La tragedia podría haberse evitado

Jaime Linares
Jaime Linares LA NACION
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22 de febrero de 2012  • 20:20

Hay una cadena de responsabilidades del Gobierno que va desde el ministro de Planificación, Julio De Vido, hasta la Comisión de Regulación del Transporte, pasando por los secretarios de Transporte, Ricardo Jaime y ahora Juan Pablo Schiavi.

Se ha hecho caso omiso a las denuncias permanentes de los trabajadores ferroviarios, a los proyectos de ley de la oposición que proponían investigar la situación de los contratos de concesión.

No se le prestó atención al informe de la Auditoria General de la Nación que ya en el año 2008 decía : "En cuanto al material rodante, TBA no realiza el mantenimiento adecuado, tampoco brinda respuesta técnica en tiempo y forma a las irregularidades detectadas por la CNRT mediante las inspecciones de seguridad a dicho material" . Y concluía: "A juzgar por el deficitario estado general de conservación que presenta el sistema, la gestión del concesionario puede considerarse como ineficaz , dado que no se observa para el mantenimiento una respuesta técnica acorde al estado en que se encuentran los bienes concesionados".

La tragedia de Once es un hecho más que pone en evidencia la realidad con la ficción del progresismo kirchnerista, hoy es un accidente que se ha cobrado nuevas víctimas. Seguramente, otra vez mas se echará la culpa de lo que nos pasa por negligencias sociales o inconductas, como se refirió el secretario de Transporte cuando explicó que "los dos primeros (vagones) estaban abarrotados de gente y tenían mucha carga" o cuando las colas interminables para sacar la tarjeta SUBE eran porque "la gente deja todo para último momento".

Detrás de ese discurso, se esconden las verdaderas responsabilidades y pese a las advertencias, se optó por mantener un modelo de Estado que con subsidios millonarios sostuvo el sistema diseñado por el menemismo, privilegiando la rentabilidad empresaria por sobre las condiciones mínimas de confort y seguridad de los usuarios.

El accidente ferroviario es una tragedia que podría haberse evitado y que pone en evidencia la crisis de un modelo que sólo tiene beneficios para unos pocos.

Desde hace varios años se viene denunciando el desmantelamiento del sistema ferroviario y las condiciones paupérrimas en que viajan todos los días los usuarios. El Gobierno es el único responsable por el sistema de corrupción en base a los subsidios otorgados primero por Ricardo Jaime y luego concedidos al Grupo Cirigliano y a la empresa TBA.

Hay una falta de previsión, de planificación, de inversión y de control por parte de la estructura kirchnerista que está haciendo agua por todos lados.

Nos preocupa que no haya una reacción del Gobierno, donde el silencio sea una política de Estado. Es necesario que se apliquen los controles estatales y que teniendo todas las herramientas que le da la ley de emergencia económica, privilegien mejorar el transporte público para que sea un servicio accesible, seguro y que el pasajero se sienta resguardado y protegido. Estas concesiones definen un modelo de Estado que demuestra que no ha cambiado en nada desde la década del 90.

Jaime Linares es Senador Nacional por el GEN

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