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La revolución en el cielo y la tierra

José Manuel Ortega Fournier
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12 de marzo de 2019  • 00:18

En el ocaso del mandato del Presidente Macri, se presiente una incertidumbre sobre los resultados de su gobierno en la población argentina. Existe una sensación que el único punto de juicio sobre las actuaciones de los últimos cuatro años confluye alrededor de la inflación y del tipo de cambio, menospreciando transformaciones estructurales profundas que se han dado en este tiempo. Cuesta creer que el esfuerzo mediático del gobierno no se enfoque en estos logros que transforman también el nivel de vida de los ciudadanos de una forma positiva.

Una de estas transformaciones estructurales que tanto beneficio ha aportado, sobre todo, a los estratos menos pudientes de la sociedad argentina, ha sido la revolución del transporte aéreo. Independientemente de las obvias mejoras de la calidad de vida con inversiones importantes en infraestructuras como construcción y mejora de rutas, de sistema de agua potable y cloacas, que son evidentes para los vecinos de las poblaciones donde se han realizado, el desarrollo del transporte aéreo ha presentado unas oportunidades para millones de argentinas y argentinos, que jamás ni imaginaron poder viajar en avión. Solamente en una de las empresas de nueva creación. Flybondi, hubo cerca de un millón de personas que viajaron en avión en su primer año de operaciones, y de éstas, 130.000 pudieron experimentar el placer de volar por primera vez.

Si uno analiza los datos objetivos del sector, el resultado es abrumador apoyando esta revolución de la que casi nadie habla. En otros países, la entrada de las compañías de precios bajos multiplicó exponencialmente el número de viajeros. En Brasil, en un período de 15 años, este número se multiplicó por cinco, llegando a los 100 millones de pasajeros. En 10 años, en la India se multiplicó por tres y en Sudáfrica y Turquía por ocho. Estas cifras demuestran el potencial de crecimiento del volumen de pasajeros en la Argentina. Con cinco veces más de población, Brasil tiene 14 veces más clientes aéreos que la Argentina. Estas cifras hablan por sí mismas y confirman el potencial de crecimiento exponencial del sector en nuestro país, y la necesidad de haber sentado las bases de este futuro crecimiento y desarrollo, a partir de la acción de gobierno del ministro Guillermo Dietrich. A partir de 2016 y hasta el año pasado, el aumento de pasajeros en la Argentina fue del 38% y se espera un aumento exponencial en la medida que las nuevas empresas continúen con su crecimiento y consolidación. Desde el 2015, se han establecido 109 rutas nuevas. En cabotaje, existen 139 rutas, lo que representa un aumento del 51%. De éstas, 47 no pasan por Buenos Aires. El desarrollo de rutas internacionales es incluso más espectacular. Hay 62 nuevas rutas internacionales, con un aumento del 68%, y 55 que no pasan por la capital, con un impactante aumento del 293%. Los aeropuertos del interior son los que han generado un aumento más impactante en los pasajeros. Mendoza, por ejemplo, pasó de los dos millones, con un aumento del 58% desde 2015. El número de aeropuertos internacionales ha pasado de cinco a ocho en solo dos años.

Las cuatro nuevas compañías que han entrado al mercado han generado 2000 empleos con sueldos superiores a la media del país. Este número aumentará significativamente una vez que las 18 nuevas aeronaves comiencen sus vuelos en 2019. Ante el aumento de la competencia, el nivel de costo de los pasajes aéreos ha disminuido significativamente, ofreciendo la posibilidad de viajar a personas que antes ni soñaron poder hacerlo.

Y esta revolución estructural que se está acometiendo en el país no ha tenido ningún costo para el Presupuesto nacional. No solo es así, sino que, con las mejoras y la mayor transparencia en la gestión, la subvención del Estado nacional a Aerolíneas Argentinas ha pasado de 900 millones de dólares en 2012 a 183 millones de dólares en 2017. La subvención por pasajero ha pasado también de 132 dólares a 14 dólares. También el Gobierno ha tenido la valentía política de bajar las tasas aeroportuarias, que habían subido durante los años del kirchnerismo a tasas difícilmente explicables por motivos técnicos.

Finalmente, el Gobierno, en tiempo récord, está realizando inversiones muy significativas en la infraestructura aeroportuaria que suma 52.000 millones de pesos de 2016 a 2019, con la previsión de realizar otros 20.000 millones más hasta el 2020. Solamente en 2019 se estiman realizar 35.000 millones de pesos de inversión. Estas cantidades representan 8 veces más de lo que se invirtió en Argentina en los últimos 40 años, en 31 aeropuertos del país. No solo se ha ampliado la capacidad de los aeropuertos argentinos, sino, sobre todo, se han realizado mejoras muy significativas en la seguridad aérea en los mismos. El tamaño absoluto de las inversiones necesarias demuestra el lamentable estado en el que se encontraba el sistema aeroportuario argentino.

Una vez analizados con frialdad y objetividad, resulta extremadamente sospechosa la obsesión de los sindicatos aéreos por tumbar cualquier tipo de mejora en el sistema. Solo ellos podrán explicar por qué se niegan a apoyar esta revolución que tantas mejoras ha aportado tanto a pasajeros, nuevos empleados y a la totalidad del país. El transporte aéreo es un arma fundamental para el desarrollo económico, incluido el turismo, y este gobierno ha conseguido logros notables a pesar de la oposición interesada de varios actores. La revolución del cielo y la tierra está aquí y está para quedarse.

Economista y empresario

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