La violencia puede seguir latente

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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28 de junio de 2002  

Anoche, tras la movilización piquetera que terminó sin problemas, cierto alivio llegó al Gobierno. La capacidad para controlar la protesta social en el explosivo conurbano bonaerense era hasta ahora uno de los principales argumentos para defender la continuidad de Eduardo Duhalde al frente del Poder Ejecutivo. Los desórdenes de anteayer en Avellaneda amenazaban con derrumbar aquel argumento y con colocar al Presidente en una situación de extrema debilidad.

Un escenario signado por la inestabilidad regional, las dificultades para acordar con el FMI y la violencia social en primer plano es, sin duda, el peor que puede afrontar el Gobierno.

La pregunta que sobrevoló las últimas reuniones de funcionarios se relacionaba con el grado de probabilidades de que las hostilidades promovidas por los piqueteros en el puente Pueyrredón y la marcha realizada ayer fueran parte de una escalada de violencia que buscara reproducir los hechos del 19 y el 20 de diciembre, prólogo de la caída de Fernando de la Rúa.

Hombres del Gobierno descartaron esa hipótesis. En los hechos previos a la renuncia de De la Rúa tuvieron una activa participación los sectores medios urbanos. Al margen de los escraches bancarios y de la bronca de este segmento tan característico de la sociedad, no se advierte hoy un movimiento semejante al de diciembre. Además, según diferentes encuestas, la inmensa mayoría rechaza la metodología piquetera y no se identifica con la acción de los encapuchados.

Tal hartazgo es proporcional al incremento del número de cortes de rutas verificado en un trabajo del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría. En 1997, cuando surgieron los primeros piqueteros organizados, hubo 140 protestas de ese tipo; en 2001 treparon a 1383 y en lo que va de este año se registraron 1609 piquetes.

De todas formas, los estallidos sociales no presuponen la acción coordinada de diferentes sectores ni unanimidad en las demandas. Por ejemplo, los sectores de clase media que se movilizaron el 20 de diciembre difícilmente compartían la modalidad de saqueos a comercios que había tenido lugar horas antes.

En el contexto socioeconómico más grave de la historia argentina, la posibilidad de más violencia social seguirá latente. Asegurar el orden público dependerá de la firmeza que demuestren las autoridades frente a los violentos, ya que cuando éstos son premiados con concesiones oficiales, la violencia se convierte en sistemática. También dependerá de la marcha económica.

En pocos días más quedará abierto el debate salarial. Como frente al corralito, el Gobierno se encontrará ante un complejo mecanismo de relojería que puede transformarse en una bomba de tiempo si no se maneja con prudencia.

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