La irreverencia de Carrió sacude el sistema

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
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2 de abril de 2016  

Fuente: LA NACION

Apenas se enteró de que Macri había volado a Río Negro en un helicóptero de Joseph Lewis, accionista de Pampa Energía (controlante de Edenor), y que había pasado además unos días en la estancia que el empresario inglés tiene sobre el lago Escondido, Amado Boudou, procesado hace un mes en una causa por dádivas, soltó entre íntimos una sentencia provocadora: "Con esto zafé". Su argumento es temporal. "Yo volé cinco minutos y él hasta pernoctó en la estancia", explicó.

La discusión sigue. Mientras varios especialistas en la materia y todo el oficialismo sostienen que son casos distintos porque Macri no hizo más que alojarse en lo de un amigo y Boudou viajó en cambio por una empresa que se promocionaba a través de esa gentileza, Martín Doñate, diputado del Frente para la Victoria, denunció al jefe del Estado en la Oficina Anticorrupción por el delito de dádivas, presunción que también comparten Ricardo Monner Sans y Pino Solanas.

El episodio representa una alerta para el Gobierno. La Argentina es un país poco exigente para estos límites durante el comienzo de las gestiones, pero bastante menos laxo con quienes abandonan el poder. Tiempos que marca la Justicia. Y que vienen desencadenando las reacciones de Elisa Carrió, una de las fundadoras de Cambiemos, para con la administración a la que por ahora llama "mi gobierno".

Es difícil que la diputada no elija confrontar. En realidad, hace 10 días, una semana antes de que sorprendiera en el programa de Luis Majul volviendo a señalar a Daniel Angelici como operador en la Justicia e instando a Nicolás Caputo a vender sus empresas por una cuestión de responsabilidad hacia el país, la líder de la Coalición Cívica había adelantado la estrategia entre sus colaboradores: hay que hacer estas advertencias en el principio del gobierno, dijo, porque es el único modo de evitar que se consoliden. La postura supone por lo pronto una autocrítica de su paso por la Alianza: entonces, durante la primera etapa, ella no hizo los cuestionamientos en público, sino en privado y sólo a algunos dirigentes. "Nos traicionaron", llegó a decirle a Alfredo Bravo.

Ahora tiene la idea opuesta. Y así se lo transmitió el miércoles a Macri, que la había convocado a la Quinta de Olivos con un doble propósito: pedirle explicaciones y aliviar la tensión que aquellas críticas venían provocando en Cambiemos. Carrió ya venía hablándole del tema en privado. Tres meses antes, por ejemplo, le había hecho al Presidente una advertencia muy similar: "Un día la SIDE va a tener una foto de Angelici hablando con un juez y eso te va a costar toda tu legitimidad". Pero esta vez la reunión fue más áspera. Porque Macri estaba molesto y porque la diputada se endureció al llegar y ver que, contra lo que esperaba tener allí, un encuentro a solas con el jefe del Estado, la aguardaba también Ernesto Sanz. Entendió entonces que no estaba invitada a discutir sino a ligar un reto. Macri le reprochó que hubiera acusado sin pruebas a dirigentes que, para peor, no eran siquiera funcionarios. Carrió le contestó entonces con una referencia al operador del kirchnerismo en la Justicia: "Javier Fernández tampoco lo era -dijo-. Con ese criterio, yo mañana pongo a mi modista a hablar con jueces". El Presidente defendió también a Caputo, su amigo de la infancia: "Todo lo que ganó lo hizo de manera legal".

Ninguno cedió demasiado. Carrió le comunicó sin embargo que no pensaba romper la coalición, e insistió en lo que tenía pensado desde el principio: no estaba haciéndole al Presidente otra cosa que un favor. Gracias a esa especie de sobreactuación propia en los medios, explicó, él mismo estaría en el futuro más atento y su gestión sería recordada como la de un gobierno que se despidió sin corrupción. No pudo convencerlo: Macri salió de ahí enojado.

El conflicto parte de una conclusión largamente meditada por Carrió, que ve en la justicia federal la raíz de todas las pesadillas argentinas. Y esa noción la obliga a desoír algunos dogmas de Pro. Por ejemplo, el que prohíbe hablar de las causas del kirchnerismo porque eso remite al pasado y no suma popularidad. No fue entonces inocente que, con Majul, ella hablara de "el señor Durán Barba, personaje que yo detesto, como a todos los asesores de imagen".

Son ópticas casi excluyentes. A diferencia del que se ensaya en el Gobierno, el discurso de la diputada no parece dirigido a vender el proyecto político, sino más bien a crearle tensión. Algo incómodo para funcionarios que se escandalizan ante la sola mención de la palabra "interna". Carrió se lo explicó a su equipo al salir de la Quinta de Olivos: como la sociedad argentina viene de un período de "componente fascista", dijo, no está acostumbrada a que se discuta.

En realidad, más que a nombres o a políticas, ha resuelto quedar enfrentada con todo un sistema. No es casual que su imagen sea más digerible dentro de compañías multinacionales que entre empresarios argentinos. Será difícil encontrarle en la Unión Industrial Argentina un votante o alguien que la elogie. Con excepción de Cristiano Rattazzi, uno de los pocos que llegó a hacerlo público. "El poder juega a que termine preso Boudou", azuzó ella el domingo. Interpelaba al Partido Justicialista. Así pareció entenderlo Miguel Ángel Pichetto, que le dedicó en la sesión de anteayer un párrafo entre múltiples elogios al pago de la deuda. "La verdad es que, cuando leo a la diputada Carrió, me preocupa. ¡Me preocupa! [...] Todos los gobiernos tienen que tener un cierto nivel ético. Indudablemente, hay ejes centrales que tiene que tener la democracia. Pero ¡cuidado con esto, eh!, porque cuando los moderados y el centro pierden gravitación aparecen estos puritanos que se llevan puesto todo. El proceso de mani pulite en Italia determinó la construcción y el liderazgo de Berlusconi. En la Alemania de la etapa del 30, de la crisis del 30, la degradación del sistema político alemán, de la democracia cristiana, del PC y de los partidos tradicionales determinó el nacimiento del nazismo. ¡Cuidado con lo que está pasando en Latinoamérica! ¡Cuidado con lo que pasa en Brasil!, porque hoy hay nuevas formas."

La mención al socio del Mercosur no es antojadiza. Gracias a la ley del arrepentido, aquí todavía una promesa de campaña macrista, cruje en Brasil un esquema de prácticas que, de tan enquistadas, eran ya parte del paisaje institucional. Ese terremoto de consecuencias incalculables que ya condenó a prisión a más de 40 políticos y empresarios empezó de repente, con irreverencias similares a las que pretende aquí iniciar Carrió. Entre ellas, la inflexibilidad de Sergio Moro, un ignoto juez de Curitiba de 43 años que, en medio de la recesión, tal como puede verse en YouTube ( https://www.youtube.com/watch?v=S-mZR_wc4ZQ y https://www.youtube.com/watch?v=PUwB5AqNYmU), suele retirarse ovacionado de restaurantes y shoppings. Hay hombres públicos que no necesitan asesores de imagen.

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