La queja, un deporte nacional

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
Fuente: Archivo
(0)
29 de agosto de 2019  • 00:35

La queja expresa un malestar, una situación desagradable. Existen distintos tipos de quejas pero, a continuación, te invito a mirar a los distintos "tipos de quejosos" que podemos encontrarnos en nuestro camino:

1. El que se queja por la necesidad de construir un displacer

Esta clase de queja está asociada a la culpa. A la persona le sucede algo bueno e inmediatamente necesita construir un displacer para anular o empañar eso. Por ejemplo, consiguió trabajo y piensa: "Vamos a ver cuánto me dura". O se compró un par de zapatos nuevos y dice: "Hay que ver si son de buena calidad y no se rompen enseguida como los anteriores".

La culpa es una emoción que nos conduce a expresar: "No me lo merezco". Es inconsciente y surge fundamentalmente frente a un hecho positivo. Quien se siente culpable necesita colocar al lado un malestar, pues no tiene el permiso interno para disfrutar lo bueno que le está ocurriendo. Vendría a ser como una especie de "peaje" a pagar a través del sufrimiento. Tal como nuestras abuelas que solían decir: "Ya limpié toda la casa, ahora sí me merezco cinco minutos de descanso". Mucha gente no se permite disfrutar las cosas buenas siendo la máxima expresión el hecho de estar vivos.

2. El que se queja como un modo de vincularse

Hay quienes rumean su malestar y se lo expresan a cuantos pueden, llámese amigos, familiares e incluso desconocidos. Cuando este quejoso pide un consejo y le dicen: "Probá a, b o c", sigue manifestando su malestar. En realidad, lo hace frente a cualquier propuesta porque su objetivo no es resolver lo que le sucede sino utilizar la queja como "herramienta".

Por eso, reitera su malestar una y otra vez. Es su excusa emocional para vincularse con el otro porque no posee los recursos afectivos y comunicacionales para relacionarse con la gente desde el placer y la alegría. Entonces recurre a la queja. A veces incluso lo hará en las redes sociales, no personalmente, para conseguir la repetición de su malestar. Su situación negativa nunca se resolverá, ya que es la carta de presentación con la cual se acerca y conecta con el otro.

3. El que se queja por melancolía

Este tipo de queja es la expresión de un tono afectivo triste, típico de quien se siente derrotado o vencido. Sus palabras no son en realidad el verdadero motivo por el que se queja sino la señal de que la vida en general ha perdido su brillo. El lema de esta persona es: "Yo estoy mal y vos estás bien" porque alberga la creencia de que la vida trata bien a los demás pero no a él o ella. Es así que les atribuye factores positivos a otros y permanentemente factores negativos a sí mismo.

Como se siente sin energía, su cuerpo busca cosas para sentirse mejor. Pero aun así, hace una lectura catastrófica de las circunstancias y este es el tono que predomina en sus quejas que vienen a ser el "planteo del vencido". Aquel que, haga lo que haga y suceda lo que suceda, jamás alcanzará la satisfacción. Esta actitud no siempre está ligada al papel de la víctima sino a la codependencia de los demás. La persona se queja del marido, de la esposa, del jefe o de los hijos, que no lo trataron bien revelando así frustración o insatisfacción personal que disfraza con una queja por otro tema.

4. El que se queja circunstancialmente

Esta queja es de corta duración y ocasional. Su fin es expresar una carga de presión que genera malestar. La persona habla y descarga, y luego continúa con su próxima tarea que es distinta de la anterior y va unida a la rumiación de su situación negativa.

Recordemos que:

El común denominador de mi queja es el índice del área donde estoy satisfecho.

Para concluir, salgamos de la posición de víctima siendo conscientes de que siempre es posible hacer algo frente a lo negativo. No elegimos todo lo que nos sucede pero sí cómo responder a eso. La queja no es más que una pérdida de tiempo, dado que bloquea nuestra capacidad de acción. Atrevámonos a mirar para adentro y a preguntarnos: "¿Qué deseo?". Aprendamos a pedir lo que necesitamos. Así seremos capaces de salir del lamento y de buscar soluciones que nos permitan recuperar el control remoto de nuestra vida emocional. Y, sobre todo, seamos agradecidos y partamos desde la alegría y el placer. Una de las mejores formas de enfrentar lo que nos lastima y de seguir construyendo hacia adelante.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.