La sonrisa de Gardel y el legado musical de Sábat

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28 de septiembre de 2019  

En el verano del 92, al comienzo de nuestra adolescencia, con mi amigo Juan Pablo M. nos habíamos fanatizado con el tango. Escuchábamos a Dolina todas las noches y nos aprendíamos las canciones que, a pedido de los oyentes, interpretaba el Sordo Gancé al final del programa. Una tarde, nos encontramos para ir a conocer la esquina Homero Manzi, el clásico bar de San Juan y Boedo, mucho antes de que se transformara en un pretencioso cena-show f or export. Aunque viviéramos a unas 30 cuadras de allí, como cualquier otro rito de iniciación, aquella excursión tuvo algo de odisea. Estábamos decididos a abrazar la porteñidad con la misma convicción con la que un budista aspira a alcanzar el nirvana, y peregrinamos hacia el barrio del autor de "Malena" con la convicción de encontrar al final del pocillo de café un oráculo, un presagio, una revelación. Veo la escena a la distancia y evoco, con una sonrisa, un detalle en nuestra vestimenta. Esa tarde, los dos llevábamos puestas unas remeras (casi) idénticas, con la sonrisa de Gardel y la firma de Hermenegildo Sábat .

Menchi había ilustrado también las portadas de los compilados de distintos artistas que FM Tango había editado en CD, y que formaban parte de la discoteca de mi viejo. " Lo Mejor de... (Elija y gane: Goyeneche, Troilo-Fiorentino, Vargas-D'Agostino, Tanturi-Campos, Troilo-Marino, etc) , de FM Tango para usted ", una serie de álbumes con los que dimos nuestros primeros pasos en la música ciudadana. Faltaban varios años para que la web nos pusiera a un clic de distancia de cualquier cosa, así que las primeras imágenes que tuve de esos artistas fueron los retratos de Sábat. No deja de ser significativo que tanto en aquella travesía iniciática a ese bar tanguero como en esas grabaciones añejas, que se conformaron en un pilar de nuestra educación sentimental, el Menchi haya estado ahí.

Sin embargo, Sábat ya formaba parte del paisaje cotidiano de mi vida desde mucho antes. En la pared de la habitación de mi infancia, por ejemplo, todavía cuelga un retrato que me hizo cuando tendría unos cinco años, una tarde que pasó de visita por casa, con un bloc y un bolígrafo. Ese mismo día, le hizo un retrato a mi viejo. La relación entre ellos, que se transformaría en una profunda amistad con el jazz como vínculo sagrado, había empezado un buen tiempo atrás. Sábat presentó su libro Scat, una interpretación gráfica del jazz en Jazz & Pop, la disquería que atendían mi viejo y su hermano, mi tío Andy, en la galería Libertad, en 1974. Fue una tertulia que incluyó una jam session con Fats Fernández, Ignacio Rodrigo Magro y Carlos Rodríguez Jurado, entre otros, además de la presencia de glorias del ámbito local como el pianista Enrique "Mono" Villegas.

Tengo más que un puñado de recuerdos personales, que incluyen cenas, inauguraciones, conciertos y entrevistas compartidas con Menchi, además de que muchas de sus obras cuelgan en las paredes de la casa de mis viejos. Pero más allá de esas anécdotas tengo un profundo agradecimiento, tan grande como mi admiración, que trasciende a sus artes gráficas. El Menchi, con cierto espíritu renacentista, fue también periodista (su breve escrito sobre João Gilberto de 1997 es antológico), fotógrafo, poeta, docente y clarinetista aficionado. Condensó su sapiencia de melómano en varios libros brillantes, inspirados en la vida y obra de los músicos que admiraba. Un listado que va de Gardel a Bix Beiderbecke, y de Django Reinhardt a Charlie Parker, entre muchos otros. En cada uno de esos trabajos, más allá de la belleza de su arte, había un modo de transmitir la sapiencia, de contagiar el amor, de proponer nuevas miradas y abrir puertas hacia sus obras.

Esta semana se cumple un año de su partida. El próximo martes, a las 20.30, en la Sala Enrique Muiño del Centro Cultural San Martín y en el marco del ciclo Jazzología, habrá un homenaje animado por el quinteto de dos notables clarinetistas, Carlos Acosta y Juan Ignacio Caino , que recrearán temas como "Rosetta", de Earl Hines y Henry Woode. Escribo estas líneas mientras escucho una playlist que su hijo Rafael armó en Spotify con las canciones favoritas de su padre. Él y su hermano Alfredo, de cuyo talento disfrutamos a diario en las páginas de La Nacion, y la madre de ambos, Blanca, estarán en la platea. También estará la nieta de Menchi, Kate, que haciendo honor a su linaje ya ostenta una producción gráfica más que auspiciosa.

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