La fábula de Lavezzi y el DT acostumbrado

Diego Sehinkman
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29 de junio de 2014  

Ilustración: Alejandro Alvarez
Ilustración: Alejandro Alvarez

Lo vi nervioso (a Sabella) y quise descomprimir. No creo que se haya enojado, ahora le voy a preguntar, pero ya está acostumbrado."

¿Qué es lo más grave de la declaración del jugador de la selección argentina Ezequiel Lavezzi? ¿Que haya sepultado la autoridad de un técnico, tirándole agua en la cara frente a las cámaras? No. Lo grave es que Lavezzi haya contado que Sabella está acostumbrado. O sea, resignado, sometido. ¿Y si en realidad Sabella somos todos? ¿Cuántos chorros nos bancamos en la cara?

Hoy día sabemos que fue una farsa. Pero en la primavera cristinista de 2011, ¿qué cantidad de argentinos concurrieron al festival de Boudoustock a verlo tocar la guitarra al vice? ¿Cuántos millones creyeron en su flower power? Confiado por los aplausos, el artista pasó la gorra demasiado a la vista entre algunos empresarios para comprar Ciccone.

Error de músico amateur. Ahora el juez Lijo comprobó, con los datos brindados por la Dirección Nacional de Migraciones, que Guido Forcieri (ex jefe de gabinete del Ministerio de Economía durante Boudou), Núñez Carmona y Vandenbroele viajaron juntos a Brasil en 2011. Aquí hay dos revelaciones: la primera, que Forcieri, ex funcionario de Boudou, estuvo con Vandenbroele, a quien el vicepresidente siempre dijo no conocer. Y la segunda y más importante, que a Boudou le van soltando la mano. ¿Migraciones, brindando información comprometedora para el vice? Sí. ¿Y de quién depende Migraciones? Del Ministerio del Interior y Transporte. ¿Y quién maneja ese ministerio? Alguien que fue acusado por Boudou de ser uno de los "machos del off". Lo que es tener oído absoluto: hoy el vice se aleja de la guitarra y se acerca al pianito.

7 de noviembre de 2004. En privado, con una sonrisa nerviosa, Néstor Kirchner dice en voz baja: "Si esta jugada me sale bien, voy a ser Gardel. Van a poner mi foto al lado de la de San Martín". La jugada maestra era la llegada de 20.000 millones de dólares provenientes de China. Representaría el arribo de capitales más impactante de las últimas décadas y todo sería destinado a infraestructura: habría un plan energético, se construirían caminos, ferrocarriles, tren bala Buenos Aires-Rosario-Córdoba, 350.000 viviendas, se modernizarían las telecomunicaciones, se abriría el turismo a China y millones vendrían porque seríamos "país admitido". El presupuesto que invertiría China en nuestro país sería 20 veces mayor al que previó para 2004 el Ministerio de Planificación. "Los chinos necesitan materias primas para crecer los próximos 30 años y nosotros las tenemos. Sólo falta que el 16 de noviembre venga el presidente Hu Jintao y ponga el gancho". Néstor dixit.

Nunca ocurrió. A fines de marzo de 2006, Qian Xiaoqian, viceministro de Comunicaciones chino, visitó la Argentina. Entonces fue consultado por el periodismo acerca del supuesto préstamo de 20.000 millones. "Yo sugiero que en el futuro levanten el teléfono y consulten con la embajada. Así se evita el escándalo", contestó. La anécdota vale, porque el cuento chino fisuró por primera vez el contrato de credibilidad con un gobierno kirchnerista. Diez años después, el gobierno que anunció con bombos y platillos el desendeudamiento más grande de la historia, le suplica en Nueva York a un juez perverso que no se exceda, porque si Argentina es condenada a pagar 15.000 millones de dólares -la mitad de sus reservas- caería en el abismo de 2001.

Como se dijo alguna vez en esta columna: "Una de dos: o el perro va con la cadena clásica, caminando al lado de la pierna del amo, o va suelto. Se cuenta el caso de un perro que iba de lo más confiado en su «modelo de matriz diversificada con inclusión social», ladrándoles al Fondo, a los holdouts, dándole recetas al mundo, y de repente, pif, le llegó el tirón de Griesa. Lo peor para el perro es esa correa extensible llamada populismo. Le hace creer al bicho lo que no es: un ser libre".

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