La ilusión de la ayuda externa

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
(0)
26 de enero de 2002  

Las palabras del número dos del Tesoro de los Estados Unidos, Kenneth Dam, pueden haber ayudado ayer a llevar agua para el molino del ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, en la interna del Gobierno sobre cómo enfrentar la actual e inédita crisis de la Argentina. Fuentes del Gobierno aseguraron que parte del dilema que enfrentan las autoridades se centra en el enfrentamiento entre quienes quieren una salida técnica, que logre un acuerdo con el FMI, lo que requiere un ajuste de los gastos que, para que sea tolerado, debería pasar por los gastos políticos.

Pero dentro de la propia administración hay quienes sostienen que hay que encontrar una solución política, con el respaldo de los Estados Unidos. "(el ministro de la Producción, José Ignacio) de Mendiguren, es el principal fogoneador de esa idea dentro del gabinete", sostuvieron los informantes.

El argumento de los que coinciden con el ex empresario y ahora ministro es que un nuevo ajuste tendrá efectos recesivos y hará políticamente insostenible el programa sin importar lo que se coloque en los papeles del acuerdo con el FMI.

Los que están en la vereda opuesta y defienden la postura de Remes Lenicov dicen: "Lo que pasa es que De Mendiguren quiere ser presidente, no en 2003 porque si dice eso se lo comen (José Manuel) de la Sota y (Carlos) Ruckauf".

Para ellos, no tienen otra explicación los viajes y permanentes reuniones del ministro de la Producción. "Lo único que está haciendo es contención política, porque como no se ha hecho la reforma de la ley de ministerios, no tiene facultades legales para instrumentar lo que promete o lo que le piden".

Grandes riesgos

La idea de pesificar, emitir y contentar a los gobernadores con Lecop para que no tengan que ajustar sus presupuestos parece sumamente arriesgada. Dam mostró a las claras ayer cómo al Tesoro de los Estados Unidos le importará bien poco si la Argentina sigue fabricando su propia ruina. Y también que Washington no va a ayudar al país a salir del oscuro pozo en que se encuentra si no adopta reformas estructurales que le permitan vivir con sus propios recursos.

En el Gobierno nadie pudo contestar a la pregunta de por qué un Congreso que vulnera todos los derechos de propiedad de los ahorristas no es capaz de permitir que se controle el modo en que se entregan las pensiones graciables. O de derogar las jubilaciones irregulares otorgadas en las provincias con cargo a la Nación.

La reforma política no es hasta ahora más que una vaga promesa, a pesar de que hasta haya un proyecto del diputado Gabriel Llano (Demócrata de Mendoza) que muestra que es posible realizarla sin necesidad de reformar la Constitución. Habrá que pensar si es más fácil aprobarlo o convencer a Dam de que cambie de opinión.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.