La renuncia de Daniel Marx

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16 de diciembre de 2001  

Aunque esperada, la renuncia del viceministro de Economía, Daniel Marx, provocó preocupación en los ámbitos que siguen con interés el devenir argentino. El funcionario estaba a cargo de las delicadas y complejas negociaciones de le deuda pública y tenía, en virtud de ello, acceso privilegiado y casi exclusivo a los centros financieros más importantes.

Su salida es una sensible baja para el jaqueado gobierno de Fernando de la Rúa y para la gestión ministerial de Domingo Cavallo. Con éste -a pesar de la amistad y el respeto recíprocos- Marx tenía notorias diferencias conceptuales; al parecer, el congelamiento de los depósitos fue el tema que precipitó la renuncia.

La trayectoria del ahora ex viceministro es destacable: acompañó a los gobiernos de Alfonsín y Menem y posee una infrecuente combinación de conocimiento técnico y acendrado sentido del "servicio público". Gracias a su experiencia y capacidad negociadora, la Argentina obtuvo buenos resultados en importantes operaciones financieras, muchas de ellas verdaderos casos líderes, como lo fue el recordado Plan Brady.

Son usuales las injustas acusaciones contra quienes realizan ese tipo de gestiones y también que se les achaque vinculaciones non sanctas con los banqueros a los que deben acudir. Marx no escapó a esa ruindad que confunde, en lo económico, al médico con la enfermedad que trata de curar. A despecho de esas bajezas, la Argentina cuenta hoy, gracias a las gestiones de Daniel Marx, con la tasa de interés por servicios de deuda menos onerosa entre todos los países emergentes.

Marx mostró cualidades de excelente negociador. Un latiguillo insistente sintetiza su pensamiento: no cambiar las reglas de juego. A su juicio, la falta de continuidad al respecto -más que cualquier otro factor- es el gran peso muerto que gravita sobre nuestro país.

En estos momentos tan difíciles para la República, esta renuncia se hará notar. Confiemos en que el reemplazo para las funciones delicadas que desempeñaba Daniel Marx sea igualmente eficaz, y permanezca adherido a una política para la que no hay alternativas.

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