La fantasía de la celebridad perfecta

Ernesto Martelli
Ernesto Martelli LA NACION
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29 de julio de 2018  

Cuando la cantante pop Hatsune Miku se presenta en vivo, a los fans solo se les permite encender los separadores flúo oficiales. El celo no tiene únicamente un fundamento comercial: es un holograma y si se encienden glowsticks convencionales se desvanece.

"Ella es en parte holograma, en parte avatar y probablemente sea la estrella del futuro". Así titulaba este mes el Washington Post la reseña del debut en esa ciudad de esta criatura artística ideada como un software, y que hace más de 10 años encarna, digamos, la promesa de las celebridades virtuales. El fenómeno en la cultura pop es análogo al de los autos sin conductor: una quimera tecnológica que alimenta fantasías y paranoias.

Lo que hace diferente a Miku es que sus seguidores pueden hacer libre uso de su imagen. Una anti-Disney. Y que todos los artistas y compositores que participan se hacen visibles y famosos. Esa plasticidad y la falta de escándalos o deslices públicos hacen de ella, de 16 años perpetuos, la estrella perfecta. O el sueño de todo productor. Acaso, como señalaba el Post, solo le falta improvisar.

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