La formación de los docentes, una prioridad educativa

Poco avanzará la educación si no se subsanan las serias deficiencias en materia de lectura y escritura que presentan los futuros maestros
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28 de diciembre de 2018  

Las pruebas Enseñar volvieron a mostrar una realidad preocupante: el 40% de los futuros docentes tiene dificultades en la lectura y la escritura.

El resultado de las pruebas Enseñar, que se tomaron a 11.941 estudiantes de 464 institutos de formación docente del país estatales el 66% y de gestión privada el resto, es preocupante y debe ser tenido seriamente en cuenta para encarar medidas de fondo.

El 40% de esos estudiantes, que si se gradúan se encontrarán al frente de clases, estuvo por debajo del promedio en lectura y escritura, así como en criterio pedagógico.

Ese problema ya se detectaba en alumnos primarios, secundarios y aun universitarios que cada vez muestran más dificultades para comprender lo que leen y para expresarse con precisión, pero adquiere especial gravedad si no son los alumnos, sino quienes deben formarlos los que arrastran esas limitaciones.

En estas pruebas, que no tuvieron carácter censal general, sino orientativo, se consideró en la lectura la capacidad de extraer información de un texto e interpretarlo. En escritura, la capacidad de producir un escrito en forma autónoma, y en criterio pedagógico, la posibilidad de desarrollar planificaciones.

El contexto social muchas veces no ayuda demasiado. Hoy no resulta fácil captar en el aula la atención de alumnos, atraída por juegos y mecanismos electrónicos, con poca afición a leer, cierta apatía e indiferencia a los temas en estudio. Máxime cuando la reiterada interrupción del ritmo de las clases por interminables huelgas, jornadas de planificación u otros motivos desalienta el mantenimiento de un esfuerzo sostenido en el aprendizaje. Escuchar o leer sin entender, no poder elaborar lógicamente un pensamiento, verse incapaces de relacionar un tema con otro e integrar los conocimientos son deficiencias que deben ser abordadas con firmeza.

Y si los docentes no tienen desarrollada una adecuada capacidad de expresión y de incorporar conocimientos por la lectura, poco es lo que podrá esperarse del alumnado, destinatario de su tarea formativa. No se trata de un problema solamente futuro: no debe pasarse por alto que el 34% de los evaluados ya está trabajando en la docencia. Aunque en general, cabe reconocerlo, este segmento tuvo mejores resultados. La mayor parte de los alumnos mencionaron en su elección profesional elementos vinculados a la educación -vocación de enseñar, importancia de la educación en la sociedad-, pero no hay que pasar por alto que la mitad también manifestó que eligió esta carrera como garantía de un trabajo relativamente estable.

La situación develada por este estudio preocupó a los ministros de Educación de la Nación y de las provincias que se reunieron hace días en la 91» Asamblea del Consejo Federal de Educación. Allí reafirmaron la necesidad de poner la calidad de la formación docente en la Argentina como una prioridad en la agenda de la política educativa del Estado, garantizando el fortalecimiento de las instituciones y las carreras docentes.

Al respecto, decidieron crear la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación de la Calidad de la Formación Docente (Cneac), con un espíritu similar al que en el orden universitario tiene la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau).

Esta comisión fue forjando una valiosa experiencia, un estilo serio, con activa participación de las universidades y evaluadores de nivel reconocido, a partir de la impronta inicial que le dio su primer presidente, el académico Emilio F. Mignone, a mediados de los años 90.

En el primer encuentro que realicen en 2019, se prevé que los ministros de Educación aprueben un plan de evaluación académica de mediano plazo para que la formación docente sea una política de Estado y esté más allá de los mandatos y las vicisitudes electorales. Su función será acreditar las carreras que se dicten en los institutos de formación docente y evaluar a esas instituciones.

Las líneas de mejora deberán comprender a las autoridades educativas y sus decisiones, pero también involucrar al resto de la sociedad. Tiene mucho que ver el reconocimiento social del maestro, una figura más valorada décadas atrás y hoy más de una vez cuestionada por los padres. Y es preciso que quienes elijan la carrera docente, junto a una fuerte inclinación vocacional, tengan una adecuada capacitación y remuneración. Que quienes aspiran a ejercer la docencia sean los primeros en buscar que su papel formativo no se desvirtúe por ideologías o activismo político, por el desinterés por los alumnos o por negligencia en su propia formación personal.

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