Las dudas y las escasas certezas de la política exterior argentina

Javier Fuego Simondet
Javier Fuego Simondet PARA LA NACION
Tras la apertura al mundo que intentó la gestión de Macri, el nuevo gobierno parece concentrar su atención en la deuda y aún no ha definido un rumbo; cuatro expertos analizan los desafíos a enfrentar
Juan Gabriel Tokatlian, María Lourdes Puente Olivera, Patricio Carmody y Federico Merke, reunidos por LA NACION
Juan Gabriel Tokatlian, María Lourdes Puente Olivera, Patricio Carmody y Federico Merke, reunidos por LA NACION Crédito: Santiago Filipuzzi
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14 de marzo de 2020  

¿Qué vínculo con el mundo tendrá la Argentina con el Frente de Todos en el poder? ¿Cómo se posicionará el país en la región en esta etapa?

En diciembre, la Argentina dio un giro político que abrió un nuevo período histórico bajo el dominio del Partido Justicialista. El volantazo de las urnas en las últimas elecciones dejó en el pasado a la coalición Juntos por el Cambio, liderada por Mauricio Macri, para darle paso a otra alianza encabezada por Alberto Fernández, con la expresidenta Cristina Kirchner como vicepresidenta y estratega del nuevo triunfo peronista. Más allá de las indefiniciones que persisten, el cambio de rumbo ha puesto de manifiesto las señales distintivas del flamante gobierno, que encara su gestión con una mirada contrapuesta a la del macrismo. Las medidas de sus primeros tres meses en el poder así lo demuestran. En medio de esta reconfiguración, la política internacional argentina también muestra algunos primeros signos de diferenciación con la etapa previa, en lo que fue un caballito de batalla del expresidente Macri.

El frente externo presenta serios desafíos para la Argentina y su nuevo gobierno. Algunos de ellos urgentes, como la renegociación de la deuda externa y el vínculo con Brasil. Y todo en un mundo marcado por la expansión del coronavirus y la caída de los mercados -y del precio del petróleo- a causa de la epidemia, lo que sin duda impactará en nuestro país. Cuatro especialistas en relaciones internacionales debatieron ante LA NACION sobre el futuro de la política exterior argentina. Se trata de Juan Gabriel Tokatlian, vicerrector de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT); María Lourdes Puente Olivera, directora de la Escuela de Política y Gobierno de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Argentina (UCA); Patricio Carmody, miembro consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y del Cippec, y Federico Merke, director de la maestría en Política y Economía Internacionales de la Universidad de San Andrés (Udesa).

LA NACION - ¿Qué balance hacen de la política internacional que impulsó el gobierno de Mauricio Macri?

Juan Gabriel Tokatlian Partió de un diagnóstico excesivamente ingenuo sobre el estado del mundo. Se trazaron una serie de objetivos de difícil consecución y se procuró tener una relación estrecha con Occidente, en la presunción de que Occidente no había cambiado y que el mundo no estaba en una circunstancia de alta volatilidad. Se supuso que iba a haber una lluvia de dólares y se terminó en el empantanamiento de la deuda. Respecto de la región, había un contexto muy favorable, porque la mayoría de los gobiernos de América Latina se reperfilaban hacia el centroderecha. Pero tampoco hubo logros de peso, como podría haber sido una salida política viable para Venezuela. En el camino, se destruyó Unasur. La cercanía con Washington fue elocuente, pero eso no evitó los aranceles a los biocombustibles ni al acero. Sin embargo, hubo logros que pasaron por fuera del radar. Fue importante la visita que Macri hizo a la India. Y el hecho de que se planteara una revisión de la relación comercial y financiera con Rusia y China, y se los buscara nuevamente. Es un signo de haber entendido que el juego estaba cambiando.

María Lourdes Puente Olivera - La mirada del mundo fue, además de un poco ingenua, antigua. Tampoco hubo claridad en el rumbo. Abrirse al mundo no es un objetivo, un interés nacional. Uno se abre con un objetivo. Creo que el déficit más grande fue la vinculación en la región. Había que actualizar el Mercosur y Unasur. Haber abandonado el barrio es una de las fallas más grandes. Se pecó de voluntarismo. La oportunidad de hacer algo concreto existía, incluso desde lo ideológico y, sin embargo, se prefirió jugar en ligas donde no éramos nadie.

Patricio Carmody - Lo positivo es la cantidad de energía que se puso en comunicarse con el mundo. Esa vocación existió, creo que faltó una claridad de rumbo a lo largo de los cuatro años. Con [la excanciller Susana Malcorra se hablaba de trabajar con todos. Esta idea de horizontes diversos, de trabajar con potencias establecidas, emergentes y el exterior próximo no se dio en los hechos. El foco estuvo en las potencias establecidas. Cuando se quisieron dar cuenta, ya era tarde. Lo de la India fue casi al final. Hubo momentos de gran prestigio e impacto. El G20 fue un ejercicio interesante para todo el cuerpo diplomático y los profesionales. Y sí, hubo ingenuidad sobre el estado del mundo. La contribución para el desarrollo fue muy poca. La gente que lideraba la política exterior desactivó la idea de contribución al desarrollo.

Federico Merke - Patricio hablaba de la vocación. Hubo vocación internacional, pero no hubo una política exterior articulada con esa vocación. Uno de los motivos tiene relación con un defecto que se repite y es sobreestimar el impacto que la política exterior puede tener en el corto plazo. Un gobierno que llega al poder emite señales rápidas y espera respuestas rápidas. En este caso, la lluvia de inversiones. Y afuera nadie te cree. El otro elemento, que se fue haciendo visible a medida que pasaba el tiempo, es que uno puede tener una muy buena política exterior, pero si tiene una muy mala política económica no hay viabilidad. Lo peor de la política exterior de Macri fue su política económica.

LN - Fernández habló del Mercosur en su discurso ante la Asamblea Legislativa. ¿Qué futuro ven para la Argentina en el Mercosur, de acuerdo a las primeras señales del Gobierno, y qué pasará con el acuerdo entre el bloque regional y la Unión Europea?

PC - Lo más crítico es la relación con Brasil. Un gran desafío es cómo tratar con una dirigencia brasileña que sabe lo que quiere hacer y que tiene bastante nivel. A quién vamos a mandar a hablar con esta gente que sabe adónde quiere ir y está muy decidida. Por un lado, tenés la visión económica de Paulo Guedes [ministro de Economía brasileño], que es muy clara: bajar el déficit fiscal, las tasas de interés y los impuestos, abaratar el costo de la energía para que los industriales puedan competir a nivel mundial. Por otro lado, está la parte militar. La parte estratégica de Brasil está en manos de los militares, de gente como Hamilton Mourão [vicepresidente brasileño]. Cuando tengamos que negociar y empecemos a versear de vuelta, mi miedo es que la paciencia estratégica brasileña se termine y se vayan.

FM - A veces, en los medios aparece el problema entre la Argentina y Brasil como un tema ideológico personal entre Alberto Fernández y Jair Bolsonaro. Tengo la sensación de que no es tan fácil y de que, debajo de esa primera cara, hay un cambio en las preferencias políticas, comerciales, estratégicas de Brasil. Hay un intento de llevar a Brasil en otra dirección, en la que no está claro que la Argentina quiera ir. Entonces, el desafío no es solo limar diferencias de ideas y personalidades entre los líderes, sino también volver a discutir con Brasil cuál es el sentido de cooperar y cuáles son los costos de no cooperar. Tienen bastante más claro que quieren firmar con la Unión Europea y que eso llevará a firmar acuerdos con otros países como Estados Unidos o China, con o sin la Argentina. Hay una percepción creciente de que la Argentina importa menos para Brasil, y de que el Mercosur ya tiene rendimientos decrecientes y por lo tanto hay que buscar otros frentes, y para eso hay que flexibilizar el Mercosur. En materia de la relación con Estados Unidos, la agenda de Bolsonaro está mucho más alineada con la de Trump. Yendo a lo más inmediato, está el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Mi sensación es que este debate no es fácil en Europa tampoco. Hoy el grueso de la política exterior argentina no pasa por Cancillería sino por Martín Guzmán y tiene que ver con la renegociación de la deuda. Creo que ese es hoy el punto central de la inserción internacional y tengo la sensación de que hasta que eso no se defina va a ser difícil encarar una discusión seria acerca del acuerdo Mercosur-Unión Europea.

MLP - Agregaría, además, que en la política exterior está pesando también el equilibrio que está haciendo hacia adentro la coalición. Hay un juego de las sillas en el que se van loteando los espacios para toda la coalición, y eso está permeando la política exterior y la Cancillería. Soy fanática ferviente de la postura de que es con Brasil o no es. Y tengo la misma preocupación. Brasil está cambiando muchísimo. Nunca antes los militares brasileños hubieran permitido que los militares norteamericanos hicieran ejercicios en la Amazonia. Es un cambio rotundo que la Argentina no está analizando y que va a condicionar mucho la vinculación. Si con Estados Unidos siempre tuvimos un beneplácito fue porque los brasileños eran una incógnita. En lo nuclear y otros temas, la Argentina jugó un rol muy fuerte, y nos perdonaban cosas porque nos necesitaban para controlar a Brasil.

FM - El ADN del modelo brasileño era una alianza muy fuerte entre desarrollistas y militares. Los militares eran desarrollistas porque el promedio de la elite era desarrollista. Ese ADN se está transformando, hay militares aliados con liberales.

MLP - Me preocupa que nuestra reacción contra el liberalismo de Bolsonaro no sea en clave siglo XXI, sino mirando hacia atrás. Porque ellos están en el siglo XXI, en una clave en la que nosotros no creemos, que no está en nuestro ADN, a la que le respondemos con el Perón del 45 o con categorías que no sirven para el momento actual.

LN - ¿EL país sigue enredado en categorías perimidas?

JGT - La Argentina tuvo tres experiencias de modernización a la fuerza. Una, la del 76, bajo un gobierno autoritario: había que modernizarse, abrirse al mundo, había que recibir las finanzas, la industria era cada vez más irrelevante y tuvimos una dictadura dramática. Llegó Menem y fue otro proyecto de modernización: apertura, liberalización, privatización. Y terminamos en el 2001 y 2002. Y llegó Macri con un tercer intento de modernización, por fuera de los militares y del peronismo, y terminamos en esta catástrofe. Brasil no tuvo una dictadura tan sanguinaria como la nuestra y nunca abrió su economía como la Argentina. Por estas tres memorias históricas que tenemos, es muy difícil para un gobierno argentino decir "abramos totalmente la economía". Pero, además de la deuda, nuestra urgencia y prioridad es Brasil. Hay que pensar esa relación por fuera de los canales institucionales y gubernamentales, en esto que llamo la diplomacia ciudadana. Necesitamos contrapartes en Brasil en lo científico, empresarial, tercer sector, partidos políticos. Y en América del Sur no hay liderazgo. Esto nos obligará a pensar otra vez el Mercosur.

MLP - Coincido completamente. Hay un montón de lugares a los que podemos ir con Brasil, además de ir copando la agenda desde lo bilateral. Y es desde el Mercosur, ya nadie cree en organizaciones nuevas.

FM - Mi sensación es que el Gobierno debería estar pensando el tiempo dos. Un tiempo dos es el de la Argentina en default , y otro tiempo dos, más positivo, es una renegociación de la deuda. En ese tiempo dos, el primer elemento es Brasil. El tiempo dos es Brasil, la Unión Europea, el Mercosur y China.

LN - Por fuera de la gestión de la deuda, ¿qué otras características ven en los primeros gestos de Fernández sobre política internacional?

FM - El Presidente ha hablado poco de política exterior. Y lo que dijo me pareció muy formal y muy viejo: la Argentina es la defensa, la paz internacional, el derecho internacional, el multilateralismo. Eso lo decía Carlos Saavedra Lamas en la Guerra del Chaco. No digo que la Argentina no tiene que ser multilateral y que no debe estar con el derecho y la paz internacional, pero la realidad es que el mundo no espera que el país contribuya en algo con la paz y la seguridad internacional, por ejemplo.

PC - Veo cosas interesantes en este tiempo uno de la deuda. Hay dos efectos que se están aprovechando. Uno es el efecto [Joseph] Stiglitz. Ese hombre diciendo que el FMI se equivocó y que hay que buscar una negociación de la deuda del 30% es una presión muy fuerte en el mercado financiero. Y que lo diga el FMI es un cambio revolucionario. Muy distinto de que Cristina Kirchner diga que quiere una baja en los pagos al FMI. La segundo que están aprovechando es el papa Francisco, que Macri no aprovechó. Tener al Papa, a Stiglitz, a Kristalina [Georgieva, directora del FMI] y a Jeffrey Sachs, y a Guzmán en el medio de ellos, fue espectacular [se refiere al seminario organizado por el Vaticano a principios de febrero].

JGT - No ha llegado ni a los cien días, pero se puede atisbar algo. La política exterior de este gobierno es y será por un buen tiempo la política exterior del desfiladero. Por definición, no puede ser sino una política exterior muy modesta. Pero eso no creo que signifique ausencia de objetivos. Por otro lado, también me da la impresión de que hay una serie de señales mucho más occidentalistas de lo que se esperaba. Si uno mira los viajes, los escasos discursos, esto tiene que ver con la deuda. Cuando uno tiene una deuda así es muy difícil tener una política exterior. Tiene razón Federico cuando dice quiénes vendrán en el "momento dos". Yo diría que en el momento dos seguiremos cerca de Occidente. Insistiría en que Brasil debe ir ya al centro de nuestra agenda. Creo que enviar a un excanciller a Chile [el embajador Rafael Bielsa] y un exvicepresidente a Perú [el embajador Carlos "Chacho" Álvarez] tiene que ver con Brasil, con buscar mecanismos de compensación regional y recuperar una voz audible en otras capitales.

FM - Destacaría las designaciones de Daniel Scioli y Jorge Argüello en Brasil y Estados Unidos, dos de los países más importantes para la Argentina. Si bien tienen trayectorias distintas, los dos son componedores.

MLP - Me parece interesantísima la reacción de la sociedad ante la posibilidad del quiebre con Brasil. En todos los grupos políticos hubo una reacción de "no podemos romper". En la academia, entre los industriales.

PC - Brasil se transformó totalmente. Las autopistas van del sur al norte, partes de Brasilia que eran abandonadas están todas sembradas con azúcar. Un cambio estructuralmente muy fuerte y nosotros no lo hemos hecho. Me preocupa que estamos mandando figuras, lo que sería el hardware , pero no sabemos el software , de qué van a hablar.

JGT - Hay asuntos que van a exigir algún nivel de diálogo con Brasil. No creo que se pueda hacer algo por una salida política, negociada y pacífica en Venezuela sin Brasil. Hay que contemplar el tema del Atlántico Sur y la Antártida, ver qué podemos hacer conjuntamente con Brasil.

LN - ¿Se puede pensar que la tensión entre el albertismo y el kirchnerismo duro puede influir en nuestra política exterior? ¿La figura de Cristina puede llegar a opacar al Presidente en la percepción internacional?

FM - Asumiendo que hay dos grupos, uno más cercano al kirchnerismo de Cristina y otro del panperonismo que sigue a Alberto Fernández, uno podría decir que el primer grupo tiene una narrativa crítica de la globalización, de Estados Unidos, proteccionista, menos cerca del sector productivo y más cerca de los movimientos sociales. El otro grupo es más heterodoxo, más pragmático, cree en la necesidad de reformas. Mi sensación es que en este momento la inserción internacional está más controlada por este grupo cercano a Alberto, ya sea por el lado de Economía, con Martín Guzmán, o Cancillería, vía Felipe Solá. El grupo dos lo veo más interesado en el armado político interno, la Justicia y los temas de desarrollo social. Mientras haya una especie de división de tareas, creo que es posible esa convivencia en la coalición.

PC - Volviendo al tema del equilibrio, hay ejemplos interesantes, como en el caso de Evo Morales. El apoyo al partido pero no a su reelección me pareció algo sabio. También se dio con Venezuela; el apoyo a [Nicolás] Maduro es ambiguo. Para mí, el segundo tema importante después de Brasil es el equilibrio entre Estados Unidos y China.

JGT - De eso aún no vimos nada.

PC - Yo veo señales. La gente que han puesto en [el área de] Negociaciones Internacionales es pro China. Aunque es temprano, es probable que tengan alguna atención mayor hacia potencias emergentes. Entre los cuatro destinos más importantes en exportaciones del año pasado están India, Indonesia, Vietnam y China.

MLP - Las oportunidades que hay en África son tremendas, también. Hay un rescate que hago de algo que dijo Juan Gabriel sobre las coaliciones. La coalición tiene que tener victorias, pues el destino de todos depende de que les vaya bien y eso los condiciona. Si les va mal, ¿qué viene? El destino común es lo que los une.

JGT - Desde el advenimiento de la democracia en el 83 tuvimos tres experiencias exitosas de coaliciones electorales. La Alianza fue un ejemplo exitosísimo de una coalición electoral en las urnas. ¿Se pudo convertir en coalición de gobierno? No. Segundo éxito, Cambiemos. ¿Se pudo convertir en una coalición de gobierno? No. En ambos casos, terminamos muy mal. Me parece que el Frente de Todos fue un éxito electoral como coalición; el gran desafío es si puede convertirse en una coalición de gobierno. Los incentivos para preservar la coalición de gobierno siguen siendo altos, pero los desafíos que habrá para testearlos van a venir de la política interna, no de la política internacional. En la Argentina, la política internacional siempre la maneja el Presidente.

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