La tercera ola de barras y estrellas

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
(0)
20 de noviembre de 2016  

A fines de la semana que hoy comienza, Miguel de Godoy, titular del Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), tendrá sobre su escritorio del piso 18 de esa repartición los papeles que formalizarán la adquisición por 345 millones de dólares de Telefé por parte de Viacom.

El quinto jugador, entre los más grandes operadores mundiales de contenidos audiovisuales, de ahora en más contará con el canal de aire de mayor audiencia de la Argentina como principal rampa de cabecera de producciones para América latina. "Y para el resto del mundo", se apura a aclararnos desde Miami, Pierluigi Gazzolo, presidente de Viacom International Media Networks-Américas. ¿Cuál es su plan?: "Hacer aún más de lo que ya vienen haciendo [en Telefé] con tanto éxito", asegura el ejecutivo.

Mientras tardan en llegar las inversiones extranjeras tan esperadas por el Gobierno para dinamizar una economía que no termina de arrancar, el sector de las telecomunicaciones se arriesga y pica en punta.

En contraste con los timoratos, o demasiado calculadores, empresarios locales tampoco parecen preocupados por las incógnitas políticas que podrían abrirse en las elecciones del año próximo si el oficialismo es derrotado. Sin contar que, además, Viacom debe lidiar con las propias incertidumbres que jaquean el presente y futuro de los medios de comunicación, en un escenario inestable y sumamente fluctuante.

Se trata de la tercera ola inversora en la materia, en contextos políticos y tecnológicos bien distintos. La primera fue en los años 60 cuando las cadenas de TV estadounidenses CBS, NBC y ABC fueron parteras de la TV privada argentina, a la que moldearon con su impronta, sus enlatados y su know how para el armado de las grillas locales. Esa corriente duró pocos años hasta que esos mismos capitales se retrajeron por dos razones: tenían más plata para ganar en su propio mercado doméstico, que en aquella época comenzaba a expandirse con vigor, y, de paso, escapaban a tiempo del ambiente crecientemente espeso y antinorteamericano que prenunciaban los tenebrosos años 70.

La segunda ola fue en los 90 menemistas, la década de las "relaciones carnales", durante la que aprovecharon la oportunidad de meterse en atractivos negocios que se abrían con la aparición de los multimedios, la privatización de la telefonía y el auge del cable.

La década K fue dual, según Héctor Magnetto, tal como lo cuenta en su libro Así lo viví, de reciente aparición, producto de una serie de charlas con el sociólogo y filósofo Marcos Novaro. "El kirchnerismo -opina allí el CEO del Grupo Clarín- quería medios débiles, que necesitaran de la pauta o de otros negocios concesionados por el Estado. O si no, en el otro extremo, grandes corporaciones globales, que no tuvieran la más mínima intención de hacer periodismo en el país y prefirieran expandirse sin criticar al poder local. Aquí entran desde los grandes estudios de Hollywood hasta las corporaciones telefónicas o satelitales."

Estas rígidas y ladinas reglas del juego trazadas sólo para favorecer y apuntalar el relato monolítico del kirchnerismo cambiaron diametralmente desde el 10 de diciembre último en el que el Estado volvió a su condición de regulador no intervencionista. "Regular -amplía De Godoy con una metáfora futbolera- significa marcar la cancha, pero quedarse afuera, y sólo entrar si alguien toca la pelota con la mano."

Esto implica, para el Grupo Clarín, por ejemplo, que ya no tiene que gastar energía en defenderse del poder político de turno, pero sí que debe mantenerse en forma para enfrentar a competidores internacionales aún más poderosos en un marco de juego limpio, aunque de gran exigencia.

Telefé nació como Teleonce en 1961 con los auspicios locales de los jesuitas y el respaldo profesional de la cadena ABC. En 1970 cambió su perfil austero y de atractivas ficciones nacionales y norteamericanas por el más bullanguero y periodístico que le impuso Héctor Ricardo García. Tras sufrir la estatización de los canales que descerrajó el lopezreguismo, la dictadura lo puso en manos de la Fuerza Aérea y el alfonsinismo le encomendó su cuidado al hoy hipercristinista Leopoldo Moreau. Carlos Menem lo reprivatizó a fines del 89 y aunque pasó del grupo liderado por Editorial Atlántida a Telefónica, es la dinastía Yankelevich (primero Gustavo; en el presente, su hijo Tomás) la que le imprimió su carácter de canal líder mediante eficaces comedias livianas, adictivos teleteatros, exitosísimos programas de entretenimiento y un habilidoso uso de los enlatados ( Los Simpson y novelas extranjeras). En el plano informativo, en los últimos años, sufrió una ostensible sumisión al anterior poder político, aunque sin caer en lo panfletario.

¿Qué les atrae ahora de la Argentina las grandes empresas de comunicación?: que el país tiene gran calidad artística, una estimable estructura edilicia y técnica, su rica diversidad en escenarios naturales y que aquí hasta se puede producir en inglés. ¿Qué les preocupa?: la ley del actor y las restricciones en la duración de las tandas.

Fox y Turner, por su parte, ya calientan motores para transmitir el fútbol desde 2017. Hora de welcome y no de go home.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.