La financiación de las cosechas

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25 de agosto de 2001  

Dos factores determinarán las perspectivas de la próxima cosecha de granos: de resolverse favorable y coincidentemente podrían conducir a un nuevo récord de producción. Uno de ellos no depende de nosotros: se trata de la evolución de los cultivos en otras naciones, en especial en los Estados Unidos, donde la escasez de lluvias está limitando la producción de maíz y soja. Los mejores precios de los últimos dos meses reflejan esa situación, así como los más ajustados inventarios mundiales de granos y de productos oleaginosos.

En el orden interno, vale decir, lo que de nosotros sí depende, se registran dificultades financieras propias de la situación actual de la economía. Tres son las fuentes de recursos financieros destinados a abastecer las necesidades de los productores argentinos. Una, la más genuina pero no la más generalizada, es el stock de granos todavía de propiedad de productores. Una segunda es la financiación a cargo de los proveedores de insumos, sean semillas, agroquímicos, combustibles u otros; esta última fuente tiene ya el peso de créditos aún no reembolsados de la campaña anterior y de las presiones del sistema financiero.

Pero seguramente el condicionante que más debe preocupar radica en el sector financiero en sí y, en particular, en las normas que para sus operatorias fija el Banco de la Provincia de Buenos Aires, la entidad que actúa en nombre del Estado productor más importante de trigo, maíz y girasol y que acaba de cerrar algunas compuertas de crédito regular en razón de sus conocidas dificultades, lo que también han hecho el Banco de la Nación Argentina y, en general, toda la banca privada. Aunque el Estado nacional, con motivo de su anunciada política de déficit cero, disminuya sus requerimientos de fondos, la banca en cuanto totalidad, afronta el asedio constituido por el retiro de fondos del sistema, que en condiciones normales deberían tener por destino el crédito reproductivo a tasas de interés compatibles con los negocios.

La producción de granos ha crecido en magnitud superior a la gran mayoría de las actividades económicas. En la mitad de la década del 70, más precisamente en 1974-75, la cosecha total de granos alcanzaba los 23 millones de toneladas, y diez años más tarde trepaba a 44 millones. En la cosecha recién finalizada se alcanzaron los 67 millones de toneladas, registro casi idéntico al de hace tres años, dato revelador de que no se trata ya de un pico excepcional sino de capacidad productiva ya asentada. Ahora, con el incentivo de mayores precios y con mejoras tecnológicas, podría lograrse un nuevo escalón de 70 millones de toneladas. Las semillas de trigo están incorporando nuevo potencial, mientras que la llamada "siembra directa" -un proceso innovador de las últimas dos décadas, analizado la semana última en un congreso realizado en Mar del Plata- cubre ya 11 millones de hectáreas destinadas a granos.

Por su parte, la siembra de trigo -se encuentra ya en su tramo final- aumentaría entre un 5 y un 10 por ciento, mostrando que ha podido asimismo sortear el nudo financiero. Aunque es necesario, todavía, resolver el sostenimiento crediticio de las siembras del último cuatrimestre, que son las más importantes, así como los gastos inherentes a la protección de los cultivos. Como es obvio, ello dependerá en primer lugar de la evolución que se registre en materia financiera, pero también del renovado impulso de los empresarios del agro, que siguen mostrando su capacidad transformadora pese a las adversidades de los últimos años.

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