La reforma no murió todavía

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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31 de marzo de 2000  

Pese a las peripecias que viene sufriendo el proyecto de reforma laboral del oficialismo, por los errores tácticos del propio Gobierno y la poca seriedad con que los sindicalistas tratan los acuerdos políticos, es probable que en las próximas semanas asome una luz en el horizonte de los impulsores de la iniciativa.

Ayer, el presidente del bloque de senadores justicialistas, Augusto Alasino, pareció flexibilizar algo su posición: sostuvo que la ley podría aprobarse el mes próximo, cuando finalicen todas las consultas.

Desde la Alianza se ha acusado a los hombres del PJ de intentar dilatar el tratamiento de la norma laboral hasta después de las elecciones del 7 de mayo en la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, varios senadores justicialistas son conscientes de que, negándose a analizar el proyecto, le estarían brindando al gobierno nacional la posibilidad de responsabilizarlos por no permitirles resolver el problema del desempleo.

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En el caso de que se decidan a aprobar la ley con modificaciones al proyecto sancionado por la Cámara de Diputados, a los senadores del PJ se les plantea un problema: deberían lograr el concurso de sus pares de la Alianza y dar sanción a la iniciativa con los dos tercios de los miembros. Si sólo lo hacen con mayoría simple, se arriesgan a que los diputados del oficialismo insistan en el proyecto original y lo conviertan en ley.

Esto obligaría a un acuerdo político entre los senadores del PJ y el Gobierno. El interrogante es si tal entendimiento se hará sobre la base de reformas que alterarían la esencia del proyecto o si se efectuará a partir de otras modificaciones menores que sean potables para el Poder Ejecutivo.

Esta última alternativa no debería descartarse. Ayer, comenzó a hablarse de la posibilidad de introducir una nueva modalidad de contratación con rebajas impositivas para mayores de 45 años. Alrededor de ese punto y de algún beneficio para las provincias justicialistas, preocupadas porque las dificultades financieras las están obligando a cortar planes sociales, podría girar el acuerdo.

Por supuesto, todo es muy prematuro cuando de por medio hay un proceso electoral y cuando se analiza la escasa correspondencia entre las declaraciones y los hechos que generan los actores políticos y sindicales. Concretamente, el Gobierno lanza una dura campaña televisiva contra los mismos líderes gremiales con los que celebró un pacto, con foto en la Rosada incluida; el mismo pacto que los popes sindicales olvidaron en pocas horas.

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