La noche de los niños

Por Gabriela Arias Uriburu Para LA NACION
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13 de diciembre de 2001  

Terminar el año con el corazón encendido de esperanza es un logro más en este camino que vengo recorriendo por mis hijos y por todos los niños del mundo. Mirando el pasado no encuentro a aquella madre que se despertaba todas las mañanas al lado de Karim, Zahira y Sharif. La fuerza hace que hoy renazca otra mujer madre en mí, con capacidades inimaginadas.

Busqué en la historia, en los poemas y en las canciones sentimientos que hablaran de los milagros que fueron sucediendo día tras día, mientras las alas del amor se desplegaban haciéndome más grande de alma y más chica de tamaño: como los chicos. Pero me hallé en un vacío y supe que estaba todo por crearse. Y mientras la historia seguía, los poemas comenzaron a revelarse en nuevas melodías, inspirados en cada encuentro con mis hijos, con la necesidad infinita de adquirir nuestro propio idioma y seguir conectados a pesar de la distancia. Es así como nuevos capítulos de fe e incondicionalidad diseñaron estrofas que alguien muy cercano a mí y a mis hijos tradujo en un himno que el martes abrió majestuosamente la Noche Mágica de la Infancia, en el Palais de Glace.

Escuchar al corazón

A partir de ahora, los niños del mundo tendrán cada año su noche mágica, en la que harán realidad sus sueños y sus fantasías. Una noche en que los adultos pondremos todo de nuestro mundo para que brillen sus corazones, sus voces sean altas y sus brazos se agiten como los de las hadas y los duendes de sus cuentos.

Escuchar a sus corazones ayuda a saber cómo se genera el futuro de la humanidad. Porque mientras ellos nos hablan de paz, sin oírlos engendramos guerra en su nombre; mientras nos hablan de naturaleza, hacemos peligrar el hábitat. Nos hablan del espíritu y sólo les ofrecemos tecnocracia. Ellos son el futuro, porque son el principio: entonces, procuremos que se hallen lo más libres posible.

Nunca pensé que el centro de mi pecho fuera capaz de tantas estrategias, de tantas paciencias, de tantas ideas, de tanta convicción. Caminando en el caos decidí ser la propia benefactora de todos los chicos que necesitaran reencontrarse con su identidad y origen, entonces se produjo un momento donde las manos de mis hijos tomaron las mías y nunca mas volví a sentirme sola.

Ante cada jefe de Estado, policía, juez, diplomático, ama de casa, enfermera, concejal y legislador he buscado en su alma y en su mirada la infancia, para que me ayude a lograr la conciliación y la paz. Apuesto a que si cada uno de ellos volviera al principio de sus vidas, a aquel momento de crecimiento donde estaba todo por hacerse y las potencialidades en su máxima expresión, firmaríamos todos los acuerdos, crearíamos mas presupuestos para la educación, nos animaríamos a escuchar a nuestros hijos y planificaríamos las próximas decisiones en familia.

Son cuatro años de lucha. En la tragedia crecí y me transformé. He buscado que mis más altas potencialidades puedan generar actitudes que ayuden a mis hijos a restablecer valores y derechos. Hagamos todo lo que esté en nuestros corazones para que los niños vuelvan a estar seguros entre los adultos.

Volver a cantar

Soy una mamá que aprendió a amasar panes a distancia. Desde hace cuatro años coso botones, ato cordones y anudo moños de una manera diferente. Mis besos, mis caricias y, por qué no, algunos retos han aprendido a viajar cruzando mares y desiertos. El amor me ha enseñado esto y mucho más. La adversidad nos descubre potencias inimaginadas; las dificultades, por dolorosas que sean, siempre tienen un flanco débil, la fe del que las atraviesa. Soy una mujer de fe. Hubo un tiempo de lágrimas y desesperación por la partida, de congoja por la ausencia y de angustia por la lejanía, mas nunca viví tiempos de ceguera provocada por el odio o por la ira. La imagen de Karim, Zahira y Sharif mantuvo transparente la mirada e iluminado el camino.

Mis hijos y yo disfrutábamos cantando. Mis hijos y yo volveremos a cantar juntos. Sólo es cuestión de que mi voz no se duerma, de que mis manos sigan amasando y de que Dios, la vida y ustedes me acompañen.

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