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La importancia de las reglas

Por Germán Sopeña
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25 de marzo de 2000  

No han desaparecido los problemas de la construcción del Mercosur, pero cambió bruscamente la tendencia.

Hasta el miércoles último, la crisis parecía transitar un interminable camino descendente. Y repentinamente, a las cinco de la tarde del jueves, el acuerdo final sobre el arduo tema de los automotores cambió las caras y las perspectivas de los meses futuros.

¿Qué cambió tanto? Una cuestión de fondo: se acordaron reglas de juego fijas y estables por varios años.

Es tan importanbte haber producido esa señal como lo fue, en el pasado, adoptar criterios básicos para eliminar la inflación y mantener un esquema sin cambios para el largo plazo, que es la única garantía que necesitan los grandes inversores para decidir que vale la pena afrontar un desafío empresarial en el país.

Quizá el acuerdo automotor no sea el ideal, ni se hayan despejado totalmente las muchas dudas que plantean otras negociaciones sectoriales. Pero el gran avance de esta semana, como lo definió un diplomático brasileño, fue "pasar deuna visión netamente comercial a una perspectiva económica".

La diferencia es esencial. Con una óptica comercial, todo es conflicto permanente. Con una visión económica, es posible acordar reglas básicas y apuntar a metas superiores.

Ese cambio de matiz fue el que permitió desbloquear la situación en esta semana crucial, y el mérito principal de ese logro debe adjudicarse por igual al Presidente, Fernando de la Rúa, y al canciller, Adalberto Rodríguez Giavarini. Fueron ellos dos los que tuvieron que forzar la situación poniendo por delante los intereses estratégicos de la asociación regional.

Hay que admitir que, una vez más, como tantas otras veces en los últimos años, tuvo que producirse una intervención de nivel presidencial para sortear una barrera que parecía casi infranqueable debido a las declaraciones que iban subiendo de tono, particularmente en la Argentina, en contra del Mercosur.

Y no es el ideal que el Presidente deba bajar al terreno. Pero los ideales también se alcanzan con la práctica efectiva del poder. Hasta que la construcción del Mercosur alcance la velocidad de crucero que todos desean, será, finalmente, una de las tareas básicas de los presidentes de la Argentina y del Brasil, arremangarse cuantas veces sea necesario para involucrarse directamente en las discusiones.

Como también se supo esta semana que no era exacto que hubiera un éxodo de empresas argentinas al Brasil, todo el clima que rodea al Mercosur mejoró bruscamente.

Y hasta pueden imaginarse más novedades positivas en corto plazo.

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