La moneda todavía está en el aire

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19 de diciembre de 2015  

Crédito: Huadi

María Eugenia Vidal anduvo en las últimas semanas bastante incómoda. Algunas cuestiones del armado administrativo de la provincia de Buenos Aires no la convencían del todo. Entre ellas, parte del staff del Grupo Banco Provincia, que conduce Jorge Macri. La gobernadora se terminó de apaciguar luego de una conversación personal con Mauricio Macri. Si todo marcha bien y hace una buena administración, la tranquilizó el Presidente, ella podría ser la candidata a sucederlo en ocho años o, tal vez, cuatro.

El Gobierno pondrá estratégicamente gran parte de sus energías en el territorio bonaerense. No es casual que Edgardo Cenzón, uno de los hombres de más estrecha confianza presidencial, no haya ido a parar a ningún ministerio nacional, sino a una cartera provincial y neurálgica: la de Infraestructura, Transporte y Servicios Públicos. Por la cantidad de obras que hacen falta allí y porque todas esas iniciativas correrán presupuestariamente por cuenta de ese distrito. Hace décadas que el conurbano parece una caricatura de los fracasos nacionales. El éxito de Vidal volvería a ser, como ocurrió en la campaña electoral, el éxito de Macri.

De ahí la necesidad de tender puentes con Sergio Massa y con la franja del PJ que encabezan Fernando Espinoza y Gabriel Katopodis. Cambiemos debe conseguir, en una provincia que hereda un déficit de 19.000 millones de pesos, que dos tercios del Senado provincial aprueben en el presupuesto la capacidad de endeudarse el año próximo en 94.000 millones.

Será imposible darle a la aventura bonaerense un horizonte electoral sin resultados económicos alentadores. No hay diferencia genética más evidente entre macrismo y kirchnerismo: mientras que el proyecto que nació en Santa Cruz sustentaba su poder en el ejercicio permanente de la iniciativa política, la nueva administración apuesta a hacerlo mediante la solución de problemas. Es improbable que las epopeyas de Cristina Kirchner tengan algún valor en la cabeza de un ingeniero. El futuro de Macri y el de la provincia de Buenos Aires estarán, por lo tanto, atados al curso de la economía. Y ese camino puede haberse iniciado bien, pero se presenta escabroso hacia adelante.

Quedó claro en esta primera semana. Sorteada con éxito la apertura del cepo, con una salida que no requirió feriado cambiario y que permitió cumplir con la primera gran promesa electoral, las incógnitas emergen ahora más en las empresas y en los consumidores que en los bancos. Una frase que el ministro de Economía dijo casi al pasar durante esos anuncios desencadenó anteayer, en la fiesta de fin de año que la Fundación Pro-Tejer hizo en Vicente López, una discusión interminable. "A partir de ahora habrá un tipo de cambio único, se podrá importar y exportar libremente", había dicho Alfonso Prat-Gay, y encendió las alertas entre industriales que, el lunes, durante la conferencia fabril de Parque Norte, habían celebrado las promesas de Francisco Cabrera, ministro de Producción, sobre la necesidad de proteger a sectores sensibles a la apertura de la economía. Esa propuesta del Gobierno consiste en aplicarles licencias no automáticas a 1000 posiciones arancelarias. ¿Prat-Gay estaba entonces refutando a su compañero de gabinete?

"Yo le creo a Pancho Cabrera -provocó en esa fiesta Teddy Karagozian, dueño de TN Plátex-. Prat-Gay le estaba hablando al consumidor, ¿qué va a decir? Prestémosle atención a lo que hacen, no a lo que dicen." Pero sus pares textiles, la mayoría de ellos propietarios de pequeñas empresas que han crecido al calor de la protección industrial de los últimos años, no estaban convencidos.

La relación del Gobierno con el establish-ment empezó en buenos términos, pero con focos de tensión. "Sepan disculpar que estemos en guardia, venimos de discutir de otra manera", sonrió Alfredo Coto el martes en el Palacio de Hacienda, durante un encuentro que él y otros 80 ejecutivos de los sectores de la alimentación, supermercados y limpieza y tocador tuvieron con Prat-Gay, Cabrera y el ministro de Trabajo, Jorge Triaca. El tema eran una vez más los acuerdos de precios. "Vamos, ustedes conviven desde hace 6 años con este sistema", insistió Cabrera. Días antes, en reuniones similares, mientras él y Miguel Braun, secretario de Comercio, pedían revocar los aumentos de los últimos días a los valores del 30 del mes pasado, habían oído de otros hombres de negocios la advertencia de que, bajo condiciones desfavorables, algunos sectores podrían empezar a despedir personal. El argumento empresarial vuelve a meter el dedo en la llaga macrista: si la inflación es un fenómeno monetario, como creen muchos funcionarios, ¿qué sentido tiene acordar precios?

En algunos casos, el desencuentro está más en las herramientas que en el fondo de la cuestión. Apenas se enteró de que el Gobierno buscaba renovar el programa Precios Cuidados, Daniel Funes de Rioja, líder de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), pidió una lista más acotada respecto de la que había impulsado Augusto Costa, anterior secretario de Comercio. "Entiendo que ustedes quieran un amortiguador del impacto en los precios. Pero que sea una canasta, no un supermercado completo. En la canasta de Costa había hasta fernet", planteó. Criterios muy similares a los que, en simultáneo y en otras oficinas, dividían a los bancos por la renovación del plan Ahora 12: de un lado los dueños, prestos a resignar ganancias pero confiados en que una buena gestión macrista multiplicaría por seis el valor de sus empresas en el próximo lustro; del otro, ejecutivos de bancos internacionales, más enfocados en obtener ventajas inmediatas. Ya venían de resignar, a diferencia de lo que ocurrió con la devaluación de 2014, cuando obtuvieron ganancias explosivas en 24 horas, la renta de la diferencia cambiaria: esta vez, antes de devaluar, el Gobierno los obligó a bajar a cero sus tenencias en dólares.

Ambos programas kirchneristas seguirán entonces en pie. El Gobierno los toma como paliativos hacia adelante, porque es casi imposible que la mayor parte de los empresarios revoque los aumentos al 30 del mes pasado. Resultará entonces gravitante la decisión de los gremios, que acaban de aceptar tener paritarias por sector, pero que anticipan reclamos superiores al 40% en algunos casos, y bonus navideños de hasta 8000 pesos.

La precisión de cirujano que requieren tantas soluciones simultáneas parece también haberles dado una dosis de prudencia a los industriales menos entusiastas con el nuevo modelo: le han dado a Macri un período de gracia sin grandes reclamos hasta el día 91.

Los plazos de la economía suelen ser bastante más austeros que los de la política, aun si Vidal lograra hacer realidad la prematura ensoñación bonaerense.

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