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La mejor estrategia para la región

Por Oscar Camilión Para La Nación
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28 de marzo de 2000  

AL oír las voces discordantes que hoy debaten ventajas y desventajas del Mercosur, viene a la memoria la antigua copla sobre el puñal clavado en el pecho: "Si me lo dejas me mata, si me lo quitas me muero". Las negociaciones en curso son un paso en la dirección correcta. Y han permitido comprobar que la asociación enfrenta problemas reales y no desentendimientos que resultaban de alguna ligereza de la anterior administración, que, por otra parte, fue la principal promotora del Mercosur.

La que más importa es separar los falsos problemas de los reales, y entre éstos, distinguir los que son de naturaleza puntual, susceptibles de negociación o de postergación, y los que corresponden a diferencias de fondo sociales, políticas y aun de visión del mundo.

Un típico caso de falso problema, al menos hoy, es reabrir el debate sobre zona de libre comercio o unión aduanera. Su sola mención causa irritación. No hay ninguna posibilidad de diluir el status de unión aduanera en construcción en una zona de libre comercio. El problema podría reabrirse en el futuro, en una eventual negociación del ALCA. Pero esto no forma parte de agendas políticas actuales.

Los temas puntuales son los que provocan más escozor. Una actividad que muere deja un vacío que no tiene remedio. La cuestión de las transferencias de empresas a Brasil no debe ser exagerada, pero tampoco ignorada. Es evidente que en estos casos hay que buscar soluciones ad hoc . Esas soluciones pueden disgustar sólo a los que razonan, exclusivamente, more geometrico . El largo proceso de integración europea dio, y continúa dando, innumerables ejemplos de temas de gran importancia que son excepciones a la regla. La advertencia que conviene en este punto es de naturaleza casi filosófica: Brasil debe dejar de lado su tendencia a subestimar la condición industrial de la Argentina cualquiera que sea el comportamiento argentino respecto de su propia industria. La única integración exitosa posible la pueden intentar estructuras económicas semejantes.

Deuda y subsidios

Los otros problemas reales son de naturaleza social, política y de visión del mundo, con proyección directa sobre la macroeconomía. Las constantes referencias a la devaluación brasileña parten de un dato real: ella tuvo un gran impacto sobre la Argentina, sobre todo por sus implicaciones financieras. Por otra parte, en su momento fue inevitable, y ello, exclusivamente como consecuencia de la situación fiscal. Después de la crisis Brasil ha conseguido eliminar el déficit primario consolidado e incluso ha obtenido un superávit, pero la carga de intereses por la deuda interna sigue siendo insoportable y, como las tasas deben mantenerse altas para no producir una nueva catástrofe cambiaria, la situación se asemeja a una carrera contra la propia sombra.

Ahora bien, ese déficit proviene de tres fuentes principales, que son los gastos burocráticos a nivel federal, estatal y municipal; el sistema jubilatorio en todos los sectores, y los subsidios a las más diversas actividades, incluidas empresas públicas federales y estatales. El exceso en esos gastos y en esos subsidios refleja la estructura de intereses brasileña, que es muy poderosa y no está dispuesta de ninguna manera a ceder posiciones en aras de la globalización o de un visto bueno del Fondo Monetario Internacional, que de todas maneras no va a mejorar la calificación de la deuda brasileña. Por supuesto que esto refleja también la distribución del ingreso brasileño, que, mejorado significativamente en la primera etapa del Plan Real, volvió a resentirse con la devaluación.

En todo caso, la forma como se distribuye el ingreso brasileño y la fuerte estructura social que lo hace posible explican el aparentemente incomprensible volumen de deuda interna. A su vez, el hecho de que esa deuda esté casi exclusivamente en manos brasileñas y sobre todo de grandes bancos nacionales garantiza la continuidad del proceso con ajustes periódicos fuertes o leves. Por esas razones, a las que se pueden agregar otras, Brasil jamás aceptaría un esquema como el de la convertibilidad. (No está de más recordar que la Argentina tiene también un cuantioso sistema de subsidios con la diferencia doble de que en Brasil gran parte de ellos se destina a la producción y se financia en reales, mientras que en la Argentina prácticamente todos se destinan al consumo -nacional, provincial o municipal- y se financian "emitiendo dólares" por medio de títulos de deuda.)

Queda el tema de la "visión del mundo". La Argentina ha aceptado, más allá de lo conveniente, su integración en la "clase media internacional". Brasil, en cambio, es un gran país y además se proyecta en el mundo más allá de sus posibilidades actuales, o al menos tiene la tentación constante de hacerlo. De allí su resistencia instintiva y orgánica a la globalización. Esto explica buena parte de las incomprensiones de los últimos tiempos y muy en especial la acritud de críticas y reacciones expresadas en niveles que tienen la obligación de ser cautos.

No hay otra opción

Con estos elementos incluidos en el análisis habrá que continuar la larga negociación del Mercosur, que será un capítulo permanente y principal de la agenda de los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y Fernando de la Rúa. Los responsables tienen el deber de mantenerse firmes frente a las provocaciones. Manifiestamente hay en estos momentos bastante irracionalidad y un malestar difuso, pero generalizado, que se presta a actitudes políticas de coyuntura. Del lado de la Argentina las cosas aparecen claras: no hay una estrategia válida alternativa al Mercosur. Brasil puede tal vez pensar en otros términos, pero en realidad no tiene una estrategia mejor que el Mercosur. Más temprano que tarde, los Estados Unidos empezarán a golpear estas puertas y no parece que a Brasilia le convenga un diálogo en soledad con una superpotencia cada día más inalcanzable.

Si como hipótesis de trabajo analizamos la renuncia al Mercosur, deberíamos incluir en esa hipótesis todos los aspectos, también la seguridad subregional.

El autor fue ministro de Defensa de la Nación.

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