La nueva vieja versión de Cristina

Sergio Suppo
Sergio Suppo LA NACION
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23 de diciembre de 2018  

Juan Verdaguer(1915-2001) hacía humor hasta cuando hablaba de humor. "No hay que cambiar de chistes", decía. Y luego de medio segundo de silencio, remataba: "Hay que cambiar de público". Los consejeros de Cristina Kirchner no siguen las recomendaciones de Verdaguer. Será por eso que, 12 años después, sus allegados vuelven a presentarla como una dirigente criteriosa, tranquila y abierta a las sugerencias.

"Está cambiada", insinúan, para provocar la curiosidad al otro lado del muro de silencio que la separa del resto de la sociedad. Hay que aceptar que no todo es igual. En 2007, camino a las elecciones que la consagrarían presidenta por primera vez, sus propagandistas no la diferenciaban de los rasgos más ásperos de su personalidad, sino de los modos avasallantes de Néstor Kirchner , a quien se aprestaba a suceder.

"Llegará el tiempo de mejorar las instituciones, de normalizar las relaciones políticas, y Cristina se encargará de eso. Viene de muchos años en el Congreso, donde los acuerdos son parte esencial del funcionamiento", prometían en el entorno de la candidata presidencial. El periodismo se hizo eco en esos años de sus deseos de limpiar el gabinete de indeseables. Con varios de esos ministros no solo siguió, sino que ahora además está acusada de ser la jefa de todos ellos en una banda dedicada a recolectar coimas .

Fuente: LA NACION

La selectividad de los recuerdos puede provocar enormes pozos, aun cuando la historia sea muy reciente. La brusquedad de Kirchner quedó sumergida por las maneras todavía más brutales de su sucesora. A la muerte del expresidente, en octubre de 2010, la política negociadora y el ejecutivo avasallante invirtieron por completo sus roles. Era Kirchner el que en última instancia negociaba y era Cristina la que apelaba al "vamos por todo".

La promesa de cambio de personalidad de Cristina se sumó a la táctica con la que fue candidata a senadora en las elecciones del año pasado: el silencio. Salvo apariciones espaciadas y breves, se mantuvo lejos de los atriles y reacia a contestar preguntas incómodas.

Como Perón, Cristina utiliza el viejo refrán castellano que enseña, con una dosis de cinismo, que "otro vendrá que bueno me hará". No es difícil encontrar la intención de establecer un criterio de victimización similar y basado en situaciones dibujadas. Ese parangón consiste en vincular al Perón en el exilio con Cristina haciendo el sacrificio de callarse mientras "la persigue" Cambiemos. El peronismo siempre manejó con gran habilidad la adaptación de la historia en su beneficio. El mismo Perón dijo que regresaba a la Argentina convertido en un "león herbívoro" y así quedó instalado hasta hoy, cuando recién empiezan a alumbrar investigaciones que hablan de su decisión de crear la Triple A, el grupo paramilitar que enfrentó a los Montoneros.

Oculta tras los errores del gobierno de Macri, con los indicadores económicos y sociales negativos de estos tiempos, Cristina se mantiene en silencio mientras su gente dice que cambió. Eran mejores los chistes de Verdaguer, aunque a veces los repitiera ante el mismo público.

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