Las cosas por su nombre

El diario neoyorquino dice que es necesario denominar como una recesión hecha y derecha el estado actual de la economía
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2 de diciembre de 2001  

NUEVA YORK

Para la mayoría de los estadounidenses, la economía es hecho basado en la experiencia, no un asunto de ciencia, de datos o incluso de desempeño del mercado. Tendemos, en el mejor de los casos, a saber sólo que sentimos, y esto nunca es más cierto que en las épocas en que la economía está en auge o en un ciclo declinante.

La Oficina Nacional de Investigación Económica en Cambridge, Massachusetts, actúa como el cartógrafo semioficial de esas épocas de auge y depresión. El lunes pasado anunció que Estados Unidos está "oficialmente" en una recesión que tuvo su inicio en marzo. Esa noticia es como ir al médico para que le digan que los síntomas parecidos a gripe de los que uno ha estado padeciendo son realmente una gripe. La recesión es real. Ahora sabemos por qué se siente como si estuvieramos en una recesión.

Hay suficientes cifras genuinas y tendencias en proceso detrás del juicio de que la economía estadounidense está declinando para justificar que esta contracción económica reciba un nombre.

Pero lo cierto es que la mayoría de los estadounidenses reconocieron la recesión simple y sencillamente por los llamados que se han estado haciendo a su sensibilidad económica. Incluso antes del 11 de septiembre, las noticias estaban repletas de pérdidas de empleo que ascendían a millares y decenas de millares. Era, y es, imposible leer esos artículos de negocios, aun en el caso de su propio empleo esté seguro, sin pensar automáticamente en las historias individuales que se ocultan detrás de ellas, las vidas y familias que son volteadas de cabeza por la desaparición súbita de un empleo adecuado en una época que la red de seguridad social se ha visto considerablemente reducida.

Sin duda alguna está recesión es tan perceptible como cualquiera de las otras 10 recesiones que se han registrado en Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. En cierta forma, debería ser incluso más agudamente perceptible, porque mide una caída desde lo que fueron alturas en verdad impresionantes.

En tiempos normales esto serían noticias en verdad importantes, la noticia de ocho columnas. Estos días, sin embargo, hay noticias más importantes, y la nota de ocho columnas es una que no es -o no necesariamente es- económica. Según la Oficina Nacional de Investigación Económica, los ataques del 11 de septiembre quizá empeoraron la economía lo suficiente para llevar a Estados Unidos a la recesión, al agudizar las tendencias ya existentes.

Y no obstante, saber que esta recesión se desencadenó al menos parcialmente por causas extrínsicas a los ciclos normales de negocios parece contrarrestar su efecto psicológico. Eso, y el hecho de que el 11 de septiembre dio a los estadounidense algo diferente en qué pensar, algo que les ayudó a enfrentar la situación con más decisión.

Llamar al estado actual de la economía por su nombre correcto le da cierta concreción al humor prevaleciente, que era perceptible incluso en los días frenéticos de la temporada de compras posterior al Día de Acción de Gracias y anterior a Navidad, lo cual es un indicador económico destacado tanto para los detallistas como para la gente de la calle.

Todos los días las noticias nos calan, apelando a nuestra razón y emociones en formas que frecuentemente son contradictorias. La idea de una recesión es sólo un acorde en una armonía -o disonancia- compleja, que cada uno de nosotros produce. Es tranqulizador pensar que la mayoría de las recesiones recientes han durado un poco menos de un año, lo que significa que ya llevamos recorrida una buena parte de ésta.

Sólo podemos esperar con ansiedad el próximo anuncio de los economistas de Cambridge, para confirmar las buenas noticias que ya hemos estado sintiendo.

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