La experiencia educativa de la selección alemana

Luciana Vázquez
Luciana Vázquez PARA LA NACION
A 2011, el alumnado era de algo más de 5000 chicos, un puñado para un deporte que atrae a millones
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17 de julio de 2014  • 00:30

¿Existe alguna relación entre el alto desempeño deportivo y la performance escolar y académica de los deportistas? Más precisamente, ¿tiene algo que ver lo bien que le va en la escuela a un joven jugador de fútbol con su buen desempeño en el campo de juego? ¿Tiene algo que ver la posesión de buenas credenciales educativas con la performance del futbolista en la cancha? Según parece, tiene mucho que ver. Incluso, todo, a veces. Al menos así funcionó en el caso de la selección alemana de fútbol, que encontró en la educación formal con calidad de sus jugadores un aliado inesperado para cambiar el destino de sus ligas y su seleccionado nacional, que hace 14 años atravesaban sus horas más críticas.

La selección alemana encontró en la educación formal con calidad de sus jugadores un aliado inesperado para cambiar el destino de sus ligas y su seleccionado nacional

La historia es la siguiente: en principio, lo que ya sabemos. Que en 2000, la selección alemana hacía papelones en la Eurocopa. Que entonces la Bundesliga, con sus 36 clubes, y la Asociación Alemana de Fútbol (DFB por sus siglas en alemán) aceptaron que tenían un problema, llegaron a un diagnóstico, construyeron una visión del futuro, imaginaron una estrategia para alcanzarla e invirtieron 520 millones de euros en 10 años para lograrla. Y lo hicieron.

Para la Bundesliga, eso se llamó "Academias de fútbol". Para la DFB, "Programa para la formación de talentos" al inicio y hoy, "Programa para el desarrollo de la juventud". En cualquier caso, el foco en la excelencia académica y la alianza fútbol-sistema escolar, desde jardín de infantes hasta el final de la secundaria, fueron piezas clave de la fórmula del éxito que los alemanes encontraron hace 13 años para estar entre los mejores en fútbol. Rarísimo.

"La escuela es lo más importante, después viene el fútbol". No es un pedagogo nostálgico de los valores educativos puros el que fijaba estas prioridades en 2013. Al contrario: quien lo afirmaba ante The Guardian era entonces el mismísimo director de Deportes de la mismísima DFB, Robin Dutt, que tenía a su cargo el programa de talentos. Lo decía Dutt y no para ser políticamente correcto.

El "Programa para el desarrollo de la juventud" de la DFB acompaña paso a paso a los chicos alemanes desde el jardín de infantes hasta que terminan el secundario. Además de los clubes y los "centros de excelencia" futbolística, la DFB busca influir en los jardines de infantes y la escuela primaria para, en línea con los intereses del sistema educativo, crear hábitos saludables y enseñar a disfrutar del deporte a chicos entre 3 y 10 años. En primaria, además, la DFB formó a 20.000 maestros y maestras en rudimentos de entrenamiento de fútbol. La idea es incentivar la práctica de fútbol en la escuela y así, expandir la cantera de la que sacará más adelante los talentos.

Desde los 11 años, unos 14 mil chicos, los que tienen talento para desarrollar y también aquellos quinceañeros que ya se han convertido en talentos indiscutidos, siguen los programas de "Desarrollo de talentos" y "Promoción de elite", que llevarán a unos pocos a integrar los equipos de la Bundesliga. En secundaria, la alianza es con las 28 escuelas de elite con foco en fútbol acreditadas por la DFB.

De hecho, 5 jugadores alemanes del Mundial 2014 son egresados de alguna de las escuelas de elite. Me refiero a Draxler, Kroos, Hummels, Tasci y Özil. Antes, se habían formado en alguna de las academias de la Bundesliga.

Hay que dejar afuera las comparaciones con lo que conocemos en la Argentina como escuelas de fútbol. Las academias de fútbol de la Bundesliga son completamente otra cosa.

Es un sistema de 36 educativas de excelencia en fútbol, una por cada club de la liga. Son, además, instituciones de elite: sólo ingresan chicos de entre 11 y 18 o 19 años, aunque hay academias que reciben chicos desde los 8 años, cuidadosamente escogidos por su potencial futbolístico. A 2011, el alumnado era de algo más de 5000 chicos. Un promedio de unos 150 chicos por academia, un puñado para un deporte que atrae a millones de chicos y adolescentes.

Más de la mitad, el 52 por ciento, de los más de 500 jugadores que hoy juegan en la Bundesliga en clubes como el Bayer Munich se educó en las academias. El autor del único gol del partido Alemania versus Argentina, el joven Mario Götze, por ejemplo, entró a la academia del Borussia Dortmund en 2000, a los 8 años y debutó en el fútbol profesional a los 17 años, cuando todavía estaba en la secundaria. El arquero Manuel Neuer tenía 15 años cuando la Bundesliga lanzó el nuevo sistema de educación en fútbol. Terminó con un título secundario superior en educación técnica. Müller, Lahm, Schweinsteiger y Khedira también se educaron en las academias.

Insisto: no se trata simplemente de entrenamientos y clases de fútbol. Al contrario, las academias de la Bundesliga están estructuradas sobre una serie de principios educativos en serio que moldean todo su programa.

Los dirigentes futbolísticos alemanes insisten con conceptos propios de pedagogos como educación en fútbol, calidad educativa, evaluación o incentivos educativos

Los dirigentes futbolísticos alemanes insisten con conceptos propios de pedagogos como "educación en fútbol", "calidad educativa", "evaluación", "incentivos educativos", "graduados de las academias", con el staff de entrenadores-docentes como piezas clave. Y el programa educativo, de inmersión total con los alumnos pupilos, se organiza en un doble carril, futbolístico por las mañanas, los fines de semana y todas la horas que los campeonatos de alto rendimiento exijan y escolar, el resto del tiempo. "Les damos dos educaciones", afirmaba Dutt.

Los alumnos-futbolistas siguen su primaria y secundaria a pesar de la presión creciente, con la edad, de los torneos oficiales. Los acuerdos de cooperación de las academias con las escuelas de su zona de influencia son centrales en su estrategia y definen buena parte de los puntajes a la hora de las evaluaciones externas a las que son sometidas.

"No descuides la escuela". Dice un cartel en los vestuarios de la Academia Leverkusen, donde también se ven paneles con los promedios de las notas escolares de los equipos y un ranking de los promedios individuales.

"Tiene que ser posible combinar una carrera futbolística en la Bundesliga con los exámenes de acceso a la universidad". Así lo afirmaba en 2011 el entonces presidente del Comité de Academias y actual COO de la Bundesliga, Andreas Rettig, en un informe de balance, a 10 años del lanzamiento de las academias. Rettig llevaba así más lejos la pretensión académica -en sentido educativo escolar- de la estrategia de mejora del fútbol alemán.

Las últimas estadísticas confirman que están alcanzado su objetivo. El porcentaje de chicos de las academias que van a los exigentes gymnasium –las secundarias con perfil preuniversitario que habilitan para tomar el examen Abitur o Nivel A, que es requisito para entrar a la universidad- es mayor que el promedio nacional, que es un 25 por ciento. En las academias de la Bundesliga, en cambio, cerca del 44 por ciento termina el secundario en un gymnasium.

Además, el porcentaje de graduados del secundario en general dentro de las academias supera el promedio nacional, ya de por sí alto con una tasa de graduación del secundario para Alemania del 92 por ciento. Eso en un sistema educativo de rendimiento buenísimo, rankeado en la posición 16 en PISA.

No es por mero altruismo tanto foco en lo escolar por parte de un programa que busca, en definitiva, jugadores de elite. Los dirigentes alemanes están convencidos de la relación entre alto desempeño deportivo y alta performance escolar. "Hemos observado que el éxito en la escuela resulta en buenos desempeños en el campo de juego", decía el doctor en Psicología y director de la Academia Bremen, Huwe Harttgen, en el informe sobre el trabajo de las academias después de una década. Los resultados surgen de una encuesta llevada adelante por la Universidad de Bremen. El desarrollo de la autoestima y la confianza que acarrea el éxito escolar redunda también en el fútbol. De ahí que el apoyo escolar sea una parte clave en la formación de talentos. O en palabras de Dutt: "En definitiva necesitamos jugadores inteligentes".

Hay otro motivo para tanto énfasis en la escuela. "Responsabilidad social", dicen los dirigentes alemanes. Lo tienen claro: serán unos pocos entre las decenas de miles de chicos que se forman en todos los programas de talentos los que finalmente alcanzarán un lugar en el fútbol profesional. La mayoría debe encontrar otro medio de vida. Y el título secundario es la llave hacia el mundo del trabajo.

Queda claro: en el fútbol alemán modelo 2014, los esfuerzos de excelencia e inclusión futbolística, como me gusta llamarlo, van de la mano de la inclusión escolar y la excelencia educativa. Y la estrategia educativa en sentido amplio -futbolístico-académico- da resultados.

¿Qué pasaría si el sistema escolar se aliara con el sistema futbolístico en la Argentina como sucedió en Alemania?

Lo sabemos de memoria: los sistemas escolares tienen dificultades a la hora de tentar adolescentes. Sobre todo, de retenerlos. En la Argentina, entre los chicos vulnerables, el 20 por ciento más pobre, la tasa de graduación de secundaria a 2011 era del 39 por ciento. Es decir, el 61 por ciento de los chicos de menos ingresos no terminan el secundario. Las razones son múltiples pero no es menor una desconexión entre las exigencias y los conocimientos que se dan en la escuela y los intereses reales de los chicos. ¿Qué pasaría si el sistema escolar se aliara con el sistema futbolístico en la Argentina como sucedió en Alemania?

Parece tener cierto sentido. A lo mejor, de la asociación entre los esfuerzos de los gobiernos por mejorar la educación y sus mecanismos de inclusión y calidad por un lado y los intereses futbolísticos de organizaciones como la AFA por el otro, sale algo más interesante para la Argentina y su destino de largo plazo que Fútbol para Todos. O surge algo más constructivo que dejar que los chicos "especten" –sí, "espectar" es el nuevo verbo de los funcionarios expertos en educación deportiva- el Mundial en horario de clase. No sé si para ganar el Mundial 2018. Pero quizás sí, para sumar más chicos al nivel secundario, para que no abandonen antes de terminar y para inyectar, quizás, algún horizonte en nuestro sistema educativo que logre atraer el interés de los chicos hacia la educación. Y en una de esas, de pasada, descubrir la fórmula educativa perfecta para "fabricar" más Messis. O más Mascheranos. ¿Por qué no?

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