algo que debe ser reciclado en las bolsas de basura, me echa la culpa (Sí, no sólo ella las revisa, sino que la ciudad de Nueva York las revisa también, y nos pone multas espantosas al mínimo error).

Unos meses atrás, sin embargo, la situación se simplificó. Aduciendo que era lujo ambientalista imposible de mantener para una ciudad en crisis fiscal, el programa de recolección separada de plástico y vidrio fue restringido.

Pero ahora, lo quieren de vuelta. Y, paradójicamente, quienes están a la cabeza no son unos idealistas verdes pensando en salvar el planeta de la contaminación de los basurales sino los mismos políticos supuestamente pragmáticos responsables de su desaparición.

Cuando el alcalde Michael Bloomberg suspendió la medida, argumentó que incinerar o usar esa basura para relleno ahorraría a la ciudad unos cuarenta millones de dólares por año. Sin embargo, hasta ahora no se encontró evidencia de que sea así y, por el contrario, varias compañías encontraron un nicho ofreciendo reconstruir el programa de reciclaje en los mejores términos fiscales jamás ofrecidos.

Al mismo tiempo, los dueños de los terrenos que se rellenaban, al verse desbordados de basura, aumentaron el precio que le cobran a la ciudad. Una combinación explosiva: ya se apuesta a que vuelve el reciclado. Y nuevamente me recorrerá un sudor frío cada vez que pase por la puerta de la temida señora Moffitt.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.