Las consecuencias no queridas de la "morenización"

Mariano Grondona
Mariano Grondona LA NACION
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19 de febrero de 2012  

Durante la Primera Guerra Mundial, de 1914-1919, el estado mayor alemán se encontró entre la Rusia del zar al Este y las potencias aliadas al Oeste. Era una encerrona. El estado mayor alemán introdujo entonces en Rusia un tren blindado con Lenin y sus conspiradores adentro. Como consecuencia de esta estratagema, Lenin derrocó al zar y, acto seguido, pidió la paz por separado con Alemania. El estado mayor alemán tuvo éxito al disolver el movimiento de pinzas que lo envolvía, pero tuvo éxito sólo en el corto plazo porque en 1945, al fin de la Segunda Guerra Mundial, las tropas soviéticas, herederas de Lenin, entraron en Berlín. Al introducir a Lenin en Rusia, la decisión del estado mayor alemán había sido racional, porque logró su objetivo inmediato, pero lo que no pudieron prever los generales alemanes fue que esta decisión, favorable en el corto plazo, se volvería contra su nación en el largo plazo. Esta anécdota se narra aún hoy como un ejemplo clásico de lo que Max Weber llamó las consecuencias no queridas de la historia, ya que aun el estratega más racional no puede prever lo que ocurrirá más tarde, cuando la historia quede más allá de su horizonte.

Incluso el operador más previsor navega, a su pesar, en el ancho mar de la imprevisión. ¿Se puede aplicar esta paradoja a la Argentina actual? ¿Es lógico aplicarla, por ejemplo, a las acciones de Guillermo Moreno? Concentrar el análisis en él es pertinente por la soledad del poder en que se encuentra Cristina Kirchner. Situada sin compañía en la cima del poder, ¿en quién podría confiar la Presidenta? Pudo pensarse que su hombre de confianza sería el vicepresidente Amado Boudou. Esta hipótesis se ha visto debilitada por diversas razones. Una de ellas reside en el hecho de que la imagen de Boudou se ha nublado por las sospechas que acarrea la actuación de un presunto testaferro en el escándalo de Ciccone Calcográfica. Otra se apoya en la frívola manera como el propio Boudou respondió a las sospechas, con cánticos y guitarra incluidos. La tercera reside en la animadversión que le habría tomado el celoso guardián de la intimidad presidencial, Máximo Kirchner. Pese al cuidado que ha tenido el propio Boudou "frivolizándose" para pasar por irrelevante, su supuesto descenso en la consideración de Cristina desde el momento en que ella lo llamó públicamente "el concheto de Puerto Madero" anula uno de los mecanismos posibles de la sucesión: que Boudou fuera candidato a la presidencia por los cuatro años que le quedarían en 2015-2019, para que después pudiera volver Cristina por ocho años más, sin necesidad de reformar la Constitución. Eliminado entonces Boudou, ¿quién queda? Queda Moreno.

Intenciones y resultados

La primera razón por la cual Moreno se ha convertido en el hombre de confianza de Cristina es que es un soldado que cumple sin chistar sus instrucciones. La segunda es su activismo inagotable. La tercera parece ser que no sólo cumple las decisiones presidenciales sino que además influye en ellas. Pero en Moreno se dan, con mucha mayor velocidad que en el caso alemán, agudas contradicciones entre lo que pretende y lo que verdaderamente pasa.

Tomemos dos ejemplos, entre otros, de estas contradicciones. Un caballito de batalla de Moreno ha sido su embestida contra el mercado de cambios. Aparentemente, un éxito que sorprendió a los observadores. ¿Puede calificarse sin embargo como un "éxito" la fuga de capitales de 21.504 millones de dólares que se registró en 2011, una sangría superior en casi un 90 por ciento a la de 2010? Si pese al espectacular cerrojo que le impuso el Gobierno bajo la conducción de Moreno a la fuga de dólares, ésta se ha duplicado. ¿No es su gestión un ejemplo categórico de la inmensa distancia que puede haber entre las intenciones y los resultados?

El segundo ejemplo que hay que mencionar afecta gravemente a la producción nacional. Moreno ha asfixiado, para todos los efectos prácticos, las importaciones. Se dirá que lo hizo para proteger a la industria nacional, pero una alta proporción de lo que llamamos "industria nacional" es de origen importado. Al cerrar la economía, Moreno "desprotege" a la industria nacional que dice "proteger", privándola de los insumos que necesita desesperadamente porque no anula solamente a los bienes "terminados" que supuestamente podría sustituir la producción local sino también a los vitales elementos externos sin los cuales eso que llamamos "industria nacional", y que en muchos casos podría denominarse "armado nacional de partes importadas", dejaría de funcionar. Véase lo que ha pasado con YPF que, habiendo dejado de ser una empresa "amiga" del Gobierno para convertirse en su "enemiga", ahora arguye que, sin el auxilio de esos vitales ingredientes importados ya no nos puede ofrecernos el petróleo que necesitamos.

Cuando embistió en 2008 contra el campo, la Presidenta lo hizo en nombre de "la mesa de los argentinos". ¿Previó acaso que esa "mesa" ya no contaría con la oferta de carne y de pan con la que ayer contaba, lo cual ha hecho entrar en crisis, de paso, a la industria frigorífica? Moreno, ante estas consecuencias no previstas que hoy están a la vista de todos, ¿ha revisado acaso su modo de actuar?

El desarrollo o el control

La política de Moreno sería enteramente "irracional" si su objetivo fuera el desarrollo de nuestra economía. Aquí late sin embargo una contradicción de otro orden, si se quiere filosófico, entre lo que se busca y lo que se obtiene o, con otras palabras, entre el concepto de desarrollo y el concepto de control. El Gobierno se ufana por las altas tasas de crecimiento que lo han beneficiado en los últimos años. Este crecimiento, ¿es producto de una estrategia deliberada o de una extraordinaria coyuntura internacional? Si el Gobierno hubiera creído que sólo resulta de una extraordinaria coyuntura internacional, habría actuado con un realismo no exento de humildad, preparándose en los años de "vacas gordas" para los años de "vacas flacas" . Como Moreno y su protectora han creído, al contrario, en la magia del "modelo" que guía sus pasos, también creyeron que, dado el éxito del "modelo", lo único que les quedaba por hacer era asegurar el control del maná que no venía del cielo sino de sus propios méritos.

Como supuso que lo único que le faltaba era controlar lo que lo beneficiaba, al Gobierno no se le volvió evidente el contraste final entre dos ideas opuestas sobre el desarrollo económico. Una de ellas es la advertencia de que, si la prioridad es el desarrollo económico, aceptarlo implica aceptar también que una economía en expansión debida al aluvión de inversiones como tienen Brasil, Chile y Perú pero no nosotros, exige algún aflojamiento en el control de los capitales privados. ¿Es éste, empero, el objetivo del Gobierno? ¿O su verdadero objetivo no es tanto convertir el crecimiento en desarrollo sino solamente asegurar el control total de la economía, ya que cree que el desarrollo vendrá de todos modos? En última instancia, Moreno y el Gobierno prefieren el control al desarrollo, o una economía aunque sea más pequeña a condición de que esté controlada. El resultado estará en poco tiempo a la vista con la desaceleración del crecimiento que ya se insinúa. Si la oposición de fondo es entre el desarrollo económico y el control estatal de la economía, entonces lo que pretende Moreno es un país aunque sea más chico, pero en las manos del Gobierno. Si ésta es su verdadera opción, Moreno y quien lo inspira seguirán adelante hasta que la realidad les diga "basta". Sólo a partir de esta orden cambiará la historia.

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