La entrevista Alfonsín-Cavallo

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27 de octubre de 2000  

La entrevista que sostuvieron anteayer el ex presidente Raúl Alfonsín y el diputado nacional y ex ministro de Economía Domingo Cavallo constituyó un saludable aporte a la consolidación de la estabilidad política. Debe celebrarse que dos importantes dirigentes de la vida nacional -más allá del grado de aceptación que obtengan hoy sus respectivos puntos de vista- hayan dado un estimulante paso hacia la superación de los resquemores y prejuicios que hasta ahora los habían separado.

Por la creciente influencia del factor mediático en la conformación de los liderazgos políticos y sociales, el escenario de la vida pública argentina está hoy habitado por dos tipos de dirigentes: los que ejercen la conducción de partidos históricos voluminosos, fuertemente arraigados en el imaginario colectivo y establecidos en toda la extensión del territorio patrio, y los que son admirados o reconocidos por su concentrado prestigio personal, aunque estén sustentados sobre estructuras partidarias pequeñas.

El país los necesita a unos y a otros. No se puede prescindir del liderazgo de quien ejerce un ascendiente personal vigoroso y directo sobre los sectores medios de la población y tampoco se puede soslayar a los líderes que simbolizan la unidad de las viejas fuerzas partidarias sobre las cuales reposa, en gran medida, el sistema político.

Cuanto se haga para evitar que se genere un distanciamiento insalvable entre las personalidades con predicamento individual y los hombres que orientan las grandes estructuras orgánicas partidarias será siempre de alto valor para el afianzamiento de un sistema político e institucional sano y viable.

Otros países pagaron un alto precio por el divorcio que se fue estableciendo entre los partidos históricos y los requerimientos de una opinión pública que ya no tolera ser gobernada sólo en nombre de consignas emocionales y exige, cada vez más, racionalidad y eficiencia en la elección de las figuras convocadas a los principales cargos de la estructura delEstado.

Alfonsín y Cavallo representan estilos y tradiciones muy diferentes en la vida pública argentina. EnAlfonsín se reconoce al líder que presidió la restauración democrática en 1983. En Cavallo, al artífice de las profundas reformas estructurales que modernizaron la economía argentina en la primera mitad de la década del 90. Más allá de los reparos que algunos sectores puedan formularles al abrigo de la diversidad y el pluralismo que admite y reclama la democracia, el encuentro entre el ex presidente y el ex ministro constituye una señal de madurez que es de esperar marque el punto de partida de una tendencia creciente a privilegiar el diálogo constructivo y a establecer, así, una nueva manera de entender la política, superadora de los desencuentros paralizantes e infecundos.

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