La tragedia del desempleo

Por Alberto Benegas Lynch (h.) Para LA NACION
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13 de mayo de 2003  

Uno de los problemas más urgentes en nuestro país es el desempleo. Pero para encararlo resulta indispensable entender la causa de este mal. De lo contrario, las respuestas serán inadecuadas y perderán de vista el eje central de esta mayúscula desventura.

¿Cómo es posible que existan aquí sobrantes de indispensable y valioso capital humano? Todo está por hacerse y, sin embargo, tenemos desempleo. Es que las mal llamadas cargas sociales y demás impuestos al trabajo son de tal magnitud que resulta imposible absorber toda la mano de obra. Esto explica la enorme proporción de trabajadores en el mercado negro. No es que les resulte especialmente atractiva esta situación. Es que si se "blanquean" resultan excluidos del mercado laboral, debido a los aportes, retenciones y pasivos que esto significa.

En verdad, resulta una inmoralidad que terceros usen y dispongan del fruto del trabajo ajeno. Sin embargo, las citadas retenciones se realizan bajo el absurdo principio de que la gente está capacitada para elegir a los gobernantes, pero es inepta, una vez salida del cuarto oscuro, para manejar su propia vida.

Estructura de capital

Debe comprenderse que los salarios e ingresos en términos reales se deben a las tasas de capitalización. Esto es, a la inversión per cápita. Maquinarias, herramientas, equipos y los correspondientes conocimientos hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. No es lo mismo arar con las uñas que con un tractor. Los salarios son más elevados en Vancouver que en Calcuta debido a que, en el primer caso, las tasas de capitalización son más altas. No se trata de que los gobernantes o los empresarios de la India sean insensibles, ni de que los de Canadá sean más generosos. La inversión per cápita explica las diferencias y, a su vez, esta inversión elevada resulta posible en la medida en que se cuente con marcos institucionales civilizados, que resguarden los derechos de las personas.

En nuestro país el desempleo llega a límites insoportables, pero no es el único lugar donde sucede este desgraciado fenómeno. Por ejemplo, salvando las distancias, si miramos a los Estados Unidos y comparamos lo que ocurre en la Costa Oeste respecto de lo que en esta materia sucede en el Este, observaremos que, en este último caso, hay desocupación de personas, muchas de las cuales están bien capacitadas y contratadas legalmente, mientras que en el Oeste no se produce desempleo a pesar de que muchos de los trabajadores son ilegales. Es de interés apuntar que en el Oeste muchas de las personas que se ofrecen son analfabetas en inglés (a veces analfabetas también en castellano), no están capacitadas como sus colegas del Este y, además, el mercado laboral les resulta mas restringido, debido a que muchos no están dispuestos a contratar en negro.

A pesar de las desventajas señaladas, no hay desempleo en esta región. Esto se debe a que los salarios son los de mercado, mientras que en el primer caso la legislación establece remuneraciones superiores a las que permiten las tasas de capitalización.

Supongamos por un instante que en un intenso despliegue de sensibilidad social, el próximo gobierno argentino estableciera un salario para todos de 40.000 dólares mensuales, con multas severas para quien contratara por debajo de esa cifra. El resultado inexorable sería que todos los argentinos estaríamos condenados a morir por inanición. Nadie encontraría empleo. De más está decir que la imposición de erogaciones y otras cargas sociales no alcanza esa magnitud, pero en la medida en que las legislaciones respectivas establezcan montos que superen las tasas de capitalización, continuarán sin empleo los que más necesitan trabajar. Los gerentes de finanzas, de personal y gerentes generales no serán afectados, a menos que las remuneraciones establecidas compulsivamente resulten más elevadas que sus ingresos actuales, en cuyo caso ellos tampoco encontrarían empleo.

Maraña legislativa

Habitualmente se caricaturizan las relaciones laborales con dibujos en los que aparece un hombre con zapatos de charol y una inmensa cadena de oro que le cruza su bien alimentado abdomen, figura que contrasta con la de otro hombre descalzo y con la ropa rota. Frente a este cuadro, cualquiera se pregunta cómo es posible tolerar semejante desigualdad. Pero es que, para el caso que nos ocupa, resulta irrelevante lo abultada que sea la cuenta corriente del empleador. Si en un determinado lugar el salario de mercado para realizar cierta tarea es de diez pesos y el millonario de la comunidad decide ofrecer la mitad, no conseguirá personal para ejecutar la tarea en cuestión. Los salarios no dependen de los deseos de pagar poco ni de percibir mucho. Como se ha dicho, dependen de la estructura de capital disponible.

Entonces, para eliminar el desempleo es indispensable despejar la maraña legislativa que perjudica gravemente al trabajador, y para elevar salarios se debe contar con instituciones que garanticen seguridad y justicia, a los efectos de facilitar el ahorro interno y de atraer inversiones del exterior.

El autor es profesor de economía y escritor. Su último libro publicado es "Las oligarquías reinantes" (Editorial Atlántida).

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