La reforma no es sencilla

Adrián Ventura
Adrián Ventura LA NACION
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28 de abril de 2004  

Nadie duda de que la Argentina debe enfrentar una imprescindible reforma electoral. Pero ejecutarla requiere dos elementos: elaboración y consenso.

En un país donde un simple ciudadano como Juan Carlos Blumberg es capaz de convocar a una multitud inalcanzable para la maquinaria de cualquier partido nacional, es evidente que falla algo: la representación. La gente vota y elige a sus representantes, pero lamentablemente no se siente representada por ellos. El fenómeno Blumberg, encarnado por un hombre que fue llevado a la exposición pública por un hecho doloroso e inesperado, sólo puede entenderse a contraluz de la deslegitimación que sufren la mayoría de los políticos, a los que la ciudadanía cree más interesados en defender sus propios intereses que los de sus gobernados.

Pero, por el momento, elaboración y consenso son los requisitos que precisamente están faltando.

Luego de nueve días desde que el ministro de Justicia, Gustavo Beliz, incluyó en el paquete de reformas de seguridad y justicia la mentada reforma electoral, todavía no hay proyecto alguno definitivamente pensado. Ni el ministro de Interior, Aníbal Fernández; ni el secretario electoral, Alejandro Tulio; ni los jueces de la Cámara Nacional Electoral, tienen en claro cuál es el plan concreto del Gobierno -si es que existe alguno-, ni tampoco fueron consultados al respecto.

* * *

Y a la falta de elaboración hay que sumarle consenso, que incluye el acuerdo más o menos amplio de todos los operadores del sistema: de los legisladores, partidos políticos y de los jueces que aplican esas normas.

Veamos las principales reformas en danza:

  • Nadie que valore el progreso puede resistir la incorporación de la urna electrónica, aún cuando los países europeos prescindan de la misma.
  • Pero antes de definir si conviene comprar las urnas que se fabrican en España o las de Brasil, hay que evaluar si se va a modificar el Código Electoral. Por ejemplo, para establecer un sistema de tachas y preferencias; o cómo se va a realizar el escrutinio y otros factores en juego. De otra manera, no se puede saber cuáles serán las urnas y el programa informático que mejor se adecuan a nuestra realidad y a nuestro sistema electoral.

  • También parece necesario que el Congreso reforme el Código Electoral, para que se pueda hacer un tratamiento informatizado de las fichas con las que hoy se elabora manualmente el padrón electoral.
  • Buena parte de la ciudadanía estaría de acuerdo en que el Congreso elimine las llamadas listas sábana, que ponen bajo el mismo manto de opacidad a los candidatos probos con quienes son impresentables.
  • Pero hay que tener en cuenta que esa reforma sólo hará sentir su efecto en los grandes distritos electorales, principalmente la Capital Federal, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que son los que eligen más diputados. En las demás provincias, donde se eligen unos pocos candidatos bien conocidos por toda la ciudadanía, aquella reforma no es imprescindible. Y si se adopta esa reforma, ¿cuál es el mejor sistema para reemplazarlo?

  • En 2002, el Congreso aprobó la ley de internas abiertas, que bien aplicada podría llevar más democracia y participación al interior de los partidos. Pero los partidos justicialista y radical, en lugar de querer poner nuevamente en vigor la ley, esperan el momento oportuno para derogarla.
  • Por otra parte, si se crean los dos juzgados electorales anunciados, uno en Capital y otro en Buenos Aires, ¿se les permitirá a los jueces María Servini de Cubría y Manuel Blanco optar por tomar la competencia electoral o serán jueces penales y aquellos juzgados electorales serán llamados a concurso?
  • Finalmente, el año último hubo 29 fechas electorales, en otros tantos domingos. ¿Podrán llegar gobernadores y Presidente a algún acuerdo para que se unifiquen las fechas, de modo que en el calendario electoral del año próximo no se repita tal experiencia, enriquecedora pero muy costosa?
  • En fin, nada parece tan necesario, para reavivar la participación democrática, como una reforma política. Pero nada es tan simple como lo planteó el Poder Ejecutivo.

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