La lucha contra el hambre

(0)
2 de diciembre de 2001  

Se suele suponer que el problema del hambre golpea sólo a los pueblos atrasados o de muy bajo nivel de desarrollo. Pero no es así: el hambre es un azote que castiga a todas las sociedades. Hay hambre en Africa, Asia y América latina, pero también en Europa y en los Estados Unidos. Hay hambre en las naciones pobres, pero también en los bolsones de pobreza de los países industrializados.

Muchas personas aportan su esfuerzo solidario en todo el mundo, día tras día, para atender las necesidades de quienes carecen de alimentos. Muchas instituciones se movilizan para llevar comida a los hogares sumergidos en la pobreza. El espíritu de solidaridad social es una fuerza que crece y se expande por todo el planeta. Sin esa fuerza generosa, millones de personas en el mundo sucumbirían por la imposibilidad de alimentarse.

En nuestro país, el aumento de la marginación y la pobreza ha traído como consecuencia un incremento significativo de las personas que pasan hambre. No sólo quienes ejercen la mendicidad o quienes viven en la pobreza absoluta carecen de alimentos. Hay muchísimas personas que, aunque tienen techo y se muestran correctamente vestidas, están subalimentadas o no reciben alimentos con la periodicidad y la continuidad necesarias. A esos casos de pobreza relativa dirigen también su acción las instituciones solidarias. Caritas es, en la Argentina, probablemente, la organización más extendida y la que con mayor dinamismo brinda asistencia a los pobres. Pero hay muchas otras entidades que despliegan una acción no menos meritoria.

La lucha contra el hambre se libra en muchos países mediante la creación de los llamados bancos de alimentos. Reciben ese nombre las organizaciones que se encargan de almacenar y distribuir las mercaderías que las empresas productoras de alimentos tienen el hábito de donar.

En un altísimo número de casos, esas donaciones se realizan porque en todo proceso de comercialización hay productos que no encuentran salida comercial: por ejemplo, porque se ha producido un error de envasado, porque se han omitido las especificaciones técnicas exigidas por la ley para la venta al público, porque ha habido daños en los envoltorios o, simplemente, porque se ha producido una sobreproducción o sobreoferta y los canales de comercialización están saturados. Los bancos de alimentos evitan que toda esa producción excedente se pierda y generan la posibilidad de darle un destino de alta significación social, distribuyéndola entre quienes tienen hambre.

Curiosamente, en muchos países existen legislaciones que obstaculizan esas donaciones solidarias o desalientan a las empresas a colaborar con los bancos de alimentos. No es que se dicten leyes para frenar la caridad o para privar de comida a los pobres. Lo que ocurre es que por inercia o por inadvertencia subsisten normas que privan de estímulo a quienes sinceramente desean practicar la generosidad y ayudar a los desamparados.

Nuestro país no es una excepción en ese sentido. De ahí la necesidad de que se revisen algunas normas legales con el fin de eliminar todo aquello que conspire contra la acción de los bancos de alimentos. En la Cámara de Diputados de la Nación existe actualmente un proyecto de ley que crea un régimen especial para la donación de alimentos, comidas y productos de almacén en buen estado.

En uno de los artículos se define lo que debe entenderse por "alimento en buen estado". Entran en esa categoría todos aquellos productos que, cumpliendo las condiciones de calidad que establecen las leyes nacionales, no sean comercializados debido a su apariencia o a otra circunstancia que mueva al donante a entregarlos sin cargo a quien lo necesite.

Un artículo clave del proyecto es el que dispone que se presumirá la buena fe del donante y la de quien actúe como intermediario, lo que significa que ambos quedarán exentos de responsabilidad penal o civil por actos cumplidos en el marco del régimen de donación que se establece.

Es necesario que el Congreso analice, debata y considere esta propuesta legal, que puede contribuir a intensificar en proporciones muy grandes el aporte de las empresas a las campañas solidarias tendientes a eliminar el hambre.

En México existe una ley similar, que se ha aplicado con excelentes resultados. Se la conoce como la "ley del buen samaritano" y su finalidad es alentar la creación de un sistema o puente entre los productos que se desperdician y la necesidad de muchos habitantes desnutridos.

Es de esperar que la Argentina tenga cuanto antes una legislación que estimule y ampare el esfuerzo de quienes desean incorporarse a las cadenas de solidaridad que aspiran a erradicar el hambre.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.